20 de abril de 2013

Sueño y verdad

SI tanto le ha gustado a uno siempre el título de este libro, España, sueño y verdad, y, claro, lo que contiene, es porque su autora, María Zambrano, pone en el mismo nivel lo soñado y la verdad, como si la verdad incumbiera por igual a la ficción (El Quijote, Fortunata, Niebla, de los que se ocupa en él) y a lo real. Sí, la progenie del sueño y la verdad es lo verdadero, instancia superior donde remitimos los frutos más depurados de la razón y la imaginación humanas.
Y así, tomándolo de Zambrano, lo puso uno al frente de esa obra de la que se han publicado los dos primeros volúmenes, aunque no en orden cronológico: Las armas y las letras y Los nietos del Cid, a falta de Los modernos de antaño (el dedicado a las vanguardias) y La paz y la palabra (sobre la literatura que siguió a la guerra, dentro y fuera de España).
Por el sueño y la verdad trabajó ese crítico, Guillermo de Torre, de quien Domingo Ródenas ha preparado una antología para la "Obra fundamental" de la Fundación Santander, que presentamos en el más ultraísta de los escenarios (lo que fue la caja fuerte de un banco, sede hoy del Instituto Cervantes de la calle Alcalá) el propio Ródenas, Darío Villanueva y yo mismo. 
Ha titulado Rodenas esta antología De la aventura al orden y ha puesto al frente un gran prólogo, acaso uno de los mejores trabajos que puedan leerse hoy sobre ese crítico que todo lo leyó con entusiasmo, olvidando a menudo que de algunas cosas al menos había que escribir con escepticismo. Dejemos a un lado las aventuras torrésicas (JRJ habló de su Literaturas europeas de vanguardia como de una "especie de Guía de ferrocarriles de estaciones abolidas o inexistentes") y quedémonos con el ordenado Torres (el que reivindica Ródenas muy oportunamente) que hizo por la cultura y literatura en español lo que muy pocos, al frente de  una  editorial tan decisiva como Losada o impulsando otra más modesta, pero no menos ejemplar, esta colección de El puente (bautizada así por Ridruejo), donde apareció Sueño y verdad
Sueño de unificar las dos Españas (la colección publicó escritores de España y del exilio), y verdad de un empeño que llevaron a cabo siempre españoles de una tercera España, silenciados a menudo por ello por las otras dos, como este Guillermo de Torre.




8 comentarios:

  1. Imponente entrada, Andrés, de las que hay a poner a buen recaudo antes de que la memoria falle. Mañana la leeré otras dos veces para seguir aprendiendo a escribir. Me gustaría saber si el texto corrió fluido hasta el final o necesitó alguna pasada con la gubia; pero de lo que ocurre en la cocina no cuentan nunca los buenos cocineros, se limitan a ponernos el plato sobre la mesa.
    He echado cuentas y me han cobrado menos de setenta céntimos de euro por este regalo. Un abuso.

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  2. La verdad y el sueño unidos siempre en el horizonte de la utopía. El sueño de la verdad y la verdad del sueño, que viene a ser lo mismo, un desplegar la alas para iniciar el vuelo en pos de la verdadera realidad.

    Así se dice en el FEDRO:

    «(…) Y aquí es, precisamente, adonde viene a parar todo ese discurso sobre la cuarta forma de locura, aquella que se da cuando alguien contempla la belleza de este mundo, y, recordando la verdadera, le salen alas y, así alado, le entran deseos de alzar el vuelo, y no lográndolo, mira hacia arriba como si fuera un pájaro, olvidado de las de aquí abajo, y dando ocasión a que se le tenga por loco».

    Para remontar el vuelo hacia lugares más claros y verdaderos precisamos de ligeras alas, pero de amplia envergadura, porque la ascensión tiene todos los inconvenientes frente a las fuerzas de la gravedad; y la marcha contracorriente se hace más lenta.

    Habla M. Zambrano de esta búsqueda tan necesaria:

    «(…) 'La vie est impossible' – ha dicho Simone Weil- añadiendo- : 'C’est le malheur qui le sait'. Mas en verdad, ser es imposible; ser como criatura, sin más. Lo que quiere decir como criatura nacida de una sola vez y pasivamente. Que despertar es seguir naciendo de nuevo, recrearse».

    «Lo más noble del hombre es, sin duda, la no resignación ante las cadenas de todas clases de que está rodeado».

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  3. "Grecia (...) es nuestro origen, pues sus pensamientos elevaron la realidad a objeto, más allá de las fantasmagóricas apariencias, en vez de relegarla definitivamente al reinado de las sombras".

    M.ZAMBRANO.

    ... Entonces el sueño se hizo verdadero, y la utopía la auténtica realidad.

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  4. -¿Mas el arte?...
    -Es puro juego,
    que es igual a pura vida,
    que es igual a puro fuego.
    Veréis el ascua encendida.

    A. MACHADO.

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  5. Maria Zambrano :
    Y así, de esta mirada de luz , nace , podría nacer y ha nacido una y otra vez un pensamiento sin memoria . Un pensamiento liberado del esfuerzo de la pasión de tener que engendrar memoria y, en su verdad , liberado de toda representación y de todo representar .
    No tengo claro que eso pueda ser así para el común de los mortales , es un razonamiento muy bueno que da que pensar .
    Un saludo

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  6. "(... ) Yo sé quién soy--respondió don Quijote--, y sé que puedo ser no sólo los que he dicho, sino todos los doce Pares de Francia, y aun todos los nueve de la Fama, pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno por sí hicieron, se aventajarán las mías".

    Parte 1, capítulo 5.

    "Saberse a sí mismo es locura", dice M. Zambrano.

    Fundir sueño y realidad, y verla a través de los sueños tranformada.

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  7. El uso de la palabra ultraistra resulto clave en este post . En principio la leí como altruista lo cual me resultaba surrealista cuando ultraistra parece sinónimo de surrealista . Esto me obligo a mirar que era el ultraísmo y vi su oposición al modernismo , como poetas Borges o Juan Ramón están en la cima y lo mismo me gusta el Picasso cubista que el de la época azul .
    Saludos

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  8. Festival de Cine Español. Por el Paseo del Parque, una docena de paseantes con prisa y un cartelito en el pecho: "Jesucristo te salva". Los dos bebés no llevan cartelito. “Este niño no es para ti ningún impedimento”: al cruzarnos logramos oír completa la frase de la mujer que empuja uno de los cochecitos a la que camina a su lado. Por la Farola, grupos de chicas sin chicos charlan sentadas en el suelo. O se fotografían continuamente unas a otras. Una se peina la melena con un cepillo mínimo. Otra debe llevar la voz cantante del grupo, sólo ella de pie contra la peana de una de las espiritadas esculturas de Aitor Urdangarín. Más adelante, de una tercera chica que no vemos nos llega: “… habrán ido a la Plaza de la Merced, donde van loh famosoh esoh…”; mejor, entonces, pasarse por esta otra ESTACIÓN MARÍA ZAMBRANO:

    « Todo puede suceder porque nadie sabe nada, porque la realidad rebasa siempre lo que sabemos de ella; porque ni las cosas ni nuestro saber acerca de ellas está acabado y concluso, y porque la verdad no es algo que está ahí, sino al revés: nuestros sueños, nuestras esperanzas pueden crearla.

    ... la palabra crea el presente verdadero, el presente real, es decir, el momento en el cual el tiempo pierde su potencialidad inherente, deja de ser la medida del movimiento.

    Conocer de verdad sería conocer el término de lo que se espera y se quiere, y situarlo en forma tal que alumbre el camino a seguir: que haga descender desde la meta un camino.

    La acción verdadera que los sueños de la persona proponen es un despertar del íntimo fondo de la persona, ese fondo inasible desde el cual la persona es, si no una máscara, sí una figura que puede deshacerse y rehacerse.

    Se presenta así la pregunta de qué clase de ser es este propio del hombre que siente su ser, lo ve o más bien lo entrevé en raros momentos y que frente a él puede decir sí o no, tomándolo a su cargo. ¡Qué clase de ser es éste que para ser en la vida ha de despertar siempre, aunque sea para luego sumergirse en el sueño inicial nuevamente! La vie est impossible –ha dicho Simone Weil, añadiendo–: C’est le malheur qui le sait...

    Se podría así definir al hombre como el ser que padece su propia trascendencia. Como el ser que trasciende su sueño inicial. Pues que el ser en la vida, así sin más, se encuentra en estado de sueño; está ahí. Está ahí habiéndoselas de ver con los que le rodean. Y por ello mismo se sueña, se sigue soñando en la vida. Y la vida, por dolorosa o gozosa que sea, le es sueño. Pues que es él, el ser, quien se sueña en la vida.

    El que seamos, tengamos que ser inexorablemente esclavos de algo, es una verdad encubierta por el horror y la belleza.

    Pues la verdad llega, viene a nuestro encuentro como el amor, como la muerte y no nos damos cuenta de que estaba asistiéndonos antes de ser percibida, de que fue ante todo sentida y aun presentida. Cuando la realidad acomete al que despierta, la verdad con su simple presencia le asiste. »

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