19 de marzo de 2012

El juez juzgado, condenado y absuelto

No resulta fácil tener una idea ponderada de las cosas, y esto no es sólo privativo de los españoles. Pasa en todas partes. Encarcelaron a Vera y Barrionuevo, secretario de Estado y ministro socialista, respectivamente. Felipe Gon­zález, el ex presidente de Go­bierno que los había nom­­­bra­do, acu­dió a la puerta de la prisión el día que iban a entrar en ella condenados por su papel en la guerra sucia contra Eta. Algunos interpretaron su presencia allí como un “Me parece bien lo que hicisteis en su día, a saber, secuestrar y torturar secretamente a los terroristas; no hicisteis nada diferente de lo que hacían ellos a la luz del día, y esto le pareció bien también a una buena parte de los españoles, incluidos aquellos de la derecha que se han aprovechado de tales conductas para desalojarme del poder, y me parece mal lo que hacen ahora los jueces enviándoos a la cárcel; ah, y gracias por vuestro silencio”. Uno de aquellos jueces era Baltasar Garzón, que hace unas semanas fue condenado en parte por razones no ajenas a aquel proceso y en parte porque el camino hacia la verdad y la justicia no admite atajos ni sobrepasar el límite de velocidad. 

En muchas partes se ha dado a entender que tras la unanimidad de los siete jueces que han condenado a Garzón había una oscura trama conspirativa, insinuando que se habían puesto de parte de los corruptos. ¿Pero no podremos preguntarnos si el Estado de Derecho es o no  incompatible con la idea de que el fin justifica los medios? 

A esa causa siguió otra. Como espectáculo podría estar bien desenterrar a Franco y a sus ministros, sentarlos en el banquillo y desposeerles de la victoria en la guerra civil por genocidio, como se le desposee a alguien de un triunfo olímpico por dopaje. Nos conformaríamos incluso con menos: con conocer toda la verdad sobre la guerra, y eso es más o menos lo que pretendía Garzón aplicando a unos delitos atroces el “tipo penal de genocidio” que no existía cuando se cometieron, sólo porque ese era el único modo de no darlos por prescritos y poder juzgarlos. Esto lo sabía él, porque conoce la ley, y lo sabían los magistrados, que proclamaron su error en la sentencia que lo absolvió. 

Uno cree, como tantos, que Garzón ha sido un gran juez cuando acertó (siempre le deberemos el caso Pinochet y la importante concienciación social sobre las fosas del franquismo, un punto de no retorno en ese asunto), y se le recordará por ello, y quizá menos cuando se despeñó por sus propios atajos e instrucciones, y también se le recordará por ello. Es, sí, humano errar, pero la ley está para que se cumpla, y si no hay leyes apropiadas, han de cambiarse o hacer otras nuevas. Se ha dicho que podrían  haber sido más benévolos con él. ¿Habrían podido? Un conductor puede creer tener buenas razones para sobrepasar el límite de velocidad en una carretera. Siempre hay excusas. El radar sin embargo lo pilla. En ese caso, ¿puede hacer la guardia civil otra cosa que multarle? ¿Se entendería que no lo hiciera? Saber que el Estado de Derecho hará cumplir la ley da tranquilidad, o debiera, sobre todo, a quienes no la infringen, porque todos preferimos llegar a la verdad y la justicia un poco más tarde, a quedarnos por el camino.
    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 18 de marzo de 2012]
El Rastro, 18 de marzo de 2012

9 comentarios:

  1. Lo malo es que mientras la Guardia Civil nos multa en el arcén por sobrepasar en 10 Km/h el límite de velocidad, pasan doscientos niñatos borrachos haciendo eses a los que no se persigue, porque es muy cansado y peligroso.

    Un saludo.

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  2. Cartas al director, El País. (1-5-2010):
    José Luis Felis García en su madurez como jurista accedió a la profesión de Juez: Al comentarle mi sorpresa por su decisión me ilustró con lo que había comentado un juez argentino sobre su oficio: "¡Es una profesión macanuda: ayudas a tus amigos, jodes a tus enemigos y con el resto...haces justicia.

    Siento no haber anotado el nombre de quién escribió la carta.

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  3. El origen del desenlace del caso Garzón, como bien apunta, no puede entenderse sin en el caso GAL. Tengo entendido que en el plano profesional ha sido un magistrado con múltiples defectos de orden técnico. En todo caso si no hubiera habido una decisión implacable en sus propias filas de los de entonces para acabar con su carrera, no se hubiese llegado a este final. Ha habido ariete/a en el CGPJ trabajando años con este propósito. Hay actuaciones en la propia tribu que no se toleran. Y no necesariamente las mas graves. La semana pasada al marido de la señora Cospedal, en la otra tribu, que iba a acceder a una canonjía no tardaron ni dos horas en triturarlo. No hubo necesidad de presión mediática o política. Lo hicieron papilla.

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  4. las idas y venidas sin solución de continuidad de la judicatura a la política y viceversa, en los más altos escalafones de ambas siempre, me parece de difícil presentación; la desaforada búsqueda de notoriedad que es ya de pretensión universal -continuará, asegura, hasta acabar con las lacras que laceran a la Humanidad- y que pasa por cenorrios con Mr Kissinger y cartas al querido amigo Botín, sus arreos de abatemuflones junto a ministro, fiscal y superpolicía, creo que empañan un poco el Nobel de la Paz que entre Zapatero y él allá andaba, hasta que Obama, como en la fábula aquella, se lo arrebató. Tiene aún tiempo, eso sí, pues son su juventud y su lozanía insultantes, desde luego.

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    1. Sí, hay lacras que laceran a la humanidad, a personas incluso. Que se intenten combatir, aunque quien lo haga busque con ello la notoriedad, (¿quién nos asegura que el "garantismo" no puede utilizarse para encubrir otros vicios?)no me parece nada mal.
      ¿Y qué hubiera pasado si este juez se hubiese defenestrado (o hubiese sido defenestrado)por cuenta de alguno de esos procesos relacionados con Eta o con su entorno? ¿También la señora Esperanza Aguirre, por ejemplo, hubiese mostrado tan abiertamente su alegría?

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  5. Sólo una pregunta. La decisión por la que han condenado aljuez (la de grabar las conversaciones de los acusados del Gürtel con sus letrados, si no me equivoco) es cosa autorizada para casos de terrorismo. En la propia instrucción del caso (y repetidamente fuera de ella) se ha discutido, y se sigue discutiendo, si es legítimo ampliar ese campo hasta una actuación como ésta. Si la respuesta es negativa, Garzón se habría equivocado. ¿De veras cree legítimo AT, o alguien, acabar sin más con la carrera de un juez porque hubiera cometido (lo que, repito, es discutible, y de hecho se discute) lo que en todo caso sería un error, nunca un delito? ¿Y eso habiendo además por ahí no pocos casos de jueces que han cometido barbaridades mucho más graves, presuntamente delictivas incluso (no como en este caso), y que siguen siéndolo sin problemas? A mí me parece obvio que en este caso se ha ido no a por un delito (que por lo demás, y como ya he dicho, no existe: in dubio pro reo -en la duda, hay que fallar a favor del acusado- es un viejo principio básico del derecho), sino a por una persona. Y que el motivo por el que se le condena sólo es el pretexto del que se ha echado mano para el caso.

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  6. Sorprendente su análisis de lo "ocurrido" con Garzón. Pasa por alto (imperdonable, si me lo permite, en usted) las "novedades" introducidas por el juez en la instrucción, como por ejemplo, reconducir los escritos de una parte de la acusación particular para que dijeran lo exacto que debía decir, hecho este que invalidaría el prodedimiento, o las prisas por "ajustar todo" en un tiempo record, o...
    En cuanto a la parábola del radar para sustentar lo suyo, me parece que el día que escribió el artículo desantendió usted un rato su sentido común.
    Dice usted que sí, que es de humano errar. Yo le pregunto, ¿y si los que se han equivocado son los que han condenado a Garzón, quién lo remedia?



    Uno de la Judería

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    1. ¿Quién lo remedia? La primera y única vez que asistí a un juicio en calidad de acusado, la juez que no tenía ni idea, como luego se demostró, le negaba a mi abogado todo lo que pedía y entonces éste le dijo: No olvide señoría que por encima de usted hay instancias superiores. Y así ocurrió, la juez fue corregida por la audiencia; por conceder al demandante ¡Algo que no se le había pedido! En lo fundamental la juez me había dado la razón.
      El abogado sabía mucho más que ella, pero al final el pringado que pagó la consecuencia del error fui yo.

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  7. Por supuesto que podrían haber sido más benévolos con él. Simplemente con que le hubieran multado, como hacen con los que nos saltamos, no en demasía, los límites de velocidad. El delito de prevaricación es el delito más grave que se le puede imputar a un juez. Y cosa curiosa, en tres ocasiones y en un corto periodo de tiempo le han procesado de forma harto discutible.

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