25 de junio de 2013

Dos noes



NO sabemos por qué razón siendo muy superior el número de lectoras respecto al de lectores, el de buscadores de libros viejos es infinitamente superior al de buscadoras de libros viejos. ¿Hormonas, educación, naturaleza, cultura? En todo caso a los varones, al menos a los que buscan libros viejos, el polvo, los hongos, la mugre congénita que traen consigo los libros viejos suelen importarles mucho menos que a las mujeres. Y cuando aquellos se mueren, suelen las mujeres de estos, en su papel de viudas, vender sus bibliotecas, contribuyendo de ese modo a que la rueda siga girando y alimentando las fantasías de tantos a quienes poco importa el polvo, los hongos, la mugre congénita que traen consigo los libros viejos.
* * *
NO deberíamos hablar de los premios, al menos con los desconocidos, como tampoco de las enfermedades. Hablar de los que le han dado a uno es una cosa bien triste, porque entonces raramente nos acordamos de lo que decía Cervantes: que “el primero siempre se lleva el favor o la gran calidad de la persona y el segundo la mera justicia”. Y de los que les dan a los demás es algo todavía más triste, precisamente por ser esas palabras de Cervantes en las que solemos pensar en primer lugar, antes que en cualquier mérito.

El Rastro, 5 de mayo de 2013

14 comentarios:

  1. Penetrante reflexión psicológica la segunda. Digna de figurar en uno de sus diarios. ¿Cómo hace usted para separar y decir esto lo llevo al blog, esto lo dejo para el diario?

    A mí me deja confusa la experiencia de descubrir el retorcido modo en que los hombres son ególatras, egoístas y egotistas. Por cierto esa última palabra la aprendí en uno de los diarios y le agradezco la enseñanza. Dije que me confunde pero debí decir que me produce tristeza. De niño me eduqué en una visión angélica del ser humano y cuando con la edad vas descubriendo como somos parece que no hubiera más remedio que sentir desprecio por nuestra naturaleza.

    Volviendo a su reflexión -el distinto filtro con el que juzgamos nuestros méritos y los ajenos- algo similar sucede cuando a alguien le preguntan si se deja influir por la publicidad. En general la gente lo niega, pero todos sabemos ver el modo como la publicidad influye en los otros. Y lo mismo con la envidia. Es fácil verla en los demás y no reconocerla actuando en nosotros.

    ¿Siguen siendo amables los seres humanos pese estas miserias? ¿Habremos de caer en un amargo cinismo que aún nos haga peores?

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  2. Como he leído los volúmenes antiguos antiguos de sus diarios hace muy poco, siendo usted ya un escritor reconocido, cuando encontraba sus invectivas contra los académicos –contra el hecho mismo de ser académico- me preguntaba ¿qué sucederá el día –quizás cercano- en que sean sus amigos -o él mismo- quienes sean nombrados académicos? ¿Serán entonces tontos y vacuos los académicos del pasado e inteligentes y profundos los actuales?

    Supongo que se ve la relación –aunque no sea directa- con la reflexión que hace usted hoy.

    Y me acordaba también de otra reflexión suya. No podría encontrar dónde y cito de memoria pero es algo así como quien rechaza un premio lo acepta dos veces. En difícil tesitura estaría si un día proponen su entrada en la Academia.

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    1. Tiene uno algunos amigos en la Academia y seguramente habrá alguno más con el tiempo, y para ellos está bien, si creen que allí se les necesita. No son por ello ni peores ni mejores amigos. En cuanto a uno, ¿qué puedo decirle? Si algún día algunos de los que están allí le propusieran hacerles compañía (cosa que no ha ocurrido hasta hoy y que, sinceramente, no ocurrirá nunca, si algo conozco yo este mundo), se lo contaré. Pero, desde luego, sé que no me haría mejor decir que sí ni tampoco lo contrario. Creo, y he creído siempre, que académicos es mejor que lo sean otros. Ahora, me intriga cuando alguien, como usted ahora, supone que lo seré un día, pues eso quiere decir que ha visto algo académico a lo que hago. Y sólo eso debiera servirle a uno para intentar descubrirlo y corregirse a tiempo.

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    2. Exquisita ironía la de las dos frases finales.

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  3. Las mujeres son más lectoras, sí, pero no de libros de Literatura. Quizá esa sea la razón. Porque lo que buscamos los hombres en las librerías de viejo son precisamente ese tipo de libros. Mi enhorabuena por Miseria y compañía. Me tiene usted atrapadísimo, amigo.

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    1. No sé si estoy de acuerdo con usted. Yo creo que lo que más leen las mujeres es precisamente novela. Ahora, si es novela buena o mala, esa es otra cuestión.

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    2. Con la expresión 'libros de literatura' no me estoy refiriendo a la novela, obviamente. Novela es lo que más leen, claro está.

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    3. LAS PALABRAS de verdad y en verdad no se quedan sin más, se encienden y se apagan, se hacen polvo y luego aparecen intactas: revelación, poesía, metafísica, o ellas simplemente, ellas.

      M.ZAMBRANO

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  4. “ZAPATO NEGRO, MEDIO TACÓN, DE LA TUMBA DE DOÑA AMALIA, RECIENTEMENTE DESALOJADA DE LA SACRAMENTAL DE SAN LORENZO Y SAN JOSÉ”. Traducción completa de todos los garabatos de la persiana metálica (en la foto solo sale el que significa ‘SACRAMENTAL’). Menos algún valiente, conozcan o desconozcan el idioma de la persiana, todos los paseantes echan un vistazo al resto de las prendas y huyen.

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  5. La supuesta bailarina de flamenco es quien parece que ha huido. Los zapatos, además, claramente son dos: el otro se vislumbra tras la manga del abrigo. Zapatos que tienen gomilla para sujetar el empeine y mantenerlo bien firme durante el frenético taconeo. El resto de la ropa no es muy coherente con el calzado, pero parece que ahí está la gracia y el misterio, habida cuenta de que estamos en el Rastro, lugar de prodigios e instalaciones de todo tipo.

    Y ya casi parece que podemos tener un esbozo de argumento para un "libro de literatura", escolio filosófico o poema zen, que los géneros literarios son múltiples y variados, sobre todo para alegría de las mujeres, más lectoras y listillas que los hombres, según fidedignas y sagradas estadísticas.

    ¿De la génesis del polvo puede decir algo este poema?

    AÚN si las flores del melocotón
    quisieran sobrevivir al verano
    la luna y el viento no esperarán.
    Si yo tuviera que buscar
    a los hombres de Han,
    ni a uno sólo encontraría vivo.
    Mañana tras mañana,
    las flores palidecen y caen.
    Año tras año,
    la gente avanza y cambia.

    Donde ahora se arremolina el polvo,
    antes hubo un gran océano.

    HAN - SHAN

    Puede ser este polvo, ya lavado, el que cubra los viejos libros, en cuyo caso...

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    1. Todo es Marte y hoy es martes, para qué quitar el polvo… Ni hace falta que lo laves.

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  6. Algo tiene el ir de librerías de lance del ir de caza, no?, y si así fuese poco ha de extrañar que no abunden las buscadoras de libros viejos, como no extraña la ausencia por lo común de cazadoras. Por fortuna, también a diferencia de ellos, no abundan las bibliófobas, todo lo más el ama y la sobrina aquellas que querían echar del mundo los libros dañadores de don Quijote.

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  7. A mí no va a decirme usted de qué se debe hablar y de qué no. Alguien que ha publicado diecisiete diarios no puede decir de qué se debe hablar y de qué no. Poder puede, pero otra cosa es que una persona verdaderamente inteligente le dé la razón. Además, la verdad no necesita el permiso cervantino para hablar.






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  8. He leído un artículo sobre la biblioteca de Cortázar, su esposa la donó a una fundación, revisando los libros se pueden conocer muchos datos sobre las filias y fobias literarias del escritor que anotaba con precisión sus lecturas. Visto así, conservada en conjunto, la biblioteca sería como el cuerpo reflexivo, íntimo y tatuado del escritor, las notas en un libro no se pueden borrar o destruir sin mutilar el conjunto del texto. Entregarla es hacer públicas sus confidencias, aunque es posible que no quisiera ser enterrado como los faraones, con sus libros. Sobre las mujeres y los libros viejos, la búsqueda bibliográfica es una cuestión de interés y dedicación, no tiene nada que ver con un supuesto cerebro femenino, las mujeres acceden a la universidad hace menos de un siglo, quiere decir que sus lecturas -las que sabían leer- fueron durante generaciones las ficciones escritas por los hombres para entretenerlas con las entregas folletinescas de los magazines de variedades.

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