5 de noviembre de 2011

De un cuestionario

Cada vez le resulta a uno más difícil explicar, y hacerse creer, que a medida que pasan los años mira libros y papeles, viejos y nuevos, con mayor distancia, a menudo con extrañeza, como si no los reconociera, los suyos propios y los ajenos. Cierto que persiste uno en buscarlos y acopiarlos, y agradece también cuando se los regalan, porque las palabras siguen siendo a menudo alimento del alma. Claro que "hasta que al fin cayeron en un libro, / ay, tragedia del alma". 
Los responsables de El Cultural le enviaron a uno hace una semana este cuestionario para acompañar el excelente artículo de Juan Bonilla publicado ayer. Bien porque se excediera uno en las respuestas, bien porque creyeran que estas tampoco valían gran cosa, bien porque, como decía Camba, no haya nunca que responder cuestionarios gratis, pues o los publican a medias, porque son gratis, o los cobra otro, el caso es que de este faltaban algunas cosas, preguntas incluidas. Aquí va completo, sabiendo que en ninguna de esas respuestas va lo que verdaderamente importa, y no sólo porque no se nos preguntara sobre ello. No es excusa. Hemos de hablar de eso, aunque ni se pregunte ni posiblemente vayamos a encontrar a nadie que lo escuche: que los libros no pueden seguirnos nunca hasta el final. El último tramo hemos de hacerlo solos, tal y como vino a decirnos don Quijote,  al que no acompañó en su vida conquistadora ni uno solo de los libros que veneró y que le hicieron perder la cabeza.
Podríamos dejarlo así: Mejor aún que leer es haber leído.

1. Sé que es muy discreto sobre sus hallazgos, pero ¿cuál ha sido la biblioteca de escritor más interesante que ha salvado de acabar en manos de “traperos” o al menos de ser malvendida y desperdigada?
Cuando se vende un libro viejo suele ser por una de estas tres causas: porque ha muerto su dueño, porque necesita el dinero o porque ha dejado de gustarle o no le gusta lo suficiente como para seguir teniéndolo consigo. Así que cada libro viejo viene con una historia .Y todo es relativo: los libros, aunque se hayan pagado por ellos millones, no siempre están en las mejores manos. La rueda de la fortuna también rige para los libros, que un día están mejor y otros peor, según con quién. En mi caso, los viejos han sido la alegría en la casa del pobre, y ha durado mucho.

2. ¿Cuáles son los libros que más ama y que ha rescatado de ese modo?
 Me hizo ilusión el día que encontré en el Rastro la primera edición de La Fontana de Oro, dedicada por Galdós a José María de Pereda. Pereda se quejó años despues de que Galdós no le enviara los libros dedicados.

3. A su juicio, ¿qué escritor español ha sido el peor tratado por sus herederos a la hora de hacer dinero con sus bibliotecas?
No tengo la menor idea. 

4. ¿Qué opina de lo ocurrido con la Biblioteca de Aleixandre?
Sé poco de Aleixandre, y menos aún de su biblioteca. Pero seguro que no hay que dramatizar.

5. ¿Y con las Fundaciones Cela, de la que se dice  que los volumenes se apilan en cajas sin abrir y deterioradas, o del cierre de la Alberti? 
Los libros en cajas siempre dan un poco de pena, incluso, supongo, los de Cela y Alberti.

6. ¿Sabe ya cuál será el destino futuro de su biblioteca?
No. Me gustaría que acabaran en manos de gentes que los estimaran y cuidaran, en alguna institucion o en manos privadas, y sólo en el supuesto de que fueran a leerlos. Nada de bibliófilos que tienen los libros en las paredes como esos trofeos de caza tan fúnebres.

¿Alguna vez se ha encontrado, como tantos otros, con algun libro suyo en una librería de viejo o similar?
Sí, incluso dedicados. Míos y de todo el mundo. Y entonces pienso en lo que decía en la primera pregunta, pero me alegra saber que quizá su segunda vida sea mejor que la primera. 

8. ¿Cuál cree que podría ser la biblioteca más valiosa en el futuro de un escritor (o editor) coetáneo suyo?
De las que yo conozco, la de Abelardo Linares, de literatura española, y la de Juan Manuel Bonet para las vanguardias, sin dudarlo.

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