16 de marzo de 2014

JRJ por dentro

JUNTO al escrito que sigue, publicado ayer en El País, se publicaron una serie de textos inéditos del propio JRJ, extractados de Vida, la autobiografía del poeta que se publica estos días en la editorial Pre-Textos.
* * *

Juan Ramón Jiménez fue uno de los hombres más desdichados y atormentados de su tiempo, habiendo sido también uno de los más grandes. Acaso por eso fue el escritor más combatido y parodiado de todos. “Más calumniado”, dirá él. No creo que ningún otro poeta viviera durante casi sesenta años, desde sus dieciocho, sacudido por ataques tan continuados de pánico, excusados en dolores físicos que lo mismo lo levantaban al vértice de la locura que lo hundían en la desesperación y la misantropía. Un verdadero infierno para un enfermo no siempre imaginario. Tanto como su obra, conmueve su vida, y anonada. Y pese a su extraña enfermedad, o precisamente por ella, escribiendo sin desmayo miles de páginas: poemas, aforismos, retratos, críticas, prosas, ensayos, recuerdos, cartas, conferencias, cuentos… y la mayor parte de ello de primer orden, con mil registros distintos, desde la lírica más exaltada hasta la sátira. “El martirio de escribir”, lo llamará. Nadie trabajó tanto como él, ni los grandes galeotes de la literatura. ¿Cuál fue, pues, la fórmula, cómo pudo entonces hacer posible que una obra tan colosal como esa cupiese en una vida tan rota como la suya? Yo creo que pudo ser esta: “No os toquéis en el dolor”.
La historia de este dolor ve ahora la luz: “Si yo estuviera sano, sería uno de los hombres más grandes del mundo… ¡Ah, si supierais los jérmenes decididos a estallar que llevo dentro! ¡Si yo pudiera emplear mi vida entera en mi pensamiento! ¡Si mi salud igualara a mi voluntad, al ansia de saber, al afán de viajar, de obrar, de aniquilar, de construir”, confesará.
Fue este uno de sus libros más largamente acariciado y pensado, y otro más de los que truncó su muerte. Le importaba mucho, porque iba a ser la historia de su vida, pero también la de su voluntad: “Me he propuesto que sea, por encima de todo, honrado, exacto y justo”, dirá en uno de los prólogos, y después de decirnos que hace ya mucho que no se desnuda en público leyendo, confiesa que “hoy me deshueso ante ustedes. Verán ustedes huesos escritos”.
Tras muchos títulos provisionales, tituló este verdadero testamento vital y poético de una forma sencilla: Vida.
Iban a ser mil páginas, y se ha quedado en quinientas, muchas inéditas (más otras tantas de notas). JRJ conocía la importancia de su obra, y por ello sabía que su vida no podía dejarla en manos extrañas.
Empezó a pensar en este libro hacia 1928: recuerdos, fragmentos de obras anteriores que hacían referencia a cosas de su vida pasada, cartas suyas y de otros, aforismos biográficos, poemas que le dedicaron, polémicas de los periódicos, sueños, genealogías estéticas, políticas y morales, retratos de amigos, familia, enemigos, conocidos y saludados, en fin: el siglo. Porque, y pese a ser un retraído, no hay ningún poeta español que conociera a tantas gentes ni hubo nadie que, pudiendo, no quisiera conocerlo a él. De la suma de todo eso, algo en verdad de locos, papelitos, carpetas, recortes, cajas, quedó este collage. Todo puesto en primer plano, como un presente sucesivo. Porque JRJ no creía mucho en la historia. Decía: la poesía es presente o no es. Y la vida, lo mismo: “Escribir poesía es aprender “a llegar” a no escribirla, a ser, después de la escritura, poeta antes que escritura, poema en poeta, poeta verdadero en inmanencia conciente”.
Todo esto lo cuentan Mercedes Juliá Y Mª Ángeles Sanz Manzano en el estudio introductorio, y en los cientos de notas, documentadísimas, que vienen a completar los textos de JRJ. Porque de lo que estamos hablando es de un mosaico del que se han perdido o no se llegaron a escribir muchos fragmentos, pero del que existen otros mil que sus editoras han tratado de ordenar de una manera paciente y respetuosa con la posible voluntad del poeta. Claro que de vivir el poeta este libro no sería así (detestaba las notas, la filología en sus propios libros), pero  eso no quiere decir que aquel libro difiriera mucho de este: en los dos casos se parecería mucho a un pequeño laberinto.
Desde luego la intención de JRJ con este libro era, en parte, hablar de sus orígenes, de su familia, de su vida, pero también de sus razones morales, para deshacer en lo posible la leyenda negra que lo persiguió desde muy joven: el sambenito de la cursilería que le colgaron no se sabe muy bien por qué, acaso porque fue un hombre pulcro, un editor exquisito y una persona de conducta recta; el baldón de su excentricidad e intransigencia para con sus contemporáneos (el tiempo le ha dado la razón casi siempre); o lo que se tenían por extravagancias de conducta (su intolerancia al ruido o al humo del cigarro, el trato expeditivo a los pesados, su higiene desaforada, a pesar de terminar diciendo aquello tan gracioso, “a todo se llega, he aprendido a ser sucio, y me parece bien”).
Y él, que tan grandes “caricaturas líricas” nos dejó (tuvo ojo de águila, y como crítico literario, un lince), no quiso dejarse fuera del fresco que pintó: “He sido niño, mujer y hombre; amo el orden en lo exterior y la inquietud en el espíritu; creo que hay dos cosas corrosivas: la sensualidad y la impaciencia; no fumo, no bebo vino, odio el café y los toros, la relijión y el militarismo, el acordeón y la pena de muerte; sé que he venido para hacer versos; no gusto de números; admiro a los filósofos, a los pintores, a los músicos, a los poetas; y, en fin, tengo mi frente en su idea y mi corazón en su sentimiento”. Es decir, poco español.
Esta Vida, es, además, como no podía ser de otro modo, muchas vidas, y JR, está atento a lo que los demás veían en él: “Me lo dijo Rubén Darío el primer día que me vio: “Usted va por dentro”. “Dentro”, esto es para mí lo moderno y universal, porque español, para mí, era “lo fuera”. Luego he visto que el “dentro” estaba también en la poesía popular española”.
Y el ir por dentro hizo de él el poeta que conocemos, uno de los líricos más extremados y versátiles, capaz a un tiempo de la conmovedora epopeya rural de Platero y yo o del desgarrado Animal de fondo, pero también ese inadaptado al teatro social que acabó teniendo mil pendencias literarias, siempre que le dejaba en paz la lamentable hipocondría que le obligaba a vivir cerca de una casa de socorro.
A pesar de lo sincopado del collage, el lector hallará aquí textos clave y sobre todo la “melodía-juanramón”, en la que reconocerá la probidad de alguien cuyo principal defecto fue acaso exigir a los demás lo que se exigía a sí mismo, recordándonos que todo empezó, para bien y para mal, aquel día en que su padre, ya arruinado, murió de forma súbita, siendo él un adolescente. “Yo vivía una doble vida, la de mi vida y la de mi muerte”, dirá de aquellos días. Creyó volverse loco. Lo mandaron a un sanatorio francés, el primero de los muchos por los que pasó a lo largo de su vida, volvió, lo recogieron en otro sanatorio, lo protegieron los hombres de la Institución Libre de Enseñanza, que vieron en él un diamante puro. Se tuvo que volver al pueblo (ni toleraba la vida de la bohemia madrileña ni tenía dinero para vivir con su decoro), pero cuando volvió a Madrid siete u ocho años después, traía en la maleta libros que asombrarían a todos (entre ellos el Platero, que Francisco Giner tenía en su mesilla la noche que murió) y el deseo de  construir su vida conforme a una idea que por entonces empezó a cristalizar en un lema (“a la inmensa minoría” (…) Siempre que yo he dicho “minoría” he pensado particularmente en el pueblo. Mi minoría es “inmensa minoría”, no se olvide”) y una enseña (el perejil con el que coronaban a los héroes en Esparta, frente al laurel ateniense). Y entonces, 1913, conoció a Zenobia. Un antes y un después en su vida.
Esta Vida suya es imposible leerla sin tener presentes, desde luego, las largas conversaciones que mantuvo durante años con Juan Guerrero Ruiz (Juan Ramón de viva voz) o las que ya en el exilio reflejó Ricardo Gullón en otro libro conversado o el interesantísimo que acaba de aparecer también hace unas semanas (Por obra del instante: recoge cuantas entrevistas y retratos y semblanzas se escribieron de JRJ a lo largo de su vida, muchas de ellas inéditas o desconocidas incluso para aquellos que hemos prestado atención a estos asuntos desde hace tantos años, y todo ello admirablemente editado por otra gran juanramonista, Soledad González Ródenas), pero esta Vida y la vida de JRJ, decíamos, no se entenderían ya sin el admirable Epistolario del propio JR, y, sobre todo, los Diarios y el Epistolario de Zenobia Camprubí, el “monumento de amor” que quiso devolverle ella a él (y no debemos olvidar aquella dedicatoria que pensaba poner JRJ al frente de su obra, muerta ya Zenobia: “A Zenobia de mi alma, este último recuerdo de su Juan Ramón, que la adoró como a la mujer más completa del mundo, y no pudo hacerla feliz”), tras toda una existencia juntos “en la salud y en la enfermedad, en el dolor y en la alegría, en la vida y en la muerte”.
Y esto es esta Vida, rota como la de aquellos que decidieron “ir por dentro”: “Bien está el robo de mi trabajo de toda la vida, la ingratitud y la calumnia, el honor de la lista negra, la pérdida “oficial” de la ciudadanía; bien estaría el “entierro” en mi tierra de España. Pero ¡a qué precio! el destierro de mi lengua de España (…) No lo puedo soportar porque “desterrado” no tengo lenguas mías alrededor, no soy nadie, estoy más muerto que muerto, estoy perdido”, dirá casi al final, perdido tras la muerte de Zenobia y después de veinte años de un exilio que le llegó ya viejo, solo y más enfermo que nunca.
Por gusto reproduciría aquí cien fragmentos admirables de esta Vida que hacen aún más admirable su obra. No es posible. Pero sí recordar que esa Obra, cuya mayúscula legitimó con un trabajo de coloso, de héroe espartano, no podemos leerla ya desentendiéndonos de su Vida, porque tal y como hizo una y vivió la otra, las dos vienen a ser lo mismo: ética y estética juntas.

Santander, 20 de octubre de 2013


10 comentarios:

  1. Duele verse obligado a reconocer el hecho de ser espectador (a veces complaciente por indiferencia o hasta complicidad) de cómo se obstinan a veces los prejuicios y la maledicencia para desprestigiar la estela de ciertas personalidades. Sabía que los calificativos que lo tildaban de ser viscoso, melifluo, cursi y por supuesto alejado de cualquier compromiso, no se correspondía con la realidad de JRJ, Pero no fue hasta leer "Las armas y las letras" cuando descubrí la inmensa injusticia con que la historia ha tratado a este poeta cuya actitud durante la guerra civil rozó la ejemplaridad humana.
    Por extensión, suelo reflexionar sobre la seguridad de que hayamos aplicado la misma mordaza sobre otros muchos personajes de trayectoria encomiable y cuya defenestración nunca nos produjo dudas porque su biografía nos llegó redactada por plumas irrebatibles.
    Algunos saben disociar sin el menor conflicto el hemisferio ético del artístico, el ámbito íntimo que todo lo esconde del externo que produce brillo. Y los envidio, porque es muy incómodo no saber hacerlo. Me refiero, por ejemplo, a leer a Alberti o admirar el Guernica y ser capaz de conseguir la abstracción. Ingenuidades, tal vez.

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  2. A la espera de Vida.

    Un saludo

    http://vainilladream.blogspot.com/

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  3. Admiro a JRJ, para mí uno de los grandes poetas de la Humanidad, entendiendo por poesía la capacidad de decir en palabras lo que hasta ese momento era imposible decir. Por eso, en su faceta humana me sorprendió leer un texto en que, tras la muerte de Antonio Machado, JRJ sacaba a relucir detalles un tanto escabrosos, como que Machado se sujetaba los pantalones con una cuerda (a modo de cinturón) y tenía el vicio de roer papel. Puede leerse en este enlace:

    http://baezaliteraria.blogspot.com.es/2010/05/antonio-machado-en-los-papeles-secretos.html

    En verdad la imagen que tenía de JRJ se me ensombreció un poco. Ahora intentaré leer "Vida" para situar mejor las cosas en su contexto.

    SANDRA SUÁREZ

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  4. Quien habla mal sobre JRJ , un antihéroe que era un campeón ( al igual que Antonio Machado o Walt Whitman ) se arriesga a que alguien le ponga colorado , estos difamadores
    de JRJ suelen ser escritores frustrados o productos y que no dan la talla mínima .
    Me gusta haya sido tajante , yo nunca sería amigo de quien anda hablando mal de JRJ de Borges o de Galdos ya que creería que se
    trata de locos o muy tontos .
    La foto de Santander para ilustrar a JRJ creo es muy acertada , una de las ciudades más bonitas del mundo para un genio .

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    1. Si @NEGUS cumple lo que dice, quizá su aprecio por Borges o por JRJ, uno de los dos al menos, tenga que padecer un poco. Copio la anotación del diario de Bioy fechada el 'Jueves, 25 de octubre de 1956. Borges me dice: “Le dieron el Premio Nobel a Juan Ramón Jiménez”. BIOY: “Qué verguenza...”. BORGES: “...para Estocolmo. Primero a Gabriela, ahora a Juan Ramón. Son mejores para inventar la dinamita que para dar premios”. No es lo más grave que dice de él; pero lo cito porque es fácil de localizar.

      ¿Tiene eso alguna importancia? Para mí, ninguna, y sería absurdo, además de injusto, que eso rebajara la admiración por cualquiera de los dos. La crítica de uno y otro me parece de altísimo nivel; pero no hay que perder nunca de vista que la crítica hecha por un escritor, que puede ser espléndida (casi todos los críticos que de veras me interesan son también escritores, y buenos escritores), fácilmente incurre en injusticia, porque el escritor maduro es alguien con una opción estética, e incluso vital, claramente definida, lo que le coloca en situación algo sesgada para valorar opciones (en particular, tratándose de escritores contemporáneos) muy distintas de la propia. Hay, ya digo, que tenerlo en cuenta, y no darle mayor importancia.

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  5. Personalmente necesitaba leer prosa de JRJ ( ni siquiera sabia de su existencia ) ya que no he logrado sintonizar del todo el espíritu poético de JR , claro que he leído muy poco de él pero plantea los pensamientos y expone los sentimientos algo parco en palabras , aunque parece que en su etapa final hizo otro tipo de poesía , según acabo de comprobar viendo el video Espacio( la mitad invisible , RTVE a la carta ) sobre el poema prosaico que escribió cuando vivía en
    Coral Gables ( Miami ) . Creo que se puede aprender mucho de JRJ , y ahí está en lo alto de la ola y no hay quien le descabalgue .

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  6. Muchas gracias, Sr Trapiello, por el artículo en Babelia.Muchos nos alegramos de la justa reivindicación de uno de los mejores poetas de España.Usted ha sido imprescindible, desde que escribió Las armas y las letras, para que Juan Ramón Jiménez ocupe un lugar privilegiado , no solo como poeta, sino también como la persona extraordianaria que fue.Gracias también por Troppo Vero .A la espera de Vida y más salones.Victoria.

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  7. Un artículo magnífico que nos conduce al libro de Juan Ramón. Gracias a AT.

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  8. a.2238
    Cuando los artistas se vuelven rivales lo lógico es que dejen de ser amigos , pasa en el fútbol con el premio al Balón de Oro ( Cristiano lo recibió este año entre un mar de lagrimas , el hijo , la mama , toda la familia llorando ) , si gana un titulo no hubiera llorado pero el Premio depende de los demás y los nominados hacen campaña hasta el hastío . Como voy a tener en cuenta lo que digan unos de otro , cuando hay afición como había entonces el culto al ego supongo era lo normal ; eran grandes escritores y se creían los mejores porque esa era su condición y había que defender la posición ( no hay mejor defensa que un buen ataque ) , no te falta razón ( es más me gusta este tipo de gente , ellos demostraron su arte sobre el papel y esa es su verdad )

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  9. Este nuevo volumen juanramoniano no va destinado a los lectores, sino a los profesionales académicos de Juan Ramón, sirve para hacer carrera académica, no para dar a conocer una nueva obra del poeta. Al poeta le parecería una ofensa y una estafa a los lectores que se dejen engañar por los suplementos.
    (José Luis García Martín. Del blog "Café Arcadia").

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