10 de agosto de 2011

Final con el que empieza el día (El canto de los pájaros)

¿Qué tiene el canto de los pájaros que nos embelesa pese a no haber en él una melodía articulada ni armónicos acordes, sólo una sucesión de finos cristales rotos? Ha quedado ya lejos el canto del ruiseñor, excepción de esta regla, y el de la oropéndola, demasiado breve, y jilgueros y golondrinas, tórtolas y gorriones, rabúos y cucos campean a su sabor todo el día como alegres tahúres que hacen sonar sobre la mesa azul del cielo sus monedas de plata, sin dejarse amedrentar por la camorra de las chicharras.
Cuando llegada la noche se recogen en sus nidos y ocupan su lugar los búhos, lechuzas, autillos y mochuelos con sus fúnebres cantos, y el sonido de los grillos y el de los piques sonámbulos de las ovejas, ensartados en el hilo que une las estrellas, nos preguntamos igualmente: ¿Qué tienen esos cantos nocturnos que nos abisman tanto tiempo, a qué puerta están llamando con su voz de madera?
Hace dos días nos acordamos de las golondrinas pinzadas en el cable, chiando al mismo tiempo. Nos hicieron pensar en un coro anárquico que ensayara por cuerdas.
Hoy al fin lo hemos comprendido. Los pájaros diurnos, las aves nocturnas, aliadas con grillos, con esquilas… ensayan todo el día, toda la noche, para sólo esos minutos de absoluto silencio con los que el mundo recibe a la aurora. Misterioso silencio, maravilloso e inconsútil silencio el de ese instante. Pocas cosas impresionan tanto como esos minutos de ausencia completa de cantos, de sonidos, de ruidos, la afinación de ese silencio, inalcanzable en cualquier otro momento, la maravillosa cadencia de ese acorde final con el que empieza el día.

5 comentarios:

  1. ¡Qué pena que Delibes se haya perdido su blog!
    Preciosa la foto,con esa caricia rosa entre la encina y el azul del amanecer.

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  2. Leyendo su hermoso texto no puedo por menos que recordar a Deleuze y Guattari y su tratado coral “Mil mesetas”. Uno de sus principales capítulos/mesetas está dedicado al “ritornelo”…

    En origen, la palabra "ritornelo" (en italiano, "ritornello", repetición pequeña) tiene que con un término de la música barroca. Sin embargo Deleuze y Guattari ampliaron esta noción para referirse a aquellas imágenes y sonidos que emplean en general los animales y singularmente los humanos para relacionarse con el territorio o algo que corresponde al territorio: “En un sentido general, se denomina ritornelo a todo conjunto de materias de expresión que traza un territorio, y que se desarrolla en motivos territoriales, en paisajes territoriales”…

    El término territorio en Deleuze-Guattari se refiere a valores existenciales, no sólo delimita el espacio de dentro del espacio de fuera sino que marca distancias entre Yo y el Otro, establece propiedades, apropiaciones, posesión, dominio, identidad. “Territorializar” es delimitar el lugar seguro, la casa interior que nos aísla y protege del caos exterior. Por otro lado, “desterritorializar” es salir de un espacio delimitado, romper las barreras de la identidad, del dominio dominado… “Hay ritornelos en el territorio, ritornelos que marcan el territorio. Pero también los hay cuando se quiere llegar a él, o cuando se tiene miedo a la oscuridad de la noche, incluso cuando se abandona (“adiós, me voy…”). Estas son ya tres posiciones diferenciales. Sucede, entonces, que el ritornelo expresa la tensión entre el territorio y algo más profundo, la Tierra”…

    Los territorios estéticos que componen los artistas, los escritores, su texto, por ejemplo, tienen la capacidad de hacer advertir –percibir es otra operación– lo invisible, porque tienen la capacidad de trabajar con lo virtual de las sensaciones. “Hacer visible… y no hacer o reproducir lo visible”, planteaba Klee. “Hacer visible” es una operación que se ejecuta en los límites de lo que vemos (escuchamos) y de aquello a lo que somos sensibles. En realidad lo que hace el arte, lo que ejemplifica la obra de arte, es un modo diverso de ver, oír, sentir la vida, la naturaleza, el devenir del universo...

    Ay, los artistas, con su poder de hacer visible lo invisible y ocultar, indistintamente, sucesivamente, fundidos… Nosotros, los que escribimos sobre ellos y sobre ello, al menos nos cabe la suerte de advertir sus anuncios, intuir sus sentidos y sin sentidos, rescatar ritornelos de nuestra memoria sensible, conjurar el silencio o el vacío con nuestras palabras…

    En 1995, a los 80 años, Deleuze se suicidó arrojándose por la ventana. Nada explicó, ni dijo ni dejó escrito. La muerte de Deleuze restaura el misterio de la muerte una vez más, también del silencio, de la ausencia de la palabra, de lo que no se puede decir ni conocer ni explicar (sólo cabe creer, confiar en las creencias)…

    Si un territorio no es un mero espacio físico sino un ambiente generado por códigos, anunciado por ritornelos… ¿el silencio es el ritornelo que anuncia el lugar de la muerte?... ¿Cuál es el ritornelo de un muerto viviente?

    Saludos desde el otro lado, bajo el volcán, en el ombligo del mundo…

    Pau Llanes

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  3. La hora azul, creo que la llaman. La nombraron, la reconocí y la respiro a menudo en la isla. Ese silencio por donde penetra la oscuridad o se desliza el día, crepúsculo y amanecer. Como si la noche no diera inicio a su canto hasta asegurarse que el día ya se durmió. Y al revés. El tiempo que se basta a sí mismo, sin acción ni cronología ni sonido donde expresarse.

    Un abrazo, hoy, desde la ciudad.

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  4. Puede que cada noche duden si amanecerá un nuevo día y alborozados lo festejen con su canto al comprobarlo.

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  5. Ensayar para el silencio de la aurora...
    Más hermoso no puede ser.
    Puedo decir que estas tardes extrañamente frescas,apenas sensitivo, me suelo sentar frente a los árboles donde duermen, para asistir al concierto de las 8.30.
    El canto de ir a la cama.Media hora de revuelo y después una leve nana que se funde con esos colores que sólo he visto en "La noche estrellada"

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