9 de agosto de 2011

Madreselva

HABLA Bécquer en la segunda de sus cartas desde la celda de Veruela, de “la memoria del olfato, memoria extraña y viva que indudablemente existe”, al verse asaltado por el olor a tinta fresca del periódico de Madrid que le llega cuando tan lejos está de esta ciudad. Otros antes hablaron de la memoria del oído y otros hablarían después de la memoria del gusto. El olor de la tinta y del papel, desvaído, nos dice el poeta, llega a imponerse a la ineludible y poderosa fragancia de las flores de la pradera donde ha recibido ese periódico. En realidad parece sugerir que aunque el olor de la tinta de imprenta está ya debilitado, no le ha impedido sin embargo traer hasta su memoria, con fuerza arrolladora, un tropel de recuerdos: la vida de la corte, los teatros, los cafés, la redacción donde sus amigos tratan de cambiar el mundo…
El perfume desleído de esa ramita de madreselva que está en su vaso de agua ha traído a nuestra memoria el perfume de esa misma madreselva el primer año que dio flor, a poco de ser plantada, hace ya de eso un cuarto de siglo. Esa fragancia apenas es un acento en el aire, y pese a su brevedad, pese a su fragilidad (en cualquier momento tememos vaya a desaparecer durante otros veinticinco años), sentimos que ha tensado algo como un arco, uno de cuyos extremos se sitúa, sí, hace veinticinco años y otro ahora, ahora mismo. La cuerda tensada es el perfume, pero a diferencia de la flecha que el arquero lanza hacia delante, hacia el futuro, esta del delicado perfume de madreselva ha lanzado nuestra memoria hacia el pasado, hacia ese momento de pureza en el que plantamos aquel mínimo esqueje que estaba a su vez prefigurando este momento, del que nada, claro, podíamos saber.
(Foto: Las Viñas, 2011. G.T.)

1 comentario:

  1. ...o ese latigazo que nos sacude en medio de la calle, cuando el olor fugaz de un extraño nos evoca todos los recuerdos de aquella persona a la que tanto amamos hace tanto tiempo y que ya no sabemos ni tan siquiera que aroma puede desprender ahora. Es en ese momento en el que sabemos a que huele la melancolía.

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