8 de enero de 2012

Tipografía moderna

SI ayer tratamos de un impreso compuesto únicamente con un solo tipo bodoniano (de la fundición Foudriat de Bruselas), este de hoy, del año 1967, es exactamente todo lo contrario, se cuentan aquí lo menos doce tipos distintos, aunque ambos tienen algo en común: fueron compuestos a mano. Lo encontró uno el mismo día que el otro y acaso por eso esté bien mostrarlos juntos. 
Como salta a la vista, se trata de una cuartilla propagandística de asunto menor, a diferencia de Le nain jaune réfugié, que auspiciaba un hecho, la vuelta de Buonaparte, que habría cambiado tal vez, más aún de lo que ya lo había hecho, el destino de Europa.
Le gustan a uno mucho esta clase de papeles salidos de lo que ha llamado "imprentas de pueblo", como siente debilidad igualmente por la que hemos llamado "filosofía del pobre". A muchos les parecerá un impreso deleznable, pero cualquiera que conozca el oficio sabrá que detrás de este hay un tipógrafo que ha ido picoteando al azar en todas y cada una de las celdillas de todas y cada una de las cajas de sus chibaletes para dar vistosidad a la composición (por no hablar de la sublime Ingrid Garbo que goza aún del privilegio supremo de la ficción: su nombre, pareciendo apócrifo, es irresistiblemente auténtico), trabajo en el que habrá empleado con toda probabilidad una mañana. Para entendernos: este papel es al arte gráfico lo que el botijo a una porcelana de Sèvres, pero muy útil a su manera.
Contiene tanta información que bastaría para ensayar con él un relato novelesco, algo a lo Chejov, incluso a lo Ignacio Aldecoa. Así se lo propondría uno a los alumnos de una Escuela de Letras, si conociera a alguno, si creyera en Escuelas de Letras. Pero en esta hojilla volandera nos enfrentamos a demasiadas vidas tangibles como para dejarlo pasar. Vidas que parecen estar esperando la ficción como última oportunidad de ser reales. 

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