31 de diciembre de 2012

Igual y distinto: elogio sentimental de los seriales


SERIALES era el nombre que recibían  en la radio las series, cuyo precedente fueron los folletines del siglo XIX, hasta dar en la versión melodramática actual de las telenovelas. 

Pasadomañana habrá acabado un año. Ha sido y no ha sido igual al anterior. Dentro de algún tiempo puede que nos cueste recordarlo y distinguirlo de otros, si en él no sucedió nada singular relacionado con nuestra vida. Y por esa razón podríamos decir que la de todos es una serie o un serial. Los castizos lo resumen así: “Es igual, pero no es lo mismo”, lo que no deja de ser subyugante. Disculpen los lectores que ya nos la hayan oído repetir tantas veces. La frase es de Galdós: “Por dondequiera el hombre vaya lleva consigo su novela”. Lleva consigo su serial, diríamos nosotros, su serie. No lo duden: esa es la razón del éxito de las novelas, de los seriales, de las series televisivas, y eso desde épocas remotas: los barcos que hacían la derrota del Atlántico se detenían en alta mar para pedir y darse noticias de las novelas que Dickens estaba publicando en ese momento por entregas en Londres. Nos fascinan, sí, las series por lo que tienen de igual y distinto, con su oleaje hipnótico ante el azar: sabemos que en cualquier momento todo puede cambiar y la vida dar un vuelco inesperado. De hecho las grandes series se basan en esos cambios que una vez producidos hacen de la ficción algo con sentido. Nos decimos: no podía haber ocurrido de otro modo, ayudándonos la ficción a descubrir la lógica de lo que no la tiene.

Hemos dedicado algunas tardes invernales a ver todos y cada uno de los capítulos de las cinco temporadas de una serie célebre, The Wire (Las escuchas): el mundo más degradado de la droga, el crimen y el contrabando en la ciudad de Baltimore, los policías que los combaten y los políticos y periodistas que  sacan provecho de ello, no siempre de un modo escrupuloso. A diferencia de la no menos célebre Los Soprano, en la que no sale un solo personaje al que no quisiéramos ver lejos de nosotros, en esta se nos dice algo no por sabido menos importante: la vida no es blanco o negro, todos vivimos en una extensa zona gris, campo de cultivo de las pasiones humanas. Como en las más desoladoras novelas de Dickens, hay en Las escuchas gentes que pese a todo lo que están obligados a vivir no levantarían un falso testimonio contra la vida, personas de las que nos fiamos, en las que confiaríamos, a las que tenderíamos nuestra mano. A otras, en cambio, las sevicias que inflingen o padecen les han envilecido tanto que han hecho de la crueldad su religión: quieren ser leyenda, o sea ficción, y  no dudan para ello en matar a alguien en cuanto pueden sostener una pistola, con diez o doce años, víctimas tanto o más que de su miseria, de la épica o de la ficción predilecta del siglo XX: hay que ser un tipo duro, no sólo para sobrevivir, sino por estética. Algo así como una estética sin ética, sin afectos. Lo demás es real como la vida misma: igual y distinto. Si no la han visto y están en condiciones de comprarla, cosa harto problemática en los tiempos que corren, háganlo. ¿Que no? Siempre están a tiempo de atracar un banco, y regalársela. Habrán matado dos pájaros de un tiro. Quién sabe si este año no lo recordarán como el año en que vieron el serial de Las escuchas (preceptiva la versión original subtitulada).
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 30 de diciembre de 2012]

5 comentarios:

  1. Cuánto talento se esconde detrás de esos guionistas anónimos que en realidad son los grandes creadores del sueño. No tienen cara ni sabemos su nombre, solo trascienden los actores y si acaso el director.
    Y ahora la segunda reflexión: en cuántos órdenes de la vida los verdaderos protagonistas son unos desconocidos porque determinados intereses los postergan. Se consume su producto y si gusta solo se retiene la marca.
    Y aunque lo ignore todo de las sevillanas creo que se dice que le toca el turno a la tercera. Ahí va: Que a lo largo del año que va a empezar procuremos mantenernos optimistas para transmitir esperanza a quienes nos rodean. La amargura hay que evitarla porque es como ese primer desprendimiento de nieve que genera otros y otros más hasta convertirse en un alud imparable.
    Vaya todo mi afecto para este grupo.

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  2. Atracar bancos ya no resulta rentable , apenas hay dinero en caja y ya no hay tipos duros como en los 80 y que tan bien describieron Saura , Calpasoro o Urbizu entre otros , los de hoy son de tatuajes y pendiente aunque nos han llegado gánsters muy sanguinarios como los tigres de Arkan que cometieron un magnicidio en Belgrado , son asesinos en serie a los que el " arrepentido " detenido por múltiples asesinatos en Serbia acusa de canibalismo según leí .
    Una serie que se ajusta a la realidad es Boarwalk Empíre , además han logrado una caracterización de los personajes muy atinada , nunca hubo en una serie un actor que es un número 1 para muchos como Steve Buscemi y un director de la talla de Scorsese , salvo David Lynch que con Twin Peaks hizo la mejor y más celebre serie de la historia .

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  3. Con tiempo para todo, "gum time". Tardes y tardes de inviernos enteros ―"and summertime, more of the same"― en su Dallas extremeño, ¿plantando viñas y escribiendo? Cuidando perros y viendo series y series USA (VOSE). ¿AT? No, JR. Pero sus negros se le rebelarán este año 13; los de sus plantaciones y los que deja trabajando en Madrid. "Happy new year!".

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  4. Aprovechando el último cartucho del año, me gustaría hacerle dos preguntas, señor Trapiello:

    Cree usted que The wire está a la altura de las grandes novelas de la historia?

    No son las series de tv uno de los mejores medios de que disponemos para introducir a los más jóvenes en el encantamiento y valores de lo narrativo?

    Gracias.
    Feliz año nuevo!
    Juanma

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  5. Yo la vi el año pasado, y sí, creo que voy a recordar ese año como el año que vi The wire. Por cierto, como alternativa a dejarse los dineros y a la piratería, están las bibliotecas. Yo tuve la suerte de encontrar la serie en una biblioteca cercana; animo a todo el mundo a que, la próxima vez que vaya, le eche un vistazo al estante de dvds. Si está por allí The wire, habrá encontrado una joya comparable a muchas de las joyas de los otros estantes.

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