21 de agosto de 2011

Yo mismo y Shakespeare

Se ocupaba ayer Ángel Rupérez, reseñista de El País para poesía anglosajona, de algunas traducciones de los sonetos de Shakespeare, unas recientes, otras de tiempos más o menos pasados. Las reseñas de este crítico suelen ser breves, y eso le obliga a ser conciso. Ha habido tres clases de traducciones para estos sonetos, nos recuerda: las de aquellos que trataron de verter los versos de Shakespeare con metro y rima; las de aquellos que los tradujeron con metro pero sin rima,  las de aquellos que prescindieron de una y otro, y recurrieron al verso libre, y las de quienes los  tradujeron en prosa. Cita unos cuantos nombres, pocos, muy pocos, como conviene a una reseña corta. A algunos no los cita por falta de espacio, a otros, es de suponer, de modo deliberado. Cuando llega a uno de los apartados, el de los versolibristas, proclama quiénes han sido los más reseñables: “Juan Ramón Jiménez, yo mismo, Gómez Gil”. No se ha olvidado Rupérez de sí mismo, acaso porque se acordó de JRJ, cuya traducción de Shakespeare no deja de ser una anécdota microscópica y accidental en su macroespacio poético, como no podía ser de otro modo. JRJ sabía que la poesía de Shakespeare hay que ir a buscarla a cualquiera de sus obras de teatro mejor que en esos raros y perfectos sonetos suyos que, como nos dice Carlos Pujol, uno de sus mejores traductores (al que Rupérez no cita, por cierto), acaso sólo aspiren a “ser ingenio y música verbal” y “ganas de lucirse, vanidad de poeta muy bien dotado que sutiliza hasta el delirio lugares comunes y se envuelve en una hojarasca picante y manierista al gusto de la moda de entonces”. ¿Qué los ha hecho tan célebres?, se pregunta, no obstante, Pujol: su misteriosa publicación, su misterioso destinatario, el misterioso prestigio de los amores desordenados de los que se ocupan sus muy ordenados metro y rima y, claro, su belleza formal, origen, no obstante, de tantos misterios.
Naturalmente cuando Rupérez se ha dado cuenta de que el hablar de los traductores (“Juan Ramón, yo mismo, Gómez Gil”), se ha llevado toda la reseña, ya es demasiado tarde y la reseña se le ha vuelto a quedar una vez más demasiado corta: ha de dejar a Shakespeare para mejor ocasión. Tal vez se tratara de eso, pero siempre podrá decir que en los periódicos no le dan mucho espacio a la poesía.  

2 comentarios:

  1. Habla Rupérez, por cierto, de 'Mújica Laínez', por Mujica Láinez —lo cual es como si a él lo llamaran Ruipérez; o Ruibarbo.

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  2. La reseña es unguento narrado por un ilota lleno de ruido y de furia que sólo significa una cosa: yo mismo con mi mecanismo.
    Saludos

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