13 de octubre de 2012

Orgullo e identidad

UNA vez más fue El Roto, en su viñeta de ayer, quien parece haber dado en el clavo con el menor número de palabras. Pero no todos querrán entender lo que se dice en ella, aunque lo entiendan hasta los niños.
Pensando en Félix Ovejero, que la colgó a primera hora, y sobre todo en Eça de Queiroz, que a la pregunta de "¿Es usted español?" que le hizo una dama inglesa a la que respondió "Peor, señora, portugués", le puse a aquél unas variaciones al tema de El Roto: "Abuela, a mí me da vergüenza ser de cualquier sitio, porque soy feliz siendo de todas partes, incluida Cataluña", respuesta que podrá adaptarse a conveniencia, como esos llaveros que llevan el nombre de nuestra ciudad. Por ejemplo, yo he sido feliz incluso en León. 
Hace unas horas nos envió nuestro amigo una carta a propósito de estos asuntos. Carta que la entienden también hasta los niños, público difícil donde los haya, por ser el más puro y a su manera el más inteligente:
"La idea, era, poco más o menos:
exactamente esto...
Ciudadanos, mestizos de pura cepa.
Dejemos las cosas claras y empecemos por lo básico. Yo no me siento
orgulloso de ser catalán o de ser español. Tampoco me avergüenzo ni creo que
tenga que pedir perdón. Simplemente sucede, que diría Neruda. ¿Cómo me puedo
envanecer de lo que no depende de mí?
Solo me puedo sentir orgulloso o avergonzado de mis obras, de lo que está en
mi mano hacer. Y no ya como catalán o español, sino con simple ser humano,
hay una cosa que me avergüenza superlativamente: levantar una frontera.
Levantar una frontera es reducir el perímetro de mi humanidad, decirle a
otro que no es mi igual.
Una frontera es una resignación. Poner límites a la razón, a los ideales de
libertad, igualdad y fraternidad. Hay unos, los nuestros, para con los que
importan la moral y la justicia, y otros a los que no alcanzan los mismos
derechos simplemente por el azar de nacer del lado malo.
Sin embargo, hay fronteras. A qué negarlo. Una circunstancia que cualquier
persona decente lamenta. Y una persona seriamente decente se alegra el día
que una frontera se emborrona en nombre de los buenos principios, cuando
aumenta el número de sus conciudadanos. Ese es el mejor latido de Europa, la
democracia más amplia, la única, por lo demás, que nos permitirá encarar los
problemas verdaderamente importantes.
Por eso mismo, levantar una frontera es una indignidad, es cercenar la
universalidad de la razón. Ninguna persona limpia de mente y corazón se
puede alegrar de una frontera nueva. 
Y sin embargo, hay una ideología que hace de la creación de fronteras una
voluntad, de la desigualdad una meta. El nacionalismo, bien resumido en el
repugnante lema: My Country Right Or Wrong. Mi país, para bien o para mal.
La prioridad de la tribu sobre la razón, de la sangre sobre la justicia. La
tiranía del origen. Reacción en estado puro. Lamiseria como vocación".  
                                                  Félix Ovejero




12 comentarios:

  1. Mucha lucidez comprimida esta noche, la cual escasea. A Pepe y Graciano ya los voy conociendo, aunque a veces me cuesta reconocer a su creador.

    ResponderEliminar
  2. El Roto siempre certero . Fronteras y cientos de enclaves españoles en Cataluña ya que habría que cambiar la constitución para poner las normas mínimas que exigió Canada a Toronto y en el que como es lógico cada ayuntamiento de Cataluña decidiría su vinculo . Por otro lado sin cambiar la constitución el ejercito tendría que intervenir .
    La doble nacionalidad tampoco es posible y se exigirá pasaporte . La pregunta a los catalanes o vascos tiene que ser contundente , con o sin España, sin eufemismos
    Los catalanes son buena gente y no se jugaran el futuro, no seria una ruptura gratuita . Cualquiera sabe que las ideas de los políticos buscan el bien personal y de sus correligionarios
    Personalmente exigiría un 67 % de participación y un 67% de votos para dar validez , menos es dividir mucho y dejar a muchos unionistas en un pequeño Pais sin futuro .
    Chao

    ResponderEliminar
  3. Manuel Cañedo Gago13 de octubre de 2012, 1:29

    Las fronteras son una reminiscencia de cuando servían como garantía patrimonial, política y social del poder establecido en un determinado territorio. En clave crudamente economicista podría decirse que en la época actual no se necesita de suelo propio para el control de la riqueza, ya que las fronteras no suponen limitación alguna para la concentración de capitales. Los recursos de las naciones y sus espacios han pasado a formar parte de un proyecto global hegemónico.

    ResponderEliminar
  4. Hace unos días estaba leyendo este poema

    CONTRA LAS PATRIAS

    (José Hierro)

    Si me dijeran: puedes escoger tu patria,
    un lugar en el que vivir,
    un lugar por el que morir,
    una gran historia llena de patrañas
    que has de creer a pie juntillas,
    un trapo tremolante
    que ha de llenarte de emoción
    cuando lo divises de lejos,
    ¿qué patria escogería?
    El mundo es demasiado grande,
    mi pueblo demasiado pequeño.
    ¿No habrá un errante asteroide
    todavía sin nombre,
    sin historia, sin bandera,
    sin sangre en las manos,
    sin victimas a las que vengar?
    Un pedrusco ignorado de todos,
    al que no salpique la estupidez de los hombres,
    esa quisiera que fuera mi patria.

    saludos
    txema

    ResponderEliminar
  5. La desaparición de las banderas (y de las fronteras), cuando ocurra, no será un acontecimiento histórico. No. Será un acontecimiento biológico. El "homo sapiens sapiens" habrá dado un nuevo paso en su evolución biológica. Habrá dejado de ser tribal y territorial.

    (El señor Mas, por supuesto, no entiende de esto. Él quiere seguir siendo tribal y territorial. Aunque, bueno, tampoco hay que negarle su derecho a evolucionar como ser humano.)

    ResponderEliminar
  6. mas la insuperable estupidez que supone embarcarse y embarrascarse ahora en un proceso de separación del 20% de un país no muy grande, cuyo único resultado puede ser el seguro empobrecimiento material e intelectual de todos.
    saludos

    ResponderEliminar
  7. Lamento disentir, pero eso de que "cualquier hombre decente lamenta las fronteras" me suena al idealismo de preescolar que tan magníficamente ejemplifica "Imagine" de Lennon.

    David Fdez.

    ResponderEliminar
  8. Me gustado mucho esta frase:

    "Solo me puedo sentir orgulloso o avergonzado de mis obras, de lo que está en
    mi mano hacer".

    Pero en cuanto a que levantar fronteras es una indignidad, yo diría que sí y que no. Desde el punto de vista poético es como triste, pero desde el punto de vista de la organización territorial (cosa necesaria, en términos prácticos) pues a veces resulta que no hay más remedio. Delimitar. También en las comunidades de vecinos se levantan fronteras, porque nosotros estamos dispuestos a pagar (a veces con esfuerzo) nuestras facturas de la luz, pero no las del 4º y las del 5º.

    Algo parecido pasa con los catalanes. Están cansados de pagarles las facturas a los del 4º y 5º, sobre todo cuando no se sienten parte de esa comunidad de vecinos, lo cual es un poco el origen de todo el salchucho y, en cierta manera, pues también se entiende.

    ResponderEliminar
  9. Los que ponen fronteras están en todas partes. Se producen cuando hay exclusiones recíprocas. No pienso solo en el tema actual de Cataluña-España, que se solventará. Sino en las que conocemos dentro de cada comunidad. Las fronteras son siempre concéntricas; tal vez de estas no se hablan pero existen. Y en Castilla, esta Castilla tan profunda que parece mineral más que humana, sabemos mucho de su función de apartamiento de los seres humanos. Donde aún el valor y el sentido de la ciudadanía es difuso. Pienso también en las fronteras de la capacidad de nuestra mente: ¿ponemos nuestro pensamiento, nuestro discernimiento, nuestra sensatez y nuestra necesidad de supervivencia junto con el colectivo social en acción o hacemos dejación malsana?

    En el tema de los debates actuales deberíamos ser abiertos. No sé hasta qué punto hacemos todo el esfuerzo preciso para entender al otro.

    Pero El Roto salva, ya lo creo.

    ResponderEliminar
  10. Del Rodríguez Marín, cinco cantos populares españoles casi al azar:

    Aragonés soy, señora;
    Yo mi patria no la niego;
    Más vale un aragonés
    Que veinticinco gallegos.

    No compres mula en Teruel,
    Ni en Albarracín ganado,
    Ni en Francia tomes mujer,
    Que te saldrá todo malo.

    Dicen que las andaluzas
    Van derramando sal;
    Nosotras las catalanas,
    Canela pura, que es más.

    Santa Cruz de Mudela,
    ¡Cómo reluces!
    ¡Cómo suben y bajan
    Los andaluces!

    Desde Manzanaritos
    A La Solana
    Hay una legüecita
    De tierra llana.

    ResponderEliminar
  11. También aquí, por "Eduardo Laporte", aparece la idea nacionalista catalana del "expoli", aunque él graciosamente la traslade a una comunidad de vecinos. Dado que para algunos (entre los que, al parecer, está Eduardo) dicho "expoli" es artículo de fe, copio aquí enlace a un artículo aparecido recientemente en El País, donde se verá que el asunto está bastante menos claro de lo que ellos suponen. Aunque me temo que aquí no se trata de ninguna discusión razonable, sino de un dogma de fe (me refiero a lo del "expoli"), contra el que, de ser así, no valen razones: http://economia.elpais.com/economia/2012/10/05/actualidad/1349467455_178571.html

    ResponderEliminar
  12. És tan indigno levantar una nueva frontera cómo defender la existencia de las mismas

    ResponderEliminar