17 de marzo de 2012

El tesoro del pajarero (1)

ENTRE todos los oficios como se trajeron aquí hace unos días, no figuraba el de pajarero, habiendo conocido a uno, cuando yo era niño, que se ganaba la vida cazando los pájaros y vendiéndolos por los bares, si los traía muertos, y en su tienda, si eran vivos.
De cuantos animales hacen compañía al hombre entre las cuatro paredes de su casa, acaso sea la del pájaro en su jaula la más humilde de todas, la mínima expresión de compañía. A diferencia de lo que ocurre con gatos o perros, a los que acariciamos, a los que a menudo permitimos que duerman en nuestros regazo o a los que confiamos nuestros sueños, hablamos con los pájaros a través de los barrotes de su jaula y sólo los tocamos, el día en que, hallados muerttos, los sacamos para envolverlos en una hoja de periódico.
Pero en pocos lugares es más feliz un pájaro que entre las páginas de un libro. Se diría que son las líneas de palabras los únicos barrotes que no detienen su vuelo, y así no es nada extraño comprobar que en cuanto cerramos un libro en el que se habla de ellos, los pájaros se ponen a volar de un sitio a otro como en una de esas pajareras tan grandes que caben en ella toda una caravana de camellos.
Así me ha ocurrido una vez más leyendo este Tesoro del Pajarero o arte de Cazar con toda clase de redes, liga, reclamos, lazos y demás armadijos, seguido del modo de criar, enseñar y curar a las aves menores de pajarera o canto, obra recopilada por una sociedad de cazadores de Madrid, y publicada en 1858 en la imprenta de don Ramón Campuzano.
                                                                            (Continuará)

Las estampas que ilustran este asiento y los que vendrán del mismo asunto son litografías originales de las Obras de Buffon editadas en Barcelona entre 1832 y 1835.

4 comentarios:

  1. Esperamos ávidos la continuación de tan sutiles artes en redes, lazos y añagazas. Mientras tanto el libro lo podemos leer en http://bibliotecadigitalhispanica.bne.es

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  2. las golondrinas hicieron su nido en una viga del techo; éramos entonces como dos familias compartiendo casa, cada una con sus rutinas.Cuánta compañía me hicieron.

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  3. por eso quizás se decía tanto antes eso tan gráfico y sutil de "tengo la cabeza llena de pájaros", no los de Hitchkock, claro, incomparable con el vulgarote hodierno del "es que me dió el punto y..."
    saludos

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  4. Manuel Cañedo Gago17 de marzo de 2012, 11:41

    Esta entrada me ha traído a la memoria aquella otra del mes de octubre, de pájaros y poetas, y también la foto que la acompañaba, en la cual aparecían cuatro pajareros "cautivos ya del tiempo". Qué injusto fue prohibir la venta en el Rastro de "aves de fantasía", que es como llaman los vendedores a los pájaros criados en cautiverio. Adónde habrán ido a parar aquellos modestos comerciantes a la intemperie, en calle cuyo nombre nos sugería a un religioso cuidando de sus pajarillos: Fray Ceferino González. Que san Frutos, patrón de los pajareros, los ampare.

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