27 de noviembre de 2014

No le faltaba razón


LO cierto es que ni por las venas de Remigio VIII, trigésimo segundo rey de la dinastía de los Esquilos, ni por la misma estirpe de los Esquilos, corría ya una sola gota de sangre de su fundador el conde Laurentino. El fluido azul se había interrumpido ya con la reina Vitila, zíngara de la que se encaprichó uno de los primeros esquilos, Crisanto II, elevándola a la dignidad real. 
Tuvo Vitila la paciencia que tuvo hasta que la tuvo. Dio a luz a trece niñas, para desesperación de su esposo Remigio IV, que aguardaba en vano un heredero. Furioso, la tomó primero con Vitila y luego con la venatoria y las doncellas de sus dominios, a las que no dio reposo. Harto de las frecuentes ausencias depredatorias del rey, buscó la buena de Vitila una tarde loca consuelo en los brazos de un zíngaro, de paso, él y el oso, por el castillo. De resultas de aquellos secretos y pasajeros abrazos, nació al fin el delfín a quien llamó Crispín. La alegría de Remigio IV fue desbordante y más cuando todos le aseguraban que Crispinito era su vivo retrato. Del IV al VIII de los Remigio otras tres reinas inyectaron en la sangre del zíngaro la de un marqués, la de un confesor y la de un notario mayor del reino, lo que no quitó, porque lo cortés no quita lo valiente, para que Remigio VIII, que conocía estos extremos, como todo el mundo, ordenara el día de su coronación acuñar moneda con su efigie y la leyenda “Remigio VIII por la Gracia de Dios”. Y en cierto modo no le faltaba razón.
Y a buen entendedor, etc.

El Rastro, 16 de noviembre de 2014


8 comentarios:

  1. Seguramente en todo árbol genealógico, y también en los de rancio abolengo (o especialmente en ésos), hay injertos de otras savias y otros árboles. ¡Cualquiera sabe de dónde (y de quiénes) viene! (ni falta que hace, por otro lado). Pero al margen de esto continúo, pese a cierto sector crítico, con mi serial de frases subrayadas de "El final de Sancho Panza...":

    "Lo que se sabe sentir, se sabe decir, y aunque no se tengan letras, basta con tener la necesidad de decir algo, para que se sepa decir, y no hay nadie tan borrico que no sepa decir pan, quiero decir pienso".

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    1. Está usted saboteando la economía de nuestro paciente anfitrión. Con semejante digesto, tan pormenorizado y a plazos, huelga comprar su nuevo volumen con las correrías sanchopancescas, y, si ya se ha comprado (como es el caso) leerlo.

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    2. Totalmente de acuerdo, nuestra amiga Sandra parece ignorar que comprar una novela no es comprar los derechos de autor. Además ya empieza a ser una murga, todos los días con la misma cantinela de subrayados y descubrimientos. Igual que una niña que se asombra y luego pretende asombrar a los adultos con su asombro.

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    3. También dicen que las SS dieron mucha murga y en realidad no fue para tanto.

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    4. No creo que nadie deje de leer la novela por esta subjetiva y personal selección de frases, pues en ningún momento he revelado nada de su argumento o trama, que es lo mejor de la obra ("hechos, sólo hechos" es la cita de Dickens con que se abre). Pero, habida cuenta de las críticas recibidas, renuncio a seguir poniendo aquí las frases que más me han llamado la atención en el libro (que, por cierto, leí de un tirón el mismo día que salió). Saludos a todo/as.

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    5. ¿Lo leyó y subrayó a la vez, de un tirón? Es usted tremenda.

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  2. Y para celebrar semejante "árbol geraneológico", estipuló y dejó atado y bien atado que, a fecha fija, en adelante y para siempre, se celebrase el Día de la Raza.

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  3. Está usted muy equivocado. Crispín no fue al fin el delfín de nadie sino el escudero bueno del capitán Trueno.

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