29 de abril de 2013

Siempre es tiempo para hablar de Pla

A Josep Pla, pese a los esfuerzos de tantas gentes, editoriales e instituciones, no se le quitará nunca la fama de escritor de minorías, lo que es en mi opinión también una gran suerte, porque con ello el lector que llegue de nuevas a su obra se llevará una grandísima alegría, y el descubrimiento le hará preguntarse: “¿Y cómo es que un escritor tan bueno apenas circula y apenas se le lee y, en el fondo, apenas se le estima?”. Ocurre algo parecido con Azorín o con Cunqueiro, autores además de extensa obra, como Pla. Eso, en cierto modo, contra lo que podemos pensar incluso aquellas personas a las que nos gustaría que se leyera más a Pla, a Azorín o a Cunqueiro, redunda en beneficio suyo, ya que no dejan de ser nunca en cierto modo una tierra virgen a la que sentimos llegar siempre por primera vez, sin el estorbo de los lugares comunes ni esas adehrencias antipáticas que se les van pegando a todas las obras de circulación masiva. Podemos por ello seguir hablando de él en voz baja, sin temor a malbaratarlo.

Para hablar de Pla en el último Salón del Libro de París fuimos convocados el señor Castellet, el señor Cercas y uno mismo, con ocasión de una nueva traducción de su famoso Cuaderno gris, pero aquello fue todo menos voz baja: flanqueados por los alaridos de un grupo belga de rock (aunque parecía más bien un grupo de rock belga) y un mago ruso al que se le morían las palomas antes de sacarlas de la manga, fue cada uno de nosotros hablando como pudo su garganta a un no menos reducido público francés.

El cuaderno gris es un libro publicado en la vejez de su autor, quien quiso hacerlo pasar por un diario de juventud, quiero decir que Pla, que desdeñaba las novelas, sucumbió a la tentación de novelarse a sí mismo. Es una rara mezcla de realidad y ficción, como acaso les suceda siempre a las grandes obras, mestizas por naturaleza. Cuando hace algunos años dijo uno que la literatura de Pla merecería haber perdido la guerra, estaba señalando con ello el modo en que se le discriminaba a su autor por haberla ganado, lo que llevó al Gobierno catalán, de paso, ya en la democracia, a negarle la famosa Cruz de San Jorge, distinción con la que, por otra parte, Pla se hubiera liado uno de sus atávicos  cigarrillos de picadura.

¿Qué encontrarán los lectores franceses en Pla?, nos preguntábamos. Desde luego a un afrancesado amante de Montaigne y de Proust, de Léautaud y de Stendhal, escritor este tan alejado de la Francia y de los franceses como para pedir que en su tumba se escribiera su nombre en italiano. Se encontrarán también los franceses a uno de los escritores más sutiles e irónicos, líricos y vagamente sentimentales que ha dado Cataluña, por lo que puede que se llamen a engaño creyendo que Pla es, en efecto, un escritor catalán. Tampoco es un escritor español. Por no ser, no es ni siquiera un escritor francés; le faltan para ser francés, español o catalán el chovinismo y la exaltación nacional, nacionalista. En ese sentido, qué duda cabe, el stendhaliano Pla es un catalán, un español y un francés mejorado. 
         [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 28 de abril de 2013]

9 comentarios:

  1. 19 DE ENERO DE 1919. Tengo veintiún años y aún no he comido ninguna ostra. Soy un desgraciado.

    (…) La agitación social crece. Todo el mundo habla de revolución –con un punto de curiosidad. Pero ¿es que gobernar no quiere decir evitar, no ya la revolución, sino el uso de esta palabra? Estas cosas me interesan poco. Son para gente desocupada. Las únicas revoluciones que me gustan, y..., son las definitivamente acabadas, las que sirven para que los profesores e historiadores puedan hacer hervir de una manera fácil la olla y dar a sus niños el bachillerato evitando ejercicios literarios.

    (…) Una frase de Xènius leída hoy: “Lo peor de los catedráticos no es el sistema ni las ideas, ni el temperamento; es la tarima”, me ha sumergido otra vez en la obsesión, siempre latente, de la Universidad.

    Cuando pienso que he pasado ya más de cinco años en este establecimiento, no puedo eludir la montaña de sacrificios que ha tenido que hacer mi familia para darme carrera. Me da fiebre. La obsesión del profesorado… ¿Será posible llegar a encontrar alguna vez en el curso de la vida una cosa semejante?

    Hay, por ejemplo, los profesores que no se oyen. En mi tiempo había dos (…) Eran dos señores muy viejos de una ancianidad respetabilísima. (…) Tenían una voz tan débil que si uno no se ponía a un palmo de su boca era imposible saber lo que decían. Pero eso era inimaginable, estando la tarima y los bancos entremedio. El resultado fue éste: ni yo llegué nunca a coger lo que decían ni conseguí en ningún momento que ellos me oyeran –porque los dos eran duros de oído. Desde el punto de vista del mecanismo pedagógico, equivalía a tener dos maestros sordos y mudos. Representaban el fracaso se la teoría de la tarima.


    19 DE JUNIO DE 1918 (…) A veces, sueño con el establecimiento: me despierto, de repente, angustiado, pensando que al día siguiente tengo que ir a una clase o a otra y que no me sé la lección de memoria. También a veces se me aparece de pronto, en la imaginería incoherente del sueño, un tribunal de exámenes, con un bombo delante para sacar bolas, todo ello inmerso en la luz grisácea, pasada por el enrejado espeso de las ventanas de las aulas de la Facultad de Derecho. Todo en conjunto: los profesores, los libros, las ideas, los bancos, los patios, las aulas, los bedeles, las conversaciones, las piedras, las columnas, los condiscípulos… todo me ha dejado una impresión flotante de angustia, de cosa forzada, incomprensible, de absoluta falta de interés.

    En este ambiente no he encontrado hasta ahora nada que me incitase a tener una curiosidad –ni por parte de los que notoriamente hubieran podido hacerlo. Una gran parte de los estudiantes que pasan cada día la puerta del caserón inmenso está perfectamente convencida de que no hay nada que hacer.

    A veces pienso que si los obreros, los comerciantes, los industriales, los payeses, los banqueros, fuesen en el trabajo, en la industria, en la banca, en la tierra, como los profesores de la Universidad, todo quedaría detenido y parado. El mundo se detendría en seco.

    ¡Soñar en la Universidad…! ¡Es absolutamente grotesco! Este mundo que incita a soñar tan bellas cosas… y que os lleva a pensar en unos señores medio dormidos delante de una mesa montada sobre una tarima…


    8 DE MARZO DE 1918. (…) Ver caer la lluvia, al final, me adormece. No sé qué hacer. Tendría, es evidente, que estudiar, repasar los libros de texto, para sacarme de encima, esta pesada carrera de abogado. No hay manera. Si a menudo no puedo resistir la tentación de leer los papeles que encuentro por las calles, ante esta clase de libros la curiosidad se me cierra a cal y canto.


    20 DE ENERO DE 1919. (…) La educación del hombre, en tanto que cultivo de lo que tiene de más personal, individual e insoluble, ha pasado a la historia. La educación consiste en el cultivo de la mediocridad imitativa generalizada. Quizá no es tan pintoresco pero sospecho que es mucho más agradable vivir en este mundo de tono gris que en un mundo de personalidades aparatosas y asfixiantes.

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  2. 29 de abril pero de 2009. Pla y la gripe española, del “Cuaderno gris” al blog de Arcadi Espada. Al final de la entrada de hace hoy cuatro años justos (es un decir), el humor, la autoironía de Pla haciendo comparecer al amigo catalán de tanto chiste.

    “13 de marzo [de 1918]

    Domènec Carles explica que uno de los días más dramáticos de la última gripe -que aún colea- encontró a un amigo suyo que tiene intereses en las Pompas Fúnebres.

    -Hay muchos enfermos -le dijo Carles-. Es impresionante.

    -Sí, muchos enfermos, muchísimos... pero por ahora -le respondió el de las Pompas- es una gripe benigna, una gripe que no remata...”

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    1. «(…) Mi oficio y mi arte es vivir. Quien me prohíba hablar de ello según mi entender, experiencia y costumbre, que ordene a la arquitectura hablar de los edificios no según ella, sino según el vecino; según la ciencia de otro, no según la suya. Si es vanagloriarse el publicar los propios valores, ¿cómo no antepone Cicerón la elocuencia de Hortensio y Hortensio a la de Cicerón?

      Quizá quieren que dé testimonio de mí, con obras y hechos, y no sólo con desnudas palabras. Pinto principalmente mis pensamientos, objeto informe, que no puede reducirse a producto artesanal. A duras penas puedo meterlo en ese cuerpo etéreo de la palabra. Algunos de los hombres más sabios y más devotos vivieron huyendo de cualquier hecho evidente. Los hechos hablarían más acerca del destino que acerca de mí. Dan testimonio de su papel, no del mío, a no ser por conjeturas y de forma incierta: retazos de una exhibición particular. Me expongo por entero: como una anatomía en la que a primera vista aparezcan las venas, los músculos, los tendones, cada pieza en su lugar. La acción de toser mostraría una parte; la de palidecer o latir del corazón, otra y de forma dudosa.

      No describo mis gestos sino mi propia persona, mi esencia. Sostengo que se ha de ser prudente al juzgarse uno mismo e igualmente serio al dar testimonio, ya sea elevado, ya sea bajo, indistintamente. (…) El orgullo reside en el pensamiento. La lengua sólo puede tener muy poca parte. Ocuparse en uno mismo parece que es complacerse en uno mismo; tratarse y observarse, quererse demasiado. Puede ser. Mas ese exceso sólo nace en aquellos que se palpan superficialmente, que se miran después de sus asuntos; que a ocuparse de sí mismos, a formarse y construirse, a hacer castillos en el aire, llaman ociosidad y fantasía: considerándose cosa secundaria y ajena a ellos mismos.

      Si alguien se embriaga con su ciencia al mirar a sus pies, que vuelva los ojos hacia lo alto, hacia los siglos pasados, bajará las orejas viendo a tantos genios que pueden pisotearlo.

      (…) Porque sólo Sócrates había obedecido ciertamente el precepto de su Dios de conocerse a sí mismo, y mediante ese estudio había llegado a despreciarse, sólo él fue considerado digno del apodo de Sabio. Quien así se conozca, tenga la osadía de darse a conocer por propios labios».

      MICHEL DE MONTAIGNE, ENSAYOS II, Capítulo VI “Del ejercicio”, Ed. Cátedra.

      El arte de vivir como única asignatura obligatoria en la libre escuela cósmica. Nada de programaciones del fantasmal futuro, ni fúnebres horarios para disgregar la unidad de la vida. Nada de prisa y sí mucho cultivo de la atención debida al presente: “Saber estar en lo que se está” en cada momento.

      Montaigne habla de un egoísmo necesario para preservar lo mejor de nosotros mismos. Ese aspecto tan delicado y vulnerable que todos, sin excepción, podemos tener en común. Parece decir que alienándonos, en el mejor sentido, relativizando nuestra supuesta importancia, es la mejor manera de cuidarnos; y también la única posición aceptable desde donde observar el mundo.

      A Josep Pla, naturalmente, le interesó sobremanera Montaigne. Dice el 24 de Abril de 1918, en “El cuaderno gris”:

      «No me canso de leer los “Ensayos” de Montaigne. Así paso horas y horas de la noche en la cama. Me hacen un efecto plácido, sedante; me dan un reposo delicioso. Encuentro a Montaigne de una gracia casi ininterrumpida, lleno de continuas, inagotables sorpresas. Una de estas sorpresas proviene, creo yo, del hecho de que Montaigne tiene una idea muy precisa de la insignificante posición que tiene el hombre sobre la tierra».

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  3. Siempre que alguien menciona a Pla,le recomiendo que lea "Les Hores (El pas de l´any) "- "Las horas" ( el paso del año)-, que guardo en edición de la Editorial Selecta de 1953 - en catalán -, herencia de mi abuelo .

    Por suerte hoy dia en Catalunya casi nadie le niega su talento literario. Un buen escritor siempre suele traspasar fronteras y tiempos pasados.


    Saludos,

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  4. Estupenda entrevista a Plá en YT, un gran poeta catalán es Follonosa , un Machado Punk con una garra de libertad que no se ve y del que pongo unos retazos de su poema Añoro
    Añoro todo lo que no tuve
    lo que tuve retuve
    y eso no me lo quita nadie
    añoro por ejemplo
    no haberme follado a Marta
    pensando mientras tanto
    que me follaba a su hermana
    y añoro esa muchacha
    que jamás he conocido
    que espera ansiosamente el amor mio
    y esa rayita y esa pastillita
    que no tomé contigo aquella noche
    me duelen los recuerdos
    por no haberte conocido
    ni amado ni violado
    en un confesionario
    quien pudiera haber gozado
    de la luna y de tus besos
    en aquel acantilado
    dentro de un cadillac rojo

    Follonosa es nuestro Ginsberg, literatura pura y dura sin edulcorantes ni conservantes
    Un salñudo

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  5. "No hay nada más cierto que la incertidumbre, y nada más miserable y más soberbio que el hombre".

    Máxima de Plinio, traducida y grabada por Montaigne en su biblioteca.

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  6. Pla : Cuando un pueblo tiene una pasión , la moral baja . Cuando das el poder a los virtuosos , todo el mundo se muere de hambre . Un político ha de ser vulgar . No soy del progreso sino del regreso y muy buena " el español es un hombre insatisfecho , históricamente insatisfecho y al catalán siendo español cientos de años le han dicho que puede ser un hombre satisfecho " ,

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  7. Los escritores favoritos de Plá son los 5 que lo son por antonomasia : Maquiavelo , Cervantes , Shakespeare , Goethe ,Tolstoi . Francia igual no tiene un escritor definitorio ¿ Dumas ? ¿ Hugo ? ¿ Valery ? , aunque en conjunto ha dado los mejores escritores , es cuestión del idioma . Muy difícil que alguien escribiendo en bretón , euskera , siciliano o catalán llegue a ser un escritor universal
    Sobre escribir dijo : para gustar al lector hay que escribir con ironía y no con perfección .
    Saludos

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  8. No sé bien qué cosa es exactamente "un escritor universal" (aparte de que la expresión me parece un tanto presuntuosa; creo que las bibliotecas de Marte, por citar algo aquí al lado, no son gran cosa). Pero, por ejemplo, en la antología de Francisco Rico titulada "Mil años de poesía europea", que incluye algo así como 75 autores de diversas lenguas, figura Ausiàs March, cosa que encuentro perfectamente justificada.

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