21 de febrero de 2014

Niño en un carro de heno


NIÑO EN UN CARRO DE HENO


                          I
Después de tantos años me ha subido
a aquel carro un recuerdo de la infancia.
No me puedo explicar que su fragancia
a verdes nuevos y al azul florido

se hubiese evaporado. ¿Qué habré sido
de mí? ¿Cómo he vivido en la ignorancia
de aquella plenitud? ¿A qué distancia
se encuentra mi mañana del olvido?

No digas nada. Inesperadamente
has vuelto a revivir aquella escena
y con ella también todo el ayer.

Y del ayer bebiste en esa fuente
un agua tan castalia, fresca y buena
que de ninguna más quieres saber.


                           II
Los inviernos en mi tierra natal, al menos durante mi infancia, solían ser, o así los recuerdo yo al menos, rigurosos, sombríos y prolongados, de modo que cuando llegaba la primavera las gentes, principalmente del campo, parecían contagiarse del azul del cielo y del canto desaforado de los pájaros. De un día para otro, los aleros de las casas y pajares cobraban vida gracias a las golondrinas y vencejos y no había árbol, prado ni palera que no se vistiera con los verdes más audaces y nuevos. La hierba crecía en muy pocas semanas en los valles y en las faldas de los montes, y en muy pocas semanas también se segaba y se dejaba secar al sol sobre la tierra. Se hacía esta labor con guadañas que en brazos expertos tenían un valseo cadencioso y medido. Seca ya la hierba, el heno, se armaban los carros a los que se colocaban ciertos varales o costanas con que aumentar la carga, y se uncía a ellos una yugada de bueyes o de vacas. La tarea de recoger la hierba de los prados y meterla en los pajares era un trabajo arduo, pero no para los chicos, que asistían a él con indecible gozo: sus juegos despertaban de la hierba olores delicadísimos y tan embriagadores a miel, a mosto, a espliego, que se me quedan cortas todas las palabras. Qué vuelcos, que sonámbulos aleos los de las abejas, apuradísimas a todas horas, qué contrapunto el de los pájaros, qué tépida brisa, cuánta euforia en todo y en todos. Cuando el carro quedaba colmado de hierba, más allá incluso de lo que parecía razonable, llegaba el que era un momento solemne, aquel en el que un hombre tomaba en brazos al niño, a los más chicos, y los subía a lo cimero del carro. Ningún rey fue nunca tan dichoso, ninguno miró el mundo desde un trono más egregio. Recuerdo haber vivido los regresos, al paso soñoliento y atentado de las vacas, con una seriedad e intensidad indescriptibles. No tanto por el temor a caer desde allá arriba, como por saber que el trayecto de vuelta siempre habría de parecerme demasiado corto, y bajarme del carro, algo semejante a la pérdida de un reino. 
El recuerdo de uno de aquellos días ha venido a mí de pronto, nacido de no sé qué profundidades cincuenta años después, y me ha hecho feliz, sin dejar de interrogarme sobre el pasado ("Qué habré sido de mí"). Si me he decidido a contar ahora en prosa todo esto es porque buena parte de todo aquello me parece que no ha subido a los versos que la preceden ni traducen toda la emoción que sentí con tal reencuentro. 

(Nota: La foto que los acompaña, encontrada por mí hace años no sé dónde (L. Roisin Foto), formaba parte de uno de esos acordeones postaleros para turistas, y no guarda ninguna relación  con la escena que dio lugar a este poema, pero tiene, me parece a mí, esa rara poesía que procede de mezclar épica (catedral), tragedia (humeros) y lírica (ropa tendida).
                                               (Publicado en Clarín, número 109, enero-febrero 2014)





9 comentarios:

  1. Nada hay tan extraordinario como lo auténtico, lo sencillo. Nada hay tan auténtico ni fácil como el arraigo a la propia tierra. Ninguna patria es tan dichosa como el sol de la infancia, ningún sol tan brillante como el amor de una madre. Enhorabuena por tu soneto, me prestó. http://www.youtube.com/watch?v=TSt1aAnlexY

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  2. Bellísima entrada en la que todo es poesía. Gracias. Victoria

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  3. "se me quedan cortas todas las palabras". Creo que la descripción es evocadora y supongo que estas palabras mas que cortas son precisas, y nos retrotraen a esa infancia perdida, en mi caso al lado de un río y de pronto todos esos matices aparecen y los olores y el color del cielo. Todo un placer para los sentidos y la memoria agradecida. Agradecido.

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  4. Este invierno un tanto atípico si que nos ha trasladado a la niñez ,y el reencuentro con el niño que fuimos es clave para ser más tolerante con los demás y no ser tajantes ni rigurosos . De hecho vivimos en una sociedad donde impera el cinismo y hay que mirar atrás no para adoptar formas del pasado sino generar un nuevo espíritu para el futuro .
    Es un post excelente , impone respeto y cuesta dar por buena una opinión ; esto poco me llevó una hora , me ha dado demasiado de pensar pero es que tiene mucha enjundia , eso es arte y en una buena dosis . Al hilo de Clarín diría Ole y gracias .

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  5. Rememorar la infancia a través de las escogidas palabras de AT.Verse y reconocerse en un espejo que nos lleva por momentos al paraíso no del todo perdido cuando reivindicamos la luz en horas oscuras . Gracias . Victoria.

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  6. Cien músicos buscan mañana en Segovia el Guinness al cantar 24 horas obras del poeta Antonio Machado ( canciones rockeras para un profesor apócrifo ) En el 75 aniversario de su muerte.
    He visto en RTVE a la carta " los mundos sutiles " de Eduardo Chapero Jackson sobre Machado y te llega al corazón , es un escritor muy poderoso .
    Pongo dos fragmentos entrecortados de este genio para comentar el post :
    El hombre es una degeneración del niño
    Las armas de la cultura son las armas del amor.


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  7. Qué fue de ti: libre de la paja del Bosco, dónde estará tu carro.

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  8. José María Bergés22 de febrero de 2014, 18:36

    "Estos días azules y este sol de la infancia"

    Es la infancia misma el sol que con su recuerdo viene a calentarnos en los momentos en que sentimos el ánimo destemplado. Nuestra infancia y la de los niños que cerca nuestro van haciendo lo que con el tiempo serán recuerdos suyos. Y nuestros, porque nos es dado vivir con ellos más de una infancia.
    También:

    "trust the feel of what nubbed treasure
    your hands have known"

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