10 de enero de 2012

La realidad novela sola

CUANDO la realidad novela sola, resulta fascinante, trae consigo otra vida, nueva e irrepetible. Cuando, por el contrario, la ficción trata de suplantar lo real, da miedo.
Vayamos a la primera de las fotos. Se trata de un original, una foto particular, de turistas, del tamaño de una tarjeta postal. ¿Fecha? Los abrigos, y el revelado, hablan de los años treinta, pero también de los cuarenta, quizá de los primeros cincuenta. Entonces los abrigos duraban mucho. Qué duda cabe que la presencia de esa pareja "distrae" de todo lo demás, y el clima que crea el caminante en esa callejuela angosta, torcida, con síndrome de Pisa, se banaliza. ¿Pero pensaríamos lo mismo si esa pareja de desconocidos que se han apartado para no estorbar la vista (saben que la "importante" es esa calle tan singular, no ellos, más incluso que la cabeza que asoma a la ventana o el hombre que se aleja, en los que probablemente no habían reparado), pensaríamos lo mismo, decía, si los desconocidos fuesen "álguienes"? Por ejemplo, Rosa Chacel y su marido Timoteo Pérez Rubio. Se dan un aire. A ella la hemos visto retratada con un  abrigo parecido. Le gustaba hacérselos ella misma, diseñárselos. En el momento que pudiésemos confirmarlo, esa calle se habría llenado de una significación nueva, impregnándose de la presencia del pintor y la novelista, del mismo modo que nadie puede transitar ya por la Calle del Aire sin pensar en Cernuda, ni entrar en A Brasileira sin recordar a Pessoa. En ese caso, en el caso de que esos jóvenes fueran personas señaladas ya entonces, o lo llegaran a ser años después de que la foto fuese hecha, ¿se atrevería nadie a eliminarlos de ella? Muy al contrario, con toda probabilidad esa calle habría pasado de ser un rincón anónimo y opaco a otro luminoso que, como un espejo, reflectaría hacia nosotros, en el ejemplo propuesto, las obras meritorias, escritos y pinturas, de esas dos personas.
La foto de Machado y Rosario del Olmo suscita parecidas consideraciones, con variantes  sin embargo de mayor trascendencia.
Por suerte para todos, J.M.Bonet es entusiasta tanto de las propias quests, (así le gusta llamarlas, y él ha emprendido algunas), como de aquellas otras que no empezándolas él, le intrigan. Ha ocurrido con esta foto.Tirando del hilo que le ha conducido por el laberíntico internet, nos ha hecho saber que R. del O. tenía una hermana, Ángela, actriz, que estrenó, en el papel de gitana, la obra de los Machado La duquesa de Benamejí, en 1932, dos años antes de que su hermana la escritora entrevistara a Machado. Que ambas, "amigas de la Urss" y miembros de la Alianza de Intelectuales antifascistas, firmaron manifiestos antes de y durante la guerra en diferentes periódicos de izquierda y que María Teresa León tiene un recuerdo para Ángela en sus memorias, un "¿qué se fiço?", después de decirnos que trabajó durante la guerra en los teatrillos guerrilleros que ella dirigía. Tras la guerra y su paso probable por las cárceles franquistas se pierde la pista de Rosario, no así la de Ángela que reaparece como actriz en el estreno de...¡Baile en capitanía!, de Foxá, en el 44. Después un largo paréntesis que JMB cerró entrando en la sección de fallecimientos en Madrid del Abc: en ella noticia de la muerte de Ángela, en 1997, y de Rosario, en 2000. Es decir, las tuvimos al lado durante cuántos años, silenciosas, "anónimas", sin que llegáramos a verlas en su fosca transparencia, y no tanto por una distracción nuestra como por una inadvertencia de todos. Se habrán ido con sus historias, sus recuerdos, sus secretos, dejándonos el pequeño abismo de su novela.
Cuando Alfonso hizo la fotografía es evidente que no estaba haciendo un retrato del poeta, sino una instantánea de este y de la periodista para ilustrar un trabajo periodístico. Él o el responsable del periódico cortaron lo que consideraron que sobraba, por ejemplo, el camarero reflejado en el espejo. Cuando años después, pasada la guerra, Alfonso decidió convertir la foto en retrato, ya sabía que la periodista había estado en la cárcel. Quizá siguiera encarcelada. Publicarla completa habría sido tanto como circular una pregunta cuando menos incómoda: ¿Y esa mujer quién es, dónde está y por qué está donde está al lado de persona tan principal? No diremos que la fortuna de ese retrato, el más célebre de Machado, se haya hecho sobre el infortunio de Rosario del Olmo (¡y lo que no habrá pensado ella todas y cada una de los cientos, miles de veces que se tropezara con ese lugar del que había sido suprimida, expulsada a un doble exilio!), pero haber conocido la verdad nos lleva, a partir de ahora, a circular ambas versiones, complementarias, de una realidad que al hacerse compleja se vuelve, paradójicamente, más clara, fascinante y comprensible.
Foto de la izquierda de autor desconocido. Derecha: Antonio Machado y Rosario del Olmo fotografiados por Alfonso en diciembre de 1933 y en el encuadre publicado por La Libertad en enero de 1934.

10 comentarios:

  1. Curioso y más que curioso. Precisamente este ejercicio indagador de llegar a la verdad por medio de recuperar eso de la realidad que ha sido invisibilizado y hacerlo desde una perspectiva global y compleja, digo, este procedimiento no es sino una muestra de lo que el informe de la comisión de expertos del Valle de los Caídos denomina "resignificación". ¿Qué es aquello de la realidad que en la fotografía tirada por el vencendor (ed. el Valle mismo)quedó invisibilizado o deformado de la realidad "España en guerra y/o en paz"? ¿Cómo llegar a la verdad de la realidad en su estructura compleja, complemetaria y, también, total? ¡Resignificando los elementos visibles e invisibles desde una globalidad compleja!Por otro lado, ¿qué quiere decir que "la realidad se novela"? Pues que la realidad misma, en tanto que históricamente compleja, es narración, es relato. ¡Y todo relato y narración, en probidad, tienen vocación de significado real.! Pues, la realidad nunca es sólo entidad, sino también literalidad. Pero ojo, una resignificación con pretensiones de verdad (vs. ficción)ha de dar buena cuenta de otras significaciones, por eso no es una mera yuxtaposición de los elementos precedentes, sino que supone necesariamente ciertas modificaciones de algunos de estos. ¿De cuáles, "del cuerpo presente", por ejemplo? Ahí reside la incertidumbre del saber práctico democrático(moral, jurídico, político, psicosocial, etc.)Nada en estos asuntos de fotografía puede darse por definitivamente resuelto en una definitiva significación. ¿Cuál es el "en sí" del Valle? ¿El significado intencional de los vencedores o el que procede de la semántica democrática? ¿Cómo desentrañar la dialéctica de ocultación de elementos significativos? Si bien reconciliar es resignificar, en absoluto estas dos acciones han de consentir en ficcionar.

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  2. En contestación al primer opinante anónimo. No es lo mismo resignificar, ya para siempre, un objeto histórico con unas líneas de atinada reflexión (las de Andrés en torno a la fotografía de Antonio Machado con Rosario del Olmo) que hacerlo con el Valle de los Caídos con cargo a los presupuestos del Estado, pues para esta resignificación, ¿Cuánto habría que gastar en director, congresos, catálogos, re-diseñadores de la nueva señalización, cafeterías, aseos, aparcamientos…? En fin, un congo. No es de extrañar que algunos estén por la labor, al tiempo que no hay dinero para educación, sanidad o dependientes. Resignifiquemos lo que queramos, pero con el mismo presupuesto que lo hubieran hecho nuestros maestros de la Institución Libre de Enseñanza.

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  3. “Los tiempos que corremos son más de disciplina que de libertad, y esto ha de acusarse en el arte de alguna manera. La poesía, especialmente, ha de tender a desindividualizarse y a aceptar la norma comunista -empleo esta palabra por ser de su agrado-, quiero decir de comunión cordial entre los hombres. Porque pasó el tiempo del solipsismo lírico, en que el poeta se canta y escucha a sí mismo. El poeta empieza a creer en la existencia de sus prójimos y acabará cantando para ellos”.

    [Antonio Machado en “Al comenzar el año 1934. Deberes del arte en el momento actual”, por Rosario del Olmo, La Libertad, Madrid, 12 de enero de 1934, página 5.]

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  4. Bien, todo apunta a que hay más acuerdo del que parece: resignificar es posible, pero...es muy caro. Es más,(¡quién lo diría!), en el "pero" también se estaría en consonancia con el informe de la comisión, pues esta misma condiciona la realización de su propuesta a razones de oportunidad o urgencia económica (vgr. coyuntura de crisis). Asimismo, el informe supedita la ejecución del proyecto a la consecución de un consenso social y político producto de un trabajo de debate público. Pues en eso estamos, ¿no? Ahora bien, no convendría que intereses o motivos partidistas e ideológicos pesasen más que los argumentos de una razón democrática basada en la sincera voluntad de entendimiento. De no ser así, algunos, aún admitiendo la validez de tales argumentos, seguirán diciendo "no". ¿Por qué? Pues "porque no". De esta forma no saldríamos de esa sordera moral que nos afecta desde hace bastantes años. El informe de la comisión es un buen audífono, ya que está diseñado para oír preferentemente las voces de las víctimas de toda injusticia. Es esta centralidad la que debería presidir los debates y no la lógica de una entropía que sólo lleva al desgaste de la energía moral y política.

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  5. Respecto al debate aquí producido sobre el tema de la entrada anterior, recuerdo que AT dice (es copia literal) en dicha entrada: "Mientras siga en pie la apabullante cruz sobre muertos que, en muchos casos, ni siquiera eran creyentes, víctimas precisamente de la Cruzada, nadie podrá fingir que la cruz no fue en muchos casos el arma del crimen, por lo mismo que no podría resignificarse Auschwitz mientras se alcen las chimeneas de los crematorios". Convertir Auschwitz, dado lo que fue, en un "monumento a la reconciliación" me parecería tan absurdo como imposible e inútil. Digo lo mismo del Valle.

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  6. Andrés Trapiello ha escrito mucho y con acierto acerca de nuestra guerra civil, o la de nuestros padres como le gusta decir. También ha opinado con racionalidad acerca del Valle de los Caídos. Ahora bien, esto no ha sido siempre así, y no porque ahora se sume a la opinión de dejar allí los cadáveres del "Ausente" y del "Dictador". Ha declarado en alguna entrevista, anterior a estas entradas, que el Valle debería conservarse -salvo en lo tocante a José Antonio y Franco- tal y como está y como lo que es según su opinión: la fosa común mayor de todas. Y, a su vez, muy a la par, escribía en favor del desmantelamiento. Leerle con atención, respeto, deleite y admiración -algo que vengo haciendo desde hace tiempo- no impide darnos cuenta de posibles ambivalencias, incoherencias, desaciertos, etc. Es legítimo cambiar de opinión, pero al hacerlo se corre el riesgo de llevarse también en el bolsillo desafortunadas "razones" aducidas por aquellos en quienes nos basamos para modificar nuestras opiniones. Ojo: digo opiniones, que no ideas, pues entiendo que éstas, en lo esencial, sigue manteniéndolas Trapiello. Pero veamos:el apoyo más desafortunado de Juliá -y de Trapiello, que en esto le sigue- para negar la posible resignificación es su referencia a la cruz. Probablemente no exista un objeto más propicio para ejemplificar lo que es un proceso de resignificación cultural como el de la cruz: de instrumento y signo de pena de muerte, pasó a ser símbolo religioso de vida y salvación, así como después se fundió formalmente con la espada en una semántica de civilización imperialista y conquistadora. Es esta última resignificación la que adopta el franquismo en su constructo monumental del Valle. Pero ese no es el significado "en sí" de la cruz, como dice Juliá y parece asumir Trapiello. Ya no hay significado en sí, lo que hay es la posibilidad de resignificar esta resignificación,y hacerla teniendo presente anteriores lecturas de la cruz que permitan discursos críticos frente a la lectura imperialista, discursos facilitadores de un reconocimiento de las víctimas necesario para la reconciliación. Decía Benjamin que nunca se da un documeto de cultura que no sea un documento de barbarie, pero también afirmó que sólo por los desesperados nos es dada la esperanza. Si hay un documento cultural que se avenga a tales afirmaciones, ese está en la cruz. Ésta posee un potencial semántico tan rico, que facilita la inversión de las perversas inversiones de significado. ¿Por qué? Porque permite retornar a una ética de la compasión en la que fundar el constituyente abierto que es lo político.
    Por otra parte, comparar el Valle con el campo de Auschwitz no es de recibo: ni en su motivación, ni en su función, ni en su pervivencia, ni en sus elementos, etc. Pero es que, además, resulta que Auschwitz ha sido resignificado, no sin polémica -como es natural-, pero lo ha sido: hoy es un museo estatal de conmemoración reconocido como patrimonio cultural de la humanidad. ¿Cabe mayor resignificación que transformar un lugar de inhumanidad en un centro donde se peregrina para encontrar la humanidad de uno mismo en la memoria y conocimiento de la inhumanidad a la que fueron reducidas las víctimas? Ya decía Unamuno en su Vida de Don Quijote y Sancho que a Apolo se ha de pedir versos, pero que al amor conceptos. Pues eso, a buscar conceptos en palabras de amor es a lo que apunta "la resignificación".

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  7. Yo temo muy de veras que, para una parte significativamente importante de los que defienden la permanencia del Valle, no se trata (y ojalá se tratara) de "transformar un lugar de inhumanidad en un centro donde se peregrina para encontrar la humanidad de uno mismo en la memoria y conocimiento de la inhumanidad a la que fueron reducidas las víctimas". Para eso haría falta una condena inequívoca y sin paliativos de esa "inhumanidad" que el último anónimo repite por dos veces, y de quienes fueron sus responsables, además de un intento serio de reparación ofrecida a las víctimas de que también habla, o a sus descendientes. Es decir, lo que ha ocurrido con Auschwitz y los nazis. ¿Cree de veras el anónimo que eso es también lo que ha pasado aquí? Si es así, envidio su optimismo, pero me temo que haya demasiada gente (empezando por las propias víctimas y familiares que decía) que, como yo, no puede compartirlo.

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  8. Con perdón: comparar el Valle de los Caídos con Auschwitz es tal dislate en todos los órdenes, que a partir de él no se puede fundar ninguna conclusión válida. Por lo demás, algunos de los comentarios exigen, con su remontado estilo, un esfuerzo tal para entenderlos que -la verdad- no merece la pena. (Y que, desde luego, no parece "pegarle" mucho al blog de nuestro admirado AT.) David Fdez.

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  9. Comparto, "Gatoflauta", tus temores y en absoluto me siento optimista en todo este asunto. Al contrario, encuentro numerosas razones, a tenor de lo que hay, que justifican el escepticismo. Es más, siento tristeza cívica al comprobar la nula resposabilidad de quienes deberían reconocer la suya en ese horror causado por acciones y omosiones injustas. Ahora bien, no sucumbo al pesimismo que paraliza la razón y la palabra. Estamos ante un trabajo de reconstrucción de la ciudadanía y, sin ingenuidad, me esfuerzo en ayudar a que, por lo menos, se reflote la voluntad de entendimiento. No quiero recibir el viejo reproche de Kierkegaard dirigido a quienes, ante lo que parece imposible, en lugar de dudar y seguir hablando, balbucean hasta llegar no ya al silencio de la escucha, sino de la irresponsable mudez. No digo que este sea tu caso. Incluso si no logro hacerme entender o si me interpretas inadecuadamente, en estos casos aún sigue abierta ventana si de verdad queremos entendernos.
    Gracias: a ti, a los demás que comentan, a quienes nos leen y hablan de ello con otros, y -por supuesto- a Andrés Trapiello que crea debate y espacio para el mismo. Así es posible hacer y rehacer la democracia desde una memoria crítica.

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  10. Suscribo, desde la primera hasta la última letra, los comentarios realizados por Anónimo, incluida la doble repetición de "inhumanidad". En efecto, el primer uso del término se refiere a la inhumanidad del verdugo, del torturador, etc; mientras que el segundo uso está referido a la inhumanidad en la que se hace caer o se intenta hacer caer a las víctimas. Si se tiene sensibilidad para el sufrimiento injusto, en el primer caso se siente indignación y en el segundo compasión. Cuando esta va más allá de "los nuestros", entonces la indignación se desarrolla no como venganza, sino orientada a la justicia y la reconciliación.
    Tomás Valladolid Bueno.

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