10 de marzo de 2014

El último abrazo

LAS historias  se pueden empezar de muchas maneras. Esta merece la pena contarse por el final, porque los finales son siempre principio de algo. En un bar valenciano se organiza una subasta de trastos y cosas viejas para animar el cotarro. Alguien puja y se queda un bolso en el precio de salida, un euro.  Quien lo compra, antes de tirarlo de nuevo a una papelera, echa una ojeada dentro. Pudo no haberlo hecho, y no tendríamos historia. Había en él papeles para hacer bulto, y dos cartas. ¿Cuantos relatos habrán empezado en la historia de la literatura por una carta encontrada al azar? Las dos son de la misma persona, dirigidas a dos amigos en junio de 1946. En las dos anuncia una tragedia: “Cuando recibas la presente, yo habré dejado de existir (...) Las cosas que me ocurrieron, la muerte de mi mujer, los 7 años de prisión, la terrible suerte de mi familia, han roto mi voluntad, mi apego a la vida, mis energías. No tengo ningunos deseos, menos el de morir, es decir, de dejar de sufrir. (...) Muero con la conciencia tranquila de no haber hecho mal a nadie (...) Me retiro de la vida no en un acto de ciega desesperación, sino tras larga y madura reflexión. (...)  No te impresiones mucho por mi muerte. En Belsen, en otros campos y en la guerra han muerto millones de hombres que valían muchísimo. No se pierde nada cuando se muere un hombre tan insignificante como yo. Recibe el último abrazo”.

El joven que acaba de comprar el bolso se queda, como cabe suponer, sobrecogido. Un joven conoce acaso mejor que nadie la lengua de los suicidas. Pensará, como nosotros, que ha llegado demasiado tarde. Tal vez, de haber estado allí, se dirá, habría podido evitar aquella muerte. Quien escribió estas cartas parece una buena persona, se dice. Su nombre, Mariano Rawicz, judío, polaco, comunista y uno de los grandes tipógrafos en la España de preguerra, no le dice nada; el de los destinatarios, el impresor Luis Faure y el pintor Enrique García Carrilero, tampoco. Pero decide indagar, porque las cosas no nos suceden porque sí, y la pesquisa le lleva a las memorias de Rawicz, Confesionario de papel. Esas memorias apasionantes, que se publicaron hace siete años en La Veleta, una pequeña y clandestina colección granadina, le ayudarán a ese joven que compró por un euro la que acaso será una de las mejores historias de su vida, en el documental que ha decidido hacer con todo esto. ¿Por dónde querrá empezarlo? 
Rawicz, por cierto, no se suicidó, ni aquel fue el último abrazo. Pero esa es otra historia, cuyo final nadie conoce de momento porque la vida no tiene fin.
        [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 9 de febrero de 2014]


14 comentarios:

  1. Mucho mejor personas que lo que somos ahora , la madera que tenia esta gente y su fortaleza hoy no existe , por no hablar de cultura y coraje ; ¿ Quien está hoy capacitado para ser un héroe ?, además era gente leal y nada presumida ni quejica a pesar de sufrir la guerra , gente de fiar .

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  2. Este es, supongo, el que ideó, diseñó y dibujó el cartel de "Nitrato de Chile", que en España se venía compuesto por azulejos en todos los pueblos por donde pasaba un autobús de línea. Un caballero con sombrero y un fondo amarillo. Señas de identidad.

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    1. No. La autoría de ese cartel la estableció por primera vez Carlos Pérez. Por desgracia ya no está él para preguntárselo. Anda su nombre en una polémica que sostuve en su día con Enric Satúe en La Vanguardia, y quizá pasara a mi libro Imprenta moderna. Si no me cuesta mucho buscárselo, lo buscaré.

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    2. Adolfo López-Durán, en 1929. Me lo confirma Alfonso Meléndez (gracias), quien también recuerda que fue Carlos Pérez quien lo atribuyó.

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  3. Todo lo que sea recordar las víctimas del fascismo me parece excelente . No tengo mucho que decir pero me gustado el post y dejo constancia de ello .

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  4. «Nosotros, los que sobrevivimos a los campos no somos testigos verdaderos. Nosotros somos los que, a través de la prevaricación, la habilidad o la suerte, nunca tocamos fondo. Los que estuvieron y vieron el rostro de la Gorgona, no regresaron, o regresaron sin palabras». (Primo Levi)

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    1. «No fue posible para nosotros ni quisimos convertirnos en islas, los justos (i giusti) entre nosotros, ni más ni menos numerosos que en cualquier otro grupo humano, sentíamos remordimiento, vergüenza y dolor por las fechorías que los otros y no ellos habían cometido, y en las que se sentían implicados, por la sensación de que lo que había sucedido a su alrededor y en su presencia, y en ellos, era irrevocable. Nunca más podría eso ser limpiado, y se demostraría que el hombre, la especie humana - nosotros, en definitiva - tenía el potencial para construir una enormidad de dolor, y que el dolor es la única fuerza creada desde la nada, sin costo y sin esfuerzo. Es suficiente como para no ver, para no escuchar, para no actuar».

      Primo Levi, “Los hundidos y los salvados”, 1986.

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    2. También 11 pero de abril (de 1987), sobre las 10 de la mañana PL se suicidaba arrojando sus 66 años por el hueco de la escalera de su casa. Deprimido por los 92 de su madre, casi moribunda de cáncer, que le regresaban los rostros, tan inmediatos, de sus compañeros en los camastros de Auschwitz. Él mismo, recién operado de próstata, añorando los 24 años de 1944… “Porque la vida no tiene fin” (AT). Los heraldos negros, tampoco: “Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé.” (César Vallejo en 1918).

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  5. "(...) En Belsen, en otros campos y en la guerra han muerto millones de hombres que valían muchísimo. No se pierde nada cuando se muere un hombre tan insignificante como yo. Recibe el último abrazo”.

    "Siempre se mueren los mejores". A esta frase necrológica, ya tópica, habría que darle la vuelta y entonces encontraría su más exacto sentido. Los mejores: los que no se adaptan, los no listillos, los no indiferentes, los perdedores de cualquier forma y dolor.

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  6. A los judíos se les deshumanizó , pero Levi creo parte de que hubo una animalización del ser humano y ahí se le caen algunos argumentos creíbles , todos los supervivientes fueron dignos de serlo , vivieron una situación diabólica .
    Se hizo un crimen contra la identidad de unas personas y un animal no puede quitar la identidad a otro animal , será cuestión de palabras .

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  7. Aznar intentó manipular el 11 M para ganar las elecciones. Tergiversó la información. Intentó hacer cargar con la autoría a ETA, cuando sabía que era falso. Solo faltaban tres días para las elecciones. Qué miserable es, él y Rajoy. Toda España y todo el mundo vieron como mentían, como canallas indecentes, con CIENTO NOVENTA Y DOS CADÁVERES encima de la mesa... ¡Miserables! ¡Salvajes! Miserables salvajes. No callaremos nunca, JAMÁS... Los miserables pagarán lo que han hecho.

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    1. Si, pero el verdadero autor de estos CIENTO NOVENTA Y DOS CADAVERES, va a salir en breve de prision, habiendo cotizado y con una paguita de reinsercion.

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  8. Ayer saqué el libro de la biblioteca del Fontán en Oviedo. Todavía tenia el sistema antiguo de fichas. La última vez que se sacó fue en el 2 de Junio de 2003. En total desde el 30 de Octubre de 1997 fue leído por ocho personas incluyendome a mi. Intuyo, por lo poco que leí, qué, peor para el resto.

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