25 de octubre de 2014

Panal de todos los crepúsculos

CADA año nuestro amigo César Moreno va por estas fechas al huerto de su mujer, Luisa, y pone en una caja unas cuantas granadas, y las lleva luego a un transportista. No podemos decir que las esperamos, como no se esperan las golondrinas en primavera, pero si no llegaran nos asustaríamos y al cabo empezaríamos a preguntarnos qué había sucedido. Cuando llegan, y siempre logran hacerlo, no sé cómo, de improviso, la alegría que sentimos es de tal naturaleza que no puede encarecerse aquí. Y al abrirlas, volvemos, como todos los años, a abismarnos en el orden que viene siempre en cada una de ellas, panal de todos los crepúsculos, más hermosos que el trabajo de ningún orive.


4 comentarios:

  1. Magnífico artículo sobre Pessoa, hoy, en Babelia. Corto pero certero. enhorabuena.

    (Esperando ya encontrar pronto en las librerías su nuevo libro sobre Sancho Panza en América y otras suertes.)

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  2. El “evento consuetudinario” contra el hermoso trabajo de los orives: orífice, oribe, orive, ¡Uribe!, el interior izquierda del Atlético de Bilbao de la infancia, mucho mejor que el actual según parece. Aquel que empezaba por

    Carmelo;

    se defendía con

    Orúe, Garay, Canito;

    mediaba con

    Mauri, Maguregui;

    y atacaba con estos cinco delanteros:

    Arteche, Marcaida, Arieta, Uribe y Gainza.

    (Con cara de niño Uribe en su cromo.)

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  3. Cada granada guarda un rosario de muchos misterios.

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  4. Las granadas. Cofres donde se guardan los ojos de los dioses más antiguos. Del tiempo de las cataratas.

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