29 de junio de 2013

El buque fantasma (1992)

APARTE de que a algunos se les atragantara de esa novela que se dijese en ella que habían hecho más por los parias-del-mundo-uníos las hermanitas de los pobres y demás monjitas de la caridad, que todos los soviets juntos, aparte de eso, creo que molestó mucho su desafortunada y fea cubierta, encargada a una agencia de publicistas. En ella se veía a Lenin sacando la lengua. Más que una lengua parecía un pimiento del piquillo. Yo creo que habría sido mejor esta que se reproduce aquí, que hice yo por mi cuenta, sin que nadie me la hubiese pedido y que rechazaron acaso sólo por eso. No es gran cosa, pero era más divertida, aunque sólo fuese para molestar a los del PCCh, aún en el poder. (Las tipografías, ni que decir tiene, venían impuestas, quiero decir que eran las habituales de aquella casa). 
Acaba de aparecerle a uno en una carpeta con papeles viejos. La creía perdida. Estaba hecha a partir de la foto de un guardia rojo interpretado por un bailarín de la Ópera de Pekín (folleto oficial), y las piernas de una vedette norteamaricana, para no salirnos del mundo del espectáculo. Los colores del guardia rojo eran de revista porno años sesenta, en cambio las piernas de la vedette eran, cómo decirlo, de lo más convincentes.


6 comentarios:

  1. Escuché una vez la siguiente anécdota, no se si cierta o inventada. En Sevilla presentó este libro en el pub Abades Jesús Aguirre y a lo largo de la presentación el personal se dio cuenta de que el duque consorte no se había leído el libro y se le bautizó como 'El duque fantasma'
    Saludos

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  2. Todo ello es cierto, y contado quedó en alguno de los tomos del Spp. El que Aguirre hiciera preceder su presentación de los primeros compases de El holandés errante y el que lo viéramos zozobrando en una intervención en efecto errática, nos hizo patente a todos que el hombre hacía agua por todos lados. Eso no obstó para que se mostrara después simpatiquísimo con todo el mundo, incluidos yo y la flor y nata de la aristocracia y tauromaquia sevillanas, que lo habían acompañado hasta allí. Lo del "duque fantasma" no lo había oído nunca. Eso ha debido de circularlo algún amante de hacer juegos de palabras y de gustarse haciéndolos. Ahora, uno siempre le estará agradecido a Aguirre que quisiera presentar aquella novelita que se anatemizó desde el principio, y que no la hubiese leído y todo lo demás, porque gracias a todo ello aún podemos acordarnos de aquella tarde, cosa poco probable si el duque hubiese leído la novela y hubiese hecho de ella una presentación más o menos canónica, pero anodina.

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  3. Mucha gente habla de libros sin haberlos leído, diciendo vaguedades, lugares comumes, referencias de suplementos, etc. Es una costumbre un poco ridícula pero a veces emocionante. Si alguién dijo que los recuerdos se pueden inventar, también los libros no leídos se pueden comentar y uno habla de oídas.

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  4. Sinanonimus molestandi29 de junio de 2013, 23:17

    Leer su comentario sobre esa presentación me ha devuelto a lo que fue una tardenoche divertida, aunque puedo imaginar que para usted no lo fue tanto. Asistí a la presentación acompañando a un poeta y amigo y con la curiosidad perpleja de uno que también fue chino. Estuvimos toda la velada bromeando sobre la descabellada intervención del Divino Duque (y también sobre su trato amabilísimo) y puede atribuírsele con toda propiedad la invención del "Duque fantasma" al poeta sevillano, al que ese día vi reir con todas las partes que aún conservaba vivas en su maltrecho cuerpo.

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  5. Al hilo de este post, Sr. Trapiello, ¿para cuándo una reedición de La malandanza? En mi caso yo empecé a leerle desde Días y noches, y después pude leer El buque fantasma en su edición de bolsillo, ya que cuando lo busqué la primera vez ya estaba descatalogado. Tengo la sensación de que muchos de sus lectores se lo agradeceríamos.

    Un saludo,
    Enric

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  6. Un ser andrógino como síbolo del mal. Es hombre y mujer, (el ying y el yang), es el oriente y el occidente. La guerra fría con la propaganda y la polarización hizo creer a muchos que la hegemonía industrial dada por el desarrollo tecnológico y el talento innovador de los Estados Unidos formaba parte del mal, pero a pesar de ésta interpretación ideológica siempre fue más divertido y hermoso ver bailar a Ginger Rogers o a Cyd Charisse que soportar una tabla gimnástica china, coreana o rusa o ver saltar a Amstrong sobre la Luna.

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