29 de marzo de 2014

Mayacosqui, Bonilla y su novela


ACABAN de concederle el premio de novela Vargas Llosa en el Perú a la novela de Juan Bonilla Prohibido entrar sin pantalones, de la que se trató aquí el pasado mes de julio. Aunque aquellas palabras de uno no presagiaran premio ninguno, porque las leyes de Murphy son universales y muy estrictas, nada podría alegrarnos tanto. Como decía Fernando Savater cuando salió Parque jurásico: "si no tiene dinero, y sí dos pares de pantalones, venda un par y compre esta novela". Yo iría un poco más lejos: si no tienes dinero, pero sí un par de pantalones, véndelo y compra esta novela; habrás matado dos pájaros de un tiro, como su propio nombre indica.

Juan Bonilla. Prohibido entrar sin pantalones (Seix Barral, 2013). Una novela, que como todas las buenas novelas acaba teniendo un poco de todo, comedia y tragedia, miseria y compañía. Claro que no siempre las cosas en ella son lo que parecen, porque tiene de novela tanto como de biografía de Mayacosqui (por escribirlo de la manera más futurista que se me ocurre) y de crónica de la época (una de las más siniestras del siglo XX, aquella en la que se identificó vanguardia artística con vanguardia política, las dos caras del mismo monstruo, el totalitarismo. El totalitarismo político en Europa fue más o menos derrotado el día que cayó el muro de Berlín; el totalitarismo artístico campea aún en todos los comités centrales de los museos y medios de comunicación del mundo). Bonilla ha querido contárnoslo todo con el lenguaje más adecuado. Ha pensado, "si ellos pintaron bigotes a la Monalisa e iban por el mundo reventándolo todo y sacudiendo la badana a los que se les ponían por delante, ¿por qué no iba yo a tocarle un poco los güevos a Mayacosqui, a Marinetti, a Lenin y a su puta madre?". Las comillas no son de Bonilla, pero el tono y habla del libro son esos, y no podría ser de otro modo. Es uno de sus mayores aciertos, junto al propiamente narrativo: la novela no se puede dejar. Bonilla les ha salido más futurista que ninguno. Mayacosqui, Marinetti, Lenin y su puta madre pensarán en sus tumbas (el único sitio donde acaso piensen, porque aquí pensaron poco y mal): "Cría cuervos". Yo no he leído en ninguna otra parte una crónica de aquella época más divertida, sagaz e inteligente que la de Bonilla. Pero vivimos en un país que no se ha enterado aún de dos cosas, nos recuerda Bonilla, por si lo habíamos olvidado: que todo ese cuento de la revolución rusa y las vanguardias es uno de los más tenebrosos que se le ha ocurrido al ser humano, y que hay que ir pensando en ir dándole a las cosas un nombre más apropiado: camelo (el futurismo), asesino (Lenin), soplón, delator y poeta de quinta fila (Mayacosqui). Todo eso sin acritú, como la leche que corta el café, haciendo su dibujo. Quiero decir que Bonilla aquí y allá trasluce una vaga nostalgia de todo aquello, la nostalgia que sentimos de mayores por los cuentos de la lechera que nos contamos y comamos a otros siendo jóvenes. La joven Europa acabo quitándose la máscara un día: una calavera. Esa es la primera cosa: qué suerte hemos tenido con no haber vivido aquella época ni conocido a aquellos sovietarios peligrosos. La segunda: que si este libro, sin cambiar una tilde, hubiese aparecido en España como traducción de un autor, por ejemplo, sajón, cartaginés o galo, estaríamos hablando de un libro de culto, aplaudido en todas partes. Bonilla ha hecho lo que tenía que hacer. Que esta época haga lo que hacen las épocas, o sea, estorbar, y a nosotros que nos quiten lo leído.

París, 25 de marzo de 2013

5 comentarios:

  1. Oño, ¿así que el totalitarismo ha desaparecido? ¿Y el económico, no existe o qué?

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  2. Si la novela es tan recomendable resulta muy buena noticia conocer que no todos los premios literarios están concedidos de antemano, como suele ser habitual. En los últimos años los trileros encontraron la fórmula que aplica la alternancia como el viejo caciquismo: ahora a un español y el próximo a un sudamericano, donde el mercado editorial consigue sobrevivir.
    Sí, muy buena noticia para los que de cuando en cuando ejercemos de candorosos participantes.

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  3. Me alegro . Encargue hace días : Buñuel ( libro cd de Aub) , la biografía de Juan Ramón y el librito de Azorin . No obstante hace tiempo no leo una novela de un español joven y lo voy a comprar , si Mario le ha dado un premio , tiene que ser muy bueno . Los franceses se saben vender y son muy buenos , el aval de un Goncourt o un Gran Prix para mi es definitivo , en cambio el Planeta o el Cervantes no los leo , eso sí estoy siempre con las viejas glorias españolas que tenia olvidados o no había leído.

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  4. Orgánicas o inorgánicas, negras o blancas, dioses u hombres: muñecas rusas, en este parpadeo, todas las materias. Ínfima o inmensa, gitana toda cosa en las aceras del Rastro. Siempre es domingo. Eternos gitanos todos, pobres dioses del Rastro.

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  5. Yo leí el libro de Bonilla por la indicación del comentario de AT en este almanaque, me gustó mucho, tuve la suerte de conocer a Bonilla y decirle lo mucho que me gustó la novela sobre la época de la revolución rusa y las vanguardias artísticas de primeros del siglo XX. Luego vino el premio y lo felicité. Una concatenación de felices acontecimientos.

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