9 de marzo de 2014

Plenitud

NO hay vez que oigamos a Mozart, que no volvamos a tener veinte años, incluso en aquellos pasajes melancólicos o profundamente tristes que asoman en tantas de sus obras. Pues incluso estos se diría que los sentimos como vivimos tantos sucesos tristísimos y tormentosos de nuestra juventud, con una mezcla de fatalidad y de esperanza inauditas, conscientes a un tiempo de que hemos llegado al final y de que algo inesperado nos devolverá, tarde o temprano, a la primitiva jovialidad en la que ninguna melancolía ni tristeza podrían aparecer ni por asomo. Pero no se trata, en este caso, de conquistar una alegría antigua, tal y como la abandonamos o nos abandonó, sino una más nueva y sabia alegría de la que ya forman parte inseparable la melancolía y la tristeza vividas, y lo que resulta de vivir al tiempo todo eso, la alegría desbordante de los años mozos y  esa melancolía y tristeza que son comunes a cualquier edad, a eso es a lo poco que podemos llamar en esta vida con entera justicia plenitud.

Autómata callejero. Madrid, 16 de diciembre de 2013

7 comentarios:

  1. “La verdad más profunda se descubre siempre tarde, y nosotros somos los últimos en enterarnos”, dice Giovanni Papini.Y también: "Quien no ha deseado por lo menos una vez en la vida ser santo, es, todo lo más, una bestia".

    Es verdad que esas chispas de plenitud, salvadoras, que nos remueven de tarde en tarde, nada tienen que ver con el tiempo, más bien escapan de él, negándolo. Se tiene la impresión de que el propio reconocimiento, si ello es posible, sólo puede venir de ese sentir, tan desligado del yo, que parece tener, precisamente en su autonomía, la fuerza.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. "Colegio Mar Argéntea”, calle Villa del Río, en “El Pinillo”: casi todos los vecinos pronuncian “Argentea”, sin acento. Con un nombre más sencillo, por ejemplo “Mar de Plata” (o “Mar del Plata”: también hay argentinos por allí), quizá viviera aún “Miss Ana”, la profesora de Inglés que trabajaba en ese colegio de Torremolinos. El misterio es así de caprichoso. No hay más que abrir los ojos.

      La niña también se llama Ana y tiene ocho años, hasta agosto. Por lo bien que imita el cacareo de las gallinas, antes de la muerte de “Miss Ana”, Toñi, su señorita, se la cedió a una tercera maestra para una clase de “Cono”(cimiento del Medio).

      Ayer sábado en la playa, tras su pan con aceite, coquinas y pescaíto, Ana hacía la gallina al mismo tiempo que se columpiaba. A quien "debía" mirarla desde “la ventanita” lateral del columpio, confesó que a ella no le gustaría cumplir “ni nueve, ni diez, ni once años”. Columpiándose, hacer la gallina: ¿mayor felicidad es posible? De poder oírla, turistas o indígenas, todos los que paseaban por allí también le habrían dado la absolución completa.

      Eliminar
    2. “La verdad más profunda se descubre siempre tarde, y nosotros somos los últimos en enterarnos”, dice Giovanni Papini.
      Conocía esta reflexión y hoy precisamente me volvió a la memoria cuando leyendo la portada de El País descubro un interesante artículo de Fernando Reinares donde se sostiene que los atentados de Atocha ya se habían pergeñado a finales de 2001, o sea, año y medio antes de la fatídica foto de las Azores, o sea dos años y medio antes de la masacre. Creo que no hace falta seguir porque la especulación de un lector imparcial resulta inmediata y produce tanta perplejidad como dolor.
      El pasado jueves, al final la interesantísima charla mantenida por Javier Cercas y Juan Pablo Fusi dentro de los "Encuentros de literatura historia", aprovechando la oportunidad de que faltaban muy pocos días para conmemorar el funesto 11M, le pregunté a Fusi si como insigne historiador estaba de acuerdo al pie de la letra con la versión oficial del atentado o encontraba algunos cabos sueltos que muchas inteligencias aún hoy en día continuaban imposibilitadas de atar. La respuesta fue de una lucidez demoledora: "No hay ninguna razón para dudar de que los hechos se produjeron tal como en el juicio se llegó a demostrar. Y le aseguro a usted que los dos mil quinientos historiadores españoles somos todos honestos".
      Fantástico, verdaderamente asombrosas estas palabras. Los historiadores son todos honestos, ni que decir tiene, pero produce chanza y carcajada escuchar a un militar cuando afirma que en su filosofía prevalece siempre el honor por encima de otra consideración. Ese discurso ninguno se lo admitimos a Milans ni Armada, quienes a buen seguro lo esgrimieron para justificar su acto criminal. Una pena que ya no tuviera yo en mis manos el micrófono para hacerle este comentario a Cercas como contrapunto a su amena explicación de cómo había investigado durante una semana en Madrid con unos y con otros, a cual más mentiroso, para escribir su impagable "Anatomía de un instante".
      Unos honestos y otros ridículos, como en el colegio. Pero tuvimos 192 muertos sobre la mesa y un resultado electoral que, bueno o malo, se produjo dentro de la más indeseable visceralidad emocional.
      Grande, verdaderamente muy grande Papini.

      Eliminar
  2. Por circunstancias que no vienen al caso , me ha hecho bien leer este post .
    Cuando un amigo al que quisiste mucho de niño y de adolescente , y del que creías ya habías perdido su cariño , te demuestra que te sigue queriendo , la alegría serena se torna en una emotiva y maravillosa melancolía que te devuelve esperanzas perdidas y te inyecta ilusión .

    ResponderEliminar
  3. Supongo, hablando de Mozart, que, aunque sea ocasionalmente, toca el piano.

    Un saludo

    ResponderEliminar
  4. Quizás la felicidad consiste en reconocer esos pequeños momentos de plenitud.

    ResponderEliminar
  5. Hay que tener rostro para decir lo que dijo el tal Fusi , los historiadores no tienen entidad de escritor y la mayoría son solo catedráticos o profesores que buscan notoriedad y dinero ,cronistas lacayos que acostumbran a mentir para favorecer una determinada ideología política y ganar dinero .
    El atentado lo hizo alqaeda y sembrar dudas sobre la autoría es de una arbitrariedad y poca vergüenza alarmante . Las Universidades españolas dicen que son corruptas a la hora de nombrar catedráticos y profesores , y los historiadores mayormente lo son , asalariados de la ideología que sustenta sus sobresueldos literarios .

    ResponderEliminar