22 de junio de 2013

Del humor

SE han cruzado días pasados entre un lector y yo algunos comentarios a propósito de la naturaleza de lo cervantino y lo quevedesco, y las cojeras, en la entrada sobre los diarios de Rosa Chacel.
Ha dicho uno alguna vez que la diferencia entre Cervantes (manco) y Quevedo (cojo), es que el primero se rió con los mancos y con los cojos, y el segundo de cojos y mancos.
Pero no sólo; acaso la diferencia entre el humor del primero y el sarcasmo del segundo estribe en que el humor es algo limpio y sabroso, como el agua, y el sarcasmo tiene siempre un poso avinagrado, a lo que no es acaso ajeno el hecho de que se haya visto desde la antigüedad a los cojos, pero no a los mancos, como objeto de burlas.

El Rastro, 5 de mayo de 2013. Alas negras.

9 comentarios:

  1. Burla es degeneración del humor.

    "Nada en este mundo es digno de burla" (MACHADO)

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  2. ¿Qué pijo es lo de la foto? ¿Lo vendían así, Andrés?

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    1. La verdad, no sé ni se me ocurrió preguntar. Era lo que se ve y daba un poco de grima, como si las plumas estuviesen llenas de piojillo. En el Rastro tanto como lo que uno busca, es bueno por lo que uno ve pasar, aliviado de no tener que llevárselo.

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    2. Pero no dejaste pasar la foto, ¿verdad? Bien hecho. Un saludo.

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  3. Voy a untar con tocino mis versos, gongorilla, para que no los muerdas...algo así decía Quevedo en su soneto contra Góngora. El sarcasmo de Quevedo y el vinagre. En éste caso es simpático y ocurrente, pero ataca al hombre por lo que es, no por lo que piensa o lo que escribe. Es un verso reflejo del antisemitismo y de una jerarquía, la humillación del cristiano viejo al converso, por lo que es, que no lo olvide. En la prensa española, o cierta prensa española es un clásico la burla y la caricatura del físico de las personas cuando se supondría que debiera haber argumentos, ideas, inteligencia, pero muchas veces en los artículos se recurre a ese tipo de descripción de humor malo o mal humor. Es una manera vulgar y muy populista de buscar audiencia, rebajando para desviar la atención. El mal humor, la burla entendida también como frustración del que ataca a alguien por lo que es físicamente, o lo animaliza para desde esa trasmutación deshumanizarlo y ya poder permitirse todo. Creo que es un problema con la idea de la libertad y el uso del lenguaje muy primitivo. No se confrontan ideas, muchas veces se trata de denigrar a la persona; si es hombre, y es calvo, seboso y bajito, o cojo, o narigudo; si es mujer y es fea, o gorda o vieja, o todo junto. Quizás por ésto en España los políticos tienen que ser guapos, con el bigote de Aznar, hemos leído 'reflexiones' increíbles. De ópera bufa, porque no es prensa satírica, es la prensa "seria". Es en la crueldad que llega la admiración y en una idea del valor muy desproporcionada, la burla desde la tribuna y muchas veces contra quién no puede responder no tiene ningún valor, más bien es vergonzosa. Creo que el problema del humor es profundo y más que de inteligencia depende de la idea y el ejercicio de la libertad, de lo que podemos hacer y permitirnos con nosotros y con los demás. De sensiblidad y de humanismo.Dirán que si no se puede uno burlar de la cojera, la bizquera o la panza o la calva, o la fealdad es la tiranía de lo políticamente correcto, pero si en un debate se ataca a una persona por un defecto físico, o una característica física que no tiene por qué ser defecto, es evidente, la fragilidad de quién usa éstas maneras.

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  4. Ícaros chamuscados abandonando las alas negras en uno u otro Rastro. ¿Todo el mundo tratando de salvarse siempre de lo mejor? Qué rollo.

    En fotos, de solapas o cuerpo entero, charlas, vídeos o vidrios… “bello, la dolce voce, il dolce riso...”, nunca tiene usted mala pinta, amigo Trapiello; nada surrealista parece. Pero esa vena fácilmente se la encuentra el Rastro. Y si él lo ve surrealista también lo será usted de acuerdo con su propia teoría: “en el Rastro sólo vemos lo que nos mira”.

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  5. ¿y los hermanos Calatrava dónde quedan en la historia del humor?

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  6. No hay que olvidar que Cervantes era manco por Lepanto y que por tanto tenía el consuelo, sino el honor, de ser un herido de guerra que participó en una gloriosa batalla. O eso al menos dice el mismo.
    Quevedo me da la impresión de que padeció las burlas del medio en que se movía. Especialmente de las mujeres. No es extraño que se le agriara el carácter y que junto al tal vez más grande poema de amor escrito en castellano aparezcan letrillas satíricas sobre putas de la corte y bujarrones engalanados. Me parece justo y lógico su desahogo.

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  7. La inevitable jocosidad que los cojos despiertan no es tanto por el defecto físico (que tengan una pierna más larga que otra) sino por los andares que llevan. Un cojo sentado es un cojo sin gracia.

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