4 de febrero de 2014

Trabajar para ser pobre (A propósito del Greco y el Rastro) (1)

HACE unos meses nos pidió Adolfo García Ortega a unos cuantos escritores y con el fin de formar un volumen con todos estos relatos, uno sobre una pintura del Greco, la que a cada cual le tocó en suerte. Y cada cual ha hecho lo que ha creído mejor, ficción, ensayo, crónica,  bien en estado puro, bien mestizo. Lunwerg acaba de publicar el volumen, dentro de los festejos que se le hacen al pintor cretense en el cuarto centenario de su muerte.
En un primer momento pensé que se me asignaba a mí el paisaje del Metropolitan con toda la intención, por conocer ya parte de lo que aquí se cuenta, ya que de ello he hablado en bastantes ocasiones y escrito en algunas. Que fuese fruto del azar (naturalmente no tenían la menor idea mi hallazgo, porque hallazgo fue), hace de ello algo aún más extraordinario, en lo que no voy a insistir, porque de ahí a la ufología, un paso.
Dada su extensión, mi relato, cuyo título figura en la cabecera, se publicará en este almanaque a lo largo de esta semana.
* * *
“VER la verdad por la óptica del artista, pero el arte por la óptica de la vida” decía Nietzsche. Me he acordado ahora de ello a propósito del Greco y de ese extraño paisaje suyo de Toledo que se conserva en el Metropolitan, adonde llegó en 1929 por donación de los hijos de Mr. H.O. Havemeyer, el coleccionista americano que se lo compró a la condesa de Añover y Castañeda, quien lo había recibido a su vez por herencia del antepasado que se hizo con él en la testamentaría de Pedro Salazar de Mendoza, amigo del Greco y coleccionista también de mapas y vistas de ciudades.



No hay pintura ni obra de arte que no tenga detrás una historia, que no arrastre tras de sí, como en la célebre imagen del cesto de cerezas, otras muchas historias. Raro sería que a partir de esta no pudiéramos indagar en la vida de un puñado de personas. ¿Con qué fin? No sólo por un propósito de entretenimiento, desde luego. Aunque lo dijera Baroja, lo importante no es pasar el rato, aunque tampoco venga mal esto. En cualquier tiempo pasado estaba ya el nuestro, del nuestro hablará mejor que nosotros lo que hayamos hecho.


Cuando empezamos a frecuentar el Rastro, en los años setenta del siglo pasado, aún seguían circulando algunas leyendas a propósito de cuadros del Greco, porque siempre había alguien que decía recordar a alguien que aseguraba haber conocido a un chamarilero que presumía de haber descubierto y comprado o vendido en el Rastro un greco por cifras fabulosas, fabulosamente pequeñas, si se trataba de una compra, o fabulosamente grandes, si lo había vendido. Y que apareciera en el Rastro de Madrid tenía su lógica, redoblando la verosimilitud del relato, porque al Rastro acuden cada domingo una docena de gitanos vecinos de Illescas, Talavera o Toledo a vender sus antigüedades y trastos viejos, es decir, gentes oriundas del territorio grequiano por excelencia, pues como es sabido el Greco realizó la práctica totalidad de su obra para iglesias y conventos toledanos, o por encargo de nobles y gentes principales de esa provincia.

Las pautas de estas leyendas suelen tener todas un mismo registro: un cuadro propiedad de tal o cual familia venida a menos, unas monjas que se lo quitaron de encima, porque no les gustaba, un cura que, también sin conocer su verdadero valor, lo había vendido para obrar en la sacristía, acaso un cuadro que, expoliado durante la guerra civil, había permanecido en paradero desconocido…
                                                                           (Continuará mañana)


Narrando desde El Greco. Editor Adolfo García Ortega. Lunwerg, Madrid, 2014.



3 comentarios:

  1. Tras la más difícil rima (pan y alacrán, geco y Greco). Qué gran zumo de poesía.

    (Para mí, salamanquesa).

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  2. Como se alude a Baroja creo que en su obra "Silvestre Paradox" habla en ocasiones del Greco y de su presencia en el Rastro madrileño. En el pasaje donde los hermanos Labrata (Los baroja, Ricardo y Pío) hablan con D. Silvestre de la desastrada España que les toca vivir y cuentan esta anécdota al inventor del primer submarino español, botado en una charca de los altos del observatorio de Madrid.

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  3. Es una buena historia y el Greco es un pintor que no estaba valorado y digo estaba porqué una tablita de 63 x 76 cm. arrancó con 1 millón de € en una subasta de Sotheby's y se vendió por 4 . He mirado las dimensiones del entierro del conde de Orgaz y son

    de 4'8 x 3'6 metros ( 40 veces mayor superficie que la tablita ) por
    lo que se podría estimar que se pagarían por él 160 Millones de € o más si se calienta la subasta .

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