1 de octubre de 2012

¿Y bien?


UNOS días después de que nos enteráramos de que la persona que inspiró los célebres sonetos amorosos de Shakespeare pudo no ser un joven caballero, tal y como parecían ilusionados en creer y propalar algunos, sino una prostituta amiga del poeta, unos días después de esta noticia, decía, ha llegado a nosotros otra según la cual Emily Dickinson habría estado locamente enamorada de la mujer de su hermano, su cuñada, Susan Hungtinton Dickinson. ¿En qué se basan para tal hipótetis esta vez? ¿Se han aportado quizá documentos desconocidos que lo acrediten? No, desde luego, pero sí una nueva fotografía, la segunda, creo, que se conoce de la abubilla de Amherst. En ella se ve a una Emily Dickinson muy joven junto a una amiga,  Kate Scott Turner. Están sentadas una al lado de la otra, pero lo bastante separadas y serias como para subrayar el aspecto puritano de ambas, únicamente atenuado por el brazo de Emily, que se tiende por detrás hacia el respaldo de la silla donde está sentada su amiga, como si quisiera abrazar su talle. Es posible que su mano ni siquiera llegue a rozar la cintura de Kate. No lo sabemos porque este detalle queda velado en la foto, pero los investigadores ven en esa “solicitud”, que acaso fue sólo naturalidad y afecto, indicios “sospechosos” de etc., etc.

Hace años, al escribir cierta biografía sobre Cervantes, observó uno este hecho curioso: Cervantes fue, en cada época, de una manera o de otra. En los estudios del XIX, el siglo de la exaltación romántica, fue, por ejemplo, paladín de la libertad. Cuando el XX llevaba recorridos unos años y coincidiendo con el auge del movimiento sionista internacional, a Cervantes se le hizo judío. Pasado el tiempo y en plena revolución sexual, algunos empezaron a “encontrar” en sus escritos y en los archivos pruebas “inequívocas” de que Cervantes, que ya era judío desde hacía medio siglo, había sido también homosexual, pese a tantas evidencias en contrario (y se sonríe uno pensando qué habría opinado de esto último don Américo Castro, impulsor del judaísmo de Cervantes: ¿habría transigido con esa tesis “a cambio” de que se aceptara la suya?).

Como pueden figurarse, a uno le da igual que Shakespeare se inspirara para sus sonetos en mozo o moza, y si no le apenó a uno verlo ingresar en el exclusivo club de los gays tampoco ahora, si lo devuelven al redil de los heteros. Y quien dice eso de Shakespeare, lo dice de Homero, de la Dickinson o del sursuncorda y de tantos mortales comunes de quienes alguien, ahora mismo, aventa a un tiempo murmuración e insidia: “¿Sabes que fulano es tal cosa, que mengana es cual otra?”. ¿Y bien?, responde uno. ¿En qué cambiaría el Quijote si se probara que Cervantes fue un joven somético, por decirlo con esta palabra de su tiempo, ni si lo fue por gusto o por conservar la vida? Sí, se diría que a menudo queremos proyectar en otros preocupaciones exclusivamente nuestras o del tiempo que vivimos y que en realidad nos alejan de lo importante: en el caso de esos escritores, de sus obras; y en el de las gentes comunes, estorbándonos el relacionarnos con ellas con naturalidad y afecto. Sólo por eso acaso el horizonte de la felicidad parece seguir desde el origen del hombre a la misma distancia, visible y a la mano, pero inalcanzable, asunto de lo que tratan, por cierto, esas obras y buena parte de nuestros anhelos.
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 30 de septiembre de 2012]


5 comentarios:

  1. cierto, y por eso creo que en la segunda mitad del XX y lo que llevamos de este la obsesión y la religión con más ansiedad vivida es la del sexo, a través de esa marea se contempla todo, y no en vano si antes la gente cambiaba de religión como esencial cambio en su existencia, cambian ahora de sexo y Milá asegura que Jesus de Nazaret entraría ahora sin dudarlo al Gran Hermano suyo, amén Sardá.

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  2. El hábito de la maledicencia, el gusto por denigrar. Decía el dicho que lo hace quien puede, no quien quiere, pero lo cierto es que el rumor siempre ha sido aliado de la mediocridad y la envidia. En éstos tiempos en que los límites entre lo público y lo privado no existen, y en los medios las informaciones forman un ruido que controla y dicta, la libertad individual se verá cada vez más amenazada. Porque a quién le importa -para juzgarla- la vida sentimental o sexual de otra persona a quién ni siquiera conoce? Aunque sea una personalidad pública, qué aporta ese juicio que no sea casi siempre el escarnio, la burla o el gusto por la tontería. Y en España lo de la prensa del corazón es el ejemplo más claro del subdesarrollo, la decadencia y la miseria espiritual.

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  3. Totalmente de acuerdo. No hace mucho hubo cierta polémica en torno a la figura de García Lorca. Quien se opuso a que el poeta fuese reducido a un icono reivindicativo del movimiento gay recibió no pocos palos en los medios. Muchos tomaron la defensa de la memoria de Lorca como un gran poeta, más allá de sus circunstancias personales que en ningún caso se debieran poner por encima del valor de su obra, como un ataque a los homosexuales. Esa apropiación de la figura y de la obra de grandes autores por los colectivos sociales de moda o emergentes socialmente viene siendo algo habitual desde siempre. Lo peligroso de esto es que se reduzca la grandeza de un autor a los intereses estrechos de un colectivo social, sea este el que fuere. Las modas revisten con efímeros ropajes a las figuras que han de quedar.

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  4. Que raro , difamar a los más grandes . Salen traidores a raudales, suelen ser los amigos infames .
    Que si Sartre era drogadicto e infiel , Bowles un criminal en " potencia " , Foster Wallace se suicido por aburrimiento , ningún grande evita un sanbenito.
    Chao

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  5. Me resultó muy curioso el estudio que hace Freud sobre el zurdo Leonardo para atribuirle la condición homosexual que, según parece, se produjo al convertir su sexualidad inmadura en una "pulsión del saber".
    Sexo, drogas, rock&roll y siempre el arte entrometiéndose.

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