19 de abril de 2013

El amigo Nigel

HA sido ayer un día tristísimo: de Escocia nos llegó la noticia de la muerte del amigo Nigel Dennis. Se ha ido con la mayor discreción, como vivió. A ninguno de nosotros, sus amigos, había dicho, propiamente, que la enfermedad que ha acabado con su vida en unos meses era tan grave, hasta que hace una semana se despedía por carta de Cuca Gaya, y en cierto modo, a través de ella, de todos: "No puedo centrarme en nada y no puedo pensar (...) Siento mucho apartarme de ti así".
No hace un año se publicaban en este almanaque unas líneas sobre él y su último libro.  En el diario El País se publican hoy estas otras, bajo el título "Nigel Dennis, hispanista, un aristócrata de intemperie":


No conozco a nadie que habiendo tratado a Nigel Dennis, aun de modo somero, no tuviera de él una opinión sin mácula. Digámoslo ya, entes de que el presente nos lance de nuevo al ruido de la vida: Nigel Dennis (Londres, 1949 - Saint Andrews, 16 de abril de 2013) fue, en todos los sentidos, intelectual, humano y personal, eso que Juan Ramón Jiménez llamó “aristócrata de intemperie”, “el hombre en que se unen –unión suma– un cultivo profundo del ser interior y un convencimiento de la sencillez natural del vivir”. Y así vivió una vida que hoy sabemos demasiado corta, dedicada al estudio de la literatura española más luminosa, que amó y difundió en universidades de países boreales y cielos encapotados con admirable ecuanimidad y un humor británico supremo. Fue acaso uno de los primeros en comprender, muy joven aún, que la reconciliación nacional pasaba antes o al mismo tiempo por una reconciliación literaria, y así le debemos dos de los mejores estudios que se le hayan dedicado nunca a Bergamín, amigo al que dilucidó de modo reiterado, y a Giménez Caballero, el rojo y el negro, consciente, por supuesto, de que en el rojo y el negro españoles se llegó hartas veces al castaño oscuro. Al estudio de estos dos vanguardistas heterodoxos les siguió el de muchos otros escritores e intelectuales de aquel tiempo de anteguerra, de guerra y de posguerra, que conoció como pocos, Díaz Fernández, Gómez de la Serna, Max Aub o Ramón Gaya, de quien preparaba en la actualidad el segundo tomo de sus obras completas. Estaba trabajando en él a distancia con Isabel Verdejo, viuda del pintor, y a ella le envió hace unos días desde Escocia las pruebas de imprenta y una carta de dos o tres líneas en la que él, que nunca confesó su enfermedad sino por elipsis, admitió no tener ya fuerzas para trabajar, sabiendo que ella se despediría en su nombre de todos nosotros, sus amigos, como sólo se despiden los sires en una obra de Shakespeare: “Siento mucho apartarme de ti así”. Se diría que pedía disculpas por las molestias que pueda traer consigo su muerte prematura. Así era él,  y eso fue todo.

A diferencia de tantos colegas hispanistas, convencidos de saber de los españoles más y mejor que los propios aborígenes, Nigel Dennis jamás quiso sentar cátedra de nada, cosa rarísima en un catedrático, habiéndolo sido él, por añadidura, de los más finos y en las mejores universidades del mundo: en el momento de su muerte era catedrático de Literatura Española en la elitista universidad de Saint Andrews, alma mater del príncipe Guillermo, y recientemente la de Cambridge, donde se doctoró, le había ofrecido un puesto docente.

Pues se diría que estaba en eso, en su estudio, principalmente de los escritores de la generación de “los difíciles”, averiguando cosas sustanciales: cómo la poesía y el arte mejoran la vida y cómo pueden salvarla, quiero decir, cómo podemos ser mejores, más fuertes y delicados, asuntos con los que raramente puede nadie hacer una carrera académica. “Toda la desdicha del hombre procede de no saber quedarse tranquilo en casa”, es una cita de Pascal que puso al frente del último de sus libros, una recopilación de escritos sobre Ramón Gaya, que presentó él mismo en Murcia no hace un año. Parece que lo estoy viendo, distinguido, inteligente, con la frente de un rey y la sonrisa de un estoico que no renunció ni a uno solo de los nobles goces de esta vida, diciéndose, diciéndonos estas palabras de Unamuno: “Obra como si hubieses de morir mañana, y si nos estuviese reservada la nada, haz que la nada sea una injusticia”.

Nigel Dennis en casa de Ramón Gaya, Madrid, 23 de mayo de 2012


8 comentarios:

  1. ¡Qué pena!Lo "conocí" con el epistolario entre Unamuno y Bergamín.

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  2. Preciso homenaje. Que en paz descanse.

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  3. No lo conocí ni he leído su obra, pero está claro que su marcha deja al mundo más vacío. La frase de Unamuno la dejo escrita en mi cuaderno de máximas: “Obra como si hubieses de morir mañana, y si nos estuviese reservada la nada, haz que la nada sea una injusticia”.

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  4. Yo si lo conoci y sigo conociendole como colega y amigo, que era gran amigo de sus amigos, nos dejo sus investigaciones y su amistad perdura en nuestra memoria, y por lo menos fallecio rodeado de su esposa y sus dos hijos.

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  5. Siento tuviera escribir tan excelente obituario , habrá que acercarse a su obra y recordar su nombre .
    D.E.P. Nigel Dennis

    Saludos

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  6. Si "Pensar es comprometerse con la eternidad", según nos dice Unamuno, también ese compromiso remite a la realidad, a la vida. Cuando el instante y lo eterno se confunden en el sueño, entonces, pueden darse las condiciones para vivir cada momento como si fuera el último.

    Así dice un quijotesco Bergamín:

    "En ciertos momentos, la única forma de tener razón es perdiéndola".

    ¿Será necesario, a veces, negar la razón para ganar la realidad del sueño y afirmarla?

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  7. http://www.youtube.com/watch?v=RHIt7npqrPU

    Vídeo del Centro Cultural de la Generación del 27 de Málaga, donde el 24 de febrero de 2012 Nigel Dennis dio una curiosa conferencia divulgada en julio del mismo año. Youtube la describe así:

    «Conferencia de Nigel Dennis sobre Las bailarinas del exilio republicano: Bergamín, Halffter y "La paloma azul" (México, 1940). Presentado por Francisco Fortuny».

    Conferencia que sigue las andanzas de ”Don Lindo de Almería” (1926; en Pre-textos, 1988, edición del propio ND), «divertimento coreográfico» según su propio autor, José Bergamín, para el que pidió sin éxito música a Falla (según Dennis en la conferencia, aparte de los muchos trabajos de don Manuel, la presencia en el libreto de dos mulatas bailando desnudas pudo ayudar al rechazo); Rodolfo Halffter en cambio aceptó musicando en forma Suite el sainete andaluz. Bergamín, en el dividido exilio mexicano de la cultura republicana española, logró llevarlo por primera vez al escenario gracias a los buenos oficios de la bailarina y coreógrafa ruso-americana Anna Solokov y las “solokovas” mexicanas de “La Paloma Azul”… y sobre todo gracias al oro de Moscú según las muy españolas malas lenguas de casi siempre. ND cuenta que, de acuerdo con esas lenguas, JRJ, de visita en Buenos Aires u otra ciudad americana, al bajar del avión preguntó a alguien por Bergamín y el oro de Moscú, aludiendo quizá al despilfarro que se decía que de él hacía con las bailarinas. (Esto, perdón, me ha hecho recordar algo bien distinto, que no puedo precisamente documentar pero que en más de una clase solté por haberlo oído o leído en algún sitio: que cuando tras desembarcar JRJ en Nueva York y haber contemplado el movido panorama de masas y rascacielos capitalistas, con tan aparente paradoja como gran sentido oculto le dijo a alguien: “Para soportar esto, aquí todo el mundo debe ser comunista”: otro comunismo distinto al de Bergamín entonces; aunque en el fondo, quién sabe si el mismo. En este caso es la China actual la que le da la razón a JRJ).

    Al final de la conferencia (cuando el sonido es malo), uno de los asistentes, también a la española, preguntó si Bergamín, a las bailarinas guapas sólo le hacía sonetos o algo más. La caza con soneto: cosa muy propia de poetas españoles no de demasiado antaño, doy fe. Con humor, Nigel Dennis pareció darle la razón al indicar que de vez en cuando recibía poemas inéditos de Bergamín que le enviaban por correo viejas americanas, y que así, como en cualquier otro caso, su tarea de publicar la obra completa de don José resultaba imposible.

    Más gracia tiene que en la conferencia el Sr. Dennis bromeara consigo mismo llamándose “intrépido investigador” a propósito, me parece, de sus andanzas por México buscando la pulquería “La Paloma Azul” (de ella mostró fotos), versión que él prefiere a la hora de explicar el origen del nombre de la Compañía que puso en valor el ballet en México (¡empleé el odiado “poner en valor”!, fastídiense).

    Y en mitad de la desgracia, más gracia pudiera tener todavía que en un par de momentos de la conferencia, ND expresara sus ganas de alcanzar nada menos que el siglo XXII para así poder acabar algunos de sus trabajos. Si esta repetida broma es señal de que hace catorce meses él ya sabía de su enfermedad, este buen hispanista inglés, vacilando a todos y vacilándose a sí mismo, estaba dando entonces otra importante lección.

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  8. Tuve la inmensa suerte de conocerlo. Generoso, encantador, sabio.

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