16 de junio de 2013

Ramper, graciosísimo excéntrico

UNO de los mayores atractivos de los libros viejos, acaso el que los hace superiores a los nuevos, es el de traer consigo la vida de aquellos que fueron sus lectores. 
Unas veces es un nombre, una fecha, una flor, un recorte de periódico, un billete de banco (aún recuerda uno la impresión que me hizo encontrar en un libro un billete de mil marcos de los años de la inflación que dio origen al nazismo), un billete de tranvía con un itinerario de una línea desaparecida y el precio en una moneda que dejó de circular hace ya muchos años... Otras veces el regalo viene en forma de un subrayado, aquella frase que alguien encontró importante, inteligente, providencial acaso y balsámica. Otras veces cierto vestigio, un cabello o la ceniza de un cigarrillo, parece traernos a nuestra presencia, convocados como en una sesión mesmérica, la persona a la que perteneció ese cabello o que dejó caer sobre el libro la ceniza, vencida por el sueño.
No sé cuándo ni dónde me apareció este pequeño recorte. Sin duda Ramper, célebre payaso, hizo pasar agradables momentos a quien lo recortó de un periódico. ¿Sería tan gracioso como se asegura en él? A uno le gustó la palabra excéntrico, que se empleaba para los artistas de circo (los actores de teatro eran cómicos y payaso tal vez le venía corto a esta clase de showman), y por esa razón lo he conservado en una de esas carpetas que se van llenando de cosas absurdas, frágiles y excéntricas que tuvieron también su gracia, y que no dejan de amarillear cada día que pasa.


4 comentarios:

  1. “¡Hagan corro, señores! ¡Hagan corro para ver al hombre de goma, que se retuerce aunque no coma! ¡El hombre bisagra, al que se le doblan las magras!…”

    Ramper actuando según el blog al que usted remite. Mismas rimas en otro cuyos comentarios (año 2011) recogen dos "acciones" de Ramper, ¿inverosímiles? De Diógenes en el circo buscando con un farol una paz honrosa, y con serrín y un cuadro de Franco en el tan rendido Madrid de posguerra.

    “Soy Francisco, de 1925,al final de la guerra civil en el escenario que actuaba salia contando un chiste y le metieron en la carcel, por ello. El chiste , salia a escen a con mucha basura , y le preguntaba el publico, ¿pues salia con un farol Ramper que buscas ,y el contestaba, La PAZ honrosa ? y esto no gusto y le metieron preso.”

    “Me llamo Felisa y nací en el año 1926, aproximadamente con 15 años, en plena postguerra (hacia 1940), tuve la oportunidad de verle actuar en un teatro de Madrid, cuyo nombre no recuerdo, salia Ramper al escenario con serrín en una mano y un cuadro de Franco en la otra, esparcia el serrín por el escenario diciendo «serrín de Madrid» (se rinde Madrid) «y a este le vamos a colgar» (señalando el cuadro de Franco), provocando fuertes aplausos entre el publico.

    Sirva este recuerdo como homenaje a su memoria. Saludos.”

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  2. Google permite ahora rastrear qué fue de algunos nombres que uno encuentra en una publicación antigua.

    En el tebeo “Pumby” de hace un montón de años aparecían las fotografías de algunos niños y en el pie de foto explicaba lo que querían ser de mayores. La niña Patrocinio Cordero, que quería ser artista de cine, terminó siendo buscada por el juzgado número 13 de Barcelona y quien ha investigado supo que se casó y encontró también su esquela y la de su marido muerto años más tarde y casado en segunda nupcias. El enlace a la entrada del blog donde encontré todo esto puede verse pinchando sobre mi nombre, aunque yo no soy el autor de ese blog.
    Supongo que la compasión que nos inspira encontrar cosas así es la que sentimos hacia nuestra propia vida. Un día nosotros seremos ellos.

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  3. Hace un par de años compré en Sant Antoni una edición de 1969 de 'El quadern gris', que lleva subrayada una única frase (en un libro de 818 páginas): 'La recalcitrant bronquitis de la tía Lluïsa se li acentúa notòriament'.

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  4. Estos cómicos, payasos ambulantes, viajeros a ninguna parte eran relativamente abundantes en este país hasta los años 60. Los retrata muy bien Mariano Tudela en su novela "Techo de lona". En el pueblo de mi madre todos los años por las fiestas de la matanza aparecía uno montado en una bicicleta que era su taller de afilador y cuando acababa el mercado en la plaza montaba un "Circo de pulgas" que finalizaba con una receta para acabar con esta plaga. La fórmula era la siguiente:
    Cogi li pulgi
    abri li boqui
    échale polvi
    cartili morti

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