26 de agosto de 2011

Correspondencia

¿Nos disculpará que sean unas líneas de su carta, aun entresacadas, las que sirvan de entrada? ¿Nos disculpará si le decimos que nos hubiese sido difícil encontrar hoy nada cerca de nosotros, tan… cercano?
No rompemos nada publicándolas ni las rompemos. La intimidad es transparente, y pasa a través de las cosas, como la luz, sin mancharlas. Contra lo que se cree, toda intimidad es luminosa y nadie ve tanto del mundo como quien cierra tras de sí la puerta de sí mismo.

“Hoy he dejado los campos y los ganados para acercarme a un cíber y ver cómo va el mundo. He leído todo lo que he podido y me lo he pasado bien, hay un montón de cosas muy bonitas, de verdad, que no me importa no leerlas en papel normal. El resto del mundo lo dejo para otra ocasión.
(…)
“El verano, dentro de lo que cabe, se está portando. La enfermedad de mi madre avanza, pero curiosamente está siendo más llevadera (para nosotros, y también me hago a la idea de que ella sufre menos). 
“Antes en verano tenía mi puestecico, que era darles de comer a las vacas, que es una tarea muy agradecida. Pero este año se han comprado un tremendo carro alimentador que me ha dejado vacante. Ya ves que no paro de dar pasos atrás en la vida: se ve que no hay que subir muy alto para caer.
(…) 
“De las cosechas del campo: el maíz pinta bien y la cosecha de patatas, que empezaremos a recoger mañana, parece que va a ser buena.
“Por cierto, precioso lo del Libro de Yerbas.
 “Espero que las cosas vayan bien y especialmente para M.
 “Un abrazo, N.”

Querida N.:
Aquí van bien las cosas…
(El resto de la carta te llegará en un correo aparte, como suele llegar el otoño también).

3 comentarios:

  1. Manuel Cañedo Gago26 de agosto de 2011, 0:21

    A la inversa: hoy dejamos el cíber para, a través de esta extraordinaria carta, acercarnos a los campos y los ganados y ver cómo va el mundo.

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  2. "Acercarme a un cíber y ver cómo va el mundo..." y sólo ya en esa merma, en ese delicado encogimiento del cibercafé y de su realidad de maraña cableada y telectrónica, se vislumbra la extrema sensibilidad de esa voz, que hace de la telemática ventana al mundo, tan real, sí, como campos, ganados, maizales.

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  3. Estudié en Oviedo, donde frecuentábamos los amigos un bar de copas en el casco viejo, regentado por un marica.Después de trasegar varios combinados durante la noche, se acercaba a nosotros y nos decía:"A vosotros os quiero, pero Maxi,-un compañero-Maxi es divino".
    Así pensamos los que conocemos a N.,que no es de este mundo.
    Esperamos volver a verla en otoño, si pintan bien las cosas.

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