30 de enero de 2012

Nene, caca

EL título de este artículo, de Álvaro de Laiglesia, podría haber sido también el de alguno de los libros del recordado y siempre asombroso Chumy Chúmez. Según cuentan las personas que saben de las cosas regias, no siempre reales, esas han sido las palabras (“nene, no toques eso, caca”) que le habría dicho en más de una ocasión el Rey a su yerno,  a quien se juzgará en breve como ciudadano por las cosas que hizo como duque en relación a ciertos negocios feos que acaso acaben siendo, además, sucios, puesto que parecen haberle manchado a él las manos y de paso la fama a la institución que representa.

Es previsible también que el juicio contra Urdangarín y la posterior sentencia acarreen a esta Corona y a la institución monárquica algún descrédito, del que en principio se beneficiará el republicanismo, hoy defendido con pujante ardor por la extrema izquierda y por la extrema derecha, empeñadas ambas desde hace años en menoscabar una y otra. 

Probablemente al Rey tales vindicaciones republicanas no le preocuparán en exceso, después de saber que incluso en estas circunstancias poco favorables para la Corona, él y su hijo gozan en las encuestas de un elevadísimo número de partidarios, más del setenta por ciento de los encuestados. Tal cortejo no lo ha tenido en España ninguna otra figura histórica, aunque por otro lado es más que probable que tampoco el Rey y el Príncipe hayan olvidado que ese pueblo que tanto les quiere hoy, mañana puede mandarlos de nuevo al exilio, porque si algo le ha apasionado al pueblo en este país es largar a sus reyes y reinas al exilio, desde Fernando VII hasta Alfonso XIII y don Juan, pasando por la casticísima Isabel II.

Dios, origen de la ficción que es toda Monarquía y autoficción acaso él mismo, no lo quiera, porque la idea de entrar ahora en la vorágine de una República Federal, con regiones enteras amotinadas pugnando por su independencia, resultaría pavorosa. Decía Lenin que el izquierdismo era la enfermedad infantil del comunismo sovietario, pero el nacionalismo, que ha sido la enfermedad infantil de nuestra democracia autonomista, podría llevar a este país a eso que el republicano Bergamín llamó, tan festivo como irresponsable, el “disparadero español”.

Coinciden en afirmar los que lo han tratado alguna vez que el Rey es alguien principalmente simpático y campechano. Estas cualidades, irrelevantes si habláramos de un científico o de un artista, son en un rey con tan limitada capacidad gubernativa como la suya, vitales, suficientes. Diríamos incluso que a un rey como él no hay muchas cosas que puedan pedírsele que haga, sino que no haga: hace treinta años, por ejemplo, que no se le viera demasiado por los cuartos de banderas y ahora, que no deje nunca, como la esposa del César, de parecer honrado. España ha dejado demasiadas veces ya de ser monárquica de la noche a la mañana y que eso pudiera volver a suceder, tras el periodo más largo de prosperidad y democracia de su historia, es algo que preocupa incluso a los miles de republicanos moderados que desean que esta ficción dure al menos otros treinta y cinco años.
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 29 de enero de 2012]

Gota de leche ducal o gota ducal de leche, como se diga.

7 comentarios:

  1. genial articulo! no puedo estar mas de acuerdo.
    De los problemas que tiene España actualmente la monarquía es el menor. Lo que necesita España es estabilidad y reformas desde dentro, no cortinas de humo que hagan creer a la gente que con el cambio de régimen desaparecerán todos los problemas que actualmente nos azotan.

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  2. Lo malo, Andrés, es ese monopolio que la extrema izquierda ejerce sobre la idea republicana. Y frente a la permanente tentación disgregadora, yo siempre he pensado que una buena manera de restarles influencia a los partidos nacionalistas sería hacerles concurrir en unas elecciones en distrito único y por una magistratura estatal: por ejemplo, unas elecciones presidenciales. Yo siempre digo que mi republicanismo (moderado) me lleva a ser partidario, no ya de una república como las dos que ha padecido España, sino de una... République.

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  3. Lo de Urdangarin es algo muy positivo, la inocencia valenciana muy positiva y una condena a Garzón también puede serlo. Hay mucha vergüenza a pasar por aceptado de la crisis y el pueblo esta aterrorizado pero sin capacidad de respuestas, ¿ Donde está el 15 m ? ¿ Donde están las hordas de parados juveniles y otros ? ¿ Hasta donde llega el aborregamiento del pueblo español ? . ¿ Que tiene que pasar ? Por eso hablo de la paradoja positiva . La extrema izquierda es anecdótico, la ex. Derecha ya esta en el burro , es mayoritaria. Estamos mucho peor que Grecia, pero la prensa y TV bailan el cha cha cha, solo hay un puñado de escritores que están creando conciencia a través de internet, apoyados por un grupito de lectores y comentaristas de sus blog. En la radio quitas las voces de los escritores J.J.M , L.G.M. , Angeles C.y Vicente R. Y no hay más. Parece que en este Pais hablar con valentia sea delito. El miedo es el mejor aliado de la corrupción y el capitalismo. El Rey debería donar el 80 % de su fortuna a los comedores benéficos, lo mismo que el resto de millonarios, si ante los abusos te callas , estos seguirán . Falta valentia ciudadana y no descarto una excisión del Pais a muy corto plazo . Salimos de la nada y vamos a la más absoluta de las miserias , eso sí ha subido el número de directivos de empresa , no todo va a ser paro. Saludo

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  4. Las encuestas son inflables ,en cambio las urnas irrefutables,creo que en los tiempos que corren no estaría de mas si el posible próximo monarca comenzara su andadura como tal con el refrendo plebiscitario(sería un compromiso ó alianza entre el pueblo y la institución),el problema sería si se le negara la confianza....dos siglos con continuas disputas bipolares a fuerza de mamporros pesan mucho,de ahí nos viene ese miedo,porque otra cosa no,pero conocernos,nos conocemos

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    1. Quisiera dejar aquí una pequeña reflexión: si España fuese una república, y un familiar cercano del presidente (o incluso el propio presidente) cometieran un delito como el que se atribuye a Urdangarín, sin duda que merecían el reproche jurídico y la sanción penal que les correspondan. La justicia, en efecto, debe ser igual para todos. Sin embargo, no creo que nadie cuestionase por esa razón la forma misma del Estado, y se propusiera seriamente que, después de una cosa así, España debería dejar de ser una república. No veo bien por qué sí, en cambio y exactamente por la misma razón, parece a algunos cuestionable la monarquía. Es como si ésta tuviera la obligación de ser perfecta, obligación que no alcanzase al régimen republicano. Y evidentemente imposible de cumplir: nada humano es perfecto. La monarquía, en mi opinión, no es ahora (ni sería, en el supuesto de una condena grave a Urdangarín) más cuestionable de lo que lo era antes de todo esto.

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    2. "un grano no hace granero,pero ayuda al compañero"

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    3. No sé si la respuesta a mi primer apunte, tan escueta, significa que varios asuntos como éste sí podrían justificar la desaparición de la monarquía. Si eso es lo que quiere decir, pregúntese cuántos harían falta, si estuviéramos en una república, para que la república misma cayera (y, de paso, qué querría poner en su lugar). Y aplique (eso parece lo lógico) igual medida a la monarquía.

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