17 de noviembre de 2011

Poetas en el franquismo

DE las cartas de Rafael Múgica Celaya a Luis Figuerola-Ferretti, y de cómo llegaron hasta nuestra casa y la muy grata conversación que vino con ellas, da generosa cuenta, en el blog El duende de la radioel hijo del destinatario, homónimo de su padre. 
Lo apasionante del pasado es que nunca ha terminado de suceder, se diría que está en nuestras manos, y si a menudo el futuro nos parece irrevocable (sin tener que referirnos al 20N próximo), estamos convencidos de que el pasado fluctúa misteriosamente.
Pero del mismo modo que el futuro acaba por descararse y presentarse brutalmente ante nosotros, el pasado se esconde, tal es su naturaleza. En el caso de estas cartas, parece trasparentarse en los dos sellos de correos con la efigie de Franco de uno de los sobres en los que iba una de esas cartas. Cuántos millones de hombres que aborrecieron al dictador se vieron obligados a franquearlas, y durante cuántos años, con esas odiosas estampillas que les recordaban a un tiempo quién y cómo ganó la guerra y lo impotentes que se sentían ellos mismos para acabar con aquel estado de cosas que les obligaba a circular las cartas precisamente de ese modo, con el fin de hacerles pasar bajo esas horcas caudinas de papel cuantas veces fuese necesario.
Pero al mismo tiempo, y tratándose de Celaya, estos dos sellos nos recuerdan que la mayor parte de los poetas españoles que no se marcharon al exilio acabaron escribiendo y publicando buena parte de su obra en España, bajo la dictadura, empezando por el propio Celaya o Blas de Otero y acabando en quienes como Claudio Rodríguez, Ángel González, José Ángel Valente, Carlos Barral o Francisco Brines la escribieron y publicaron por entero aquí sin contratiempos reseñables. Y que esto naturalmente ni justifica ni hace mejor ni más tolerable al franquismo, desde luego, sino más complejo, como complejas fueron las relaciones de muchos de esos poetas, incluidos los antifranquistas militantes del interior, con el medio en el que vivían, incluso a cuerpo de rey, si hemos de creer a Gil de Biedma. Y que la complejidad es parte de la profundidad de los hechos. No sabemos qué hubieran podido escribir los poetas españoles de entonces de no haber sufrido a Franco ni las estampillas con su efigie, pero sabemos qué escribieron y en muchos casos, Claudio Rodríguez por ejemplo, su obra nos resulta de suma excelencia, como excelente es la de san Juan de la Cruz a pesar de Felipe II, un rey no excesivamente piadoso con sus enemigos. Del mismo modo que a la obra de algunos poetas exiliados tampoco la mejoró la libertad en que pudieron escribirla. 
Es decir, los matices que acaba aborreciendo la propaganda de cualquier signo.


8 comentarios:

  1. Hombre, no es del todo así: muchas obras no pudieron publicarse aquí, o sólo pudieron publicarse muy mutiladas, durante la totalidad o la mayor parte de la vida de Franco. Hubo mucha gente en España que no pudo, aunque quisiera, leer con normalidad a sus poetas o sus prosistas porque no se permitía que circularan, o que circularan íntegras, sus obras. Y esto no es cuestión de matices, es un hecho, del que hay cientos de ejemplos.

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  2. Naturalmente. Estábamos hablando de Claudio Rodríguez o de la mayor parte de los poetas de su generación que publicaron todas sus obras en España siendo como eran antifranquistas, no de León Felipe y tantos otros desde luego. Por lo mismo que a muchos republicanos no se les leía en España, pensemos en Gil-Albert por ejemplo, no por republicano sino por mil diversas circunstancias escasamente relacionadas con la política inmediata.

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  3. Así es,el pasado fluctúa...y vuelve.
    Un abrazo desde aquí a Luis Figuerola,que quizás lea estas líneas. Con Luis compartí horas muy gratas de profesión como "adjetivo sustantivado".
    Desde entonces también me llamo Leunam Oell.

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  4. ¿Podría alguien dar esos cientos de ejemplos? Gracias. David Fdez

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  5. Gracias a A. T. por las matizaciones, que yo sé bien que él no necesitaba; mis palabras sólo pretendían que quienes no tienen (no tenemos) sus conocimientos y objetividad no pasasen por alto la triste y sostenida labor de la censura, que privó a los españoles de tantas cosas. Incluso dentro de la llamada "generación del 50", un libro tan destacado como "Moralidades", de Jaime Gil de Biedma, por ejemplo, hubo de publicarse en México (Joaquín Mortiz editor, 1966), y no precisamente por gusto de su autor. Y la primera recopilación de su poesía ("Colección particular") fue debidamente secuestrada por la dicha censura. Y es que los tentáculos del pulpo censor eran largos y abundantes.

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  6. Respuesta a David Fdez.: como comprenderás, un foro de este tipo no es el mejor sitio para dar cientos de ejemplos, que requerirían, sólo para ser enunciados, una extensión imposible. Mi nota anterior daba un par de ellos; Blas de Otero, por ejemplo (lo cuenta su viuda, Sabina de la Cruz. en su prólogo a la antología "Expresión y reunión") sólo pudo publicar aquí, en 1963, su "Que trata de España" a costa de la supresión de, cito, "más de cien poemas". Y digo lo mismo de Lorca (puedes leer el prólogo a la antología de Mauro Armiño en Edaf), Miguel Hernández..., en fín, tantos nombres. Y no digamos nada de la novela, que por su mayor difusión padeció la censura aún más rigurosamente. O del teatro, sañudamente perseguido en cuanto apuntaba cualquier intención crítica. Y para qué hablar del cine; "Viridiana" es sólo el ejemplo más conocido, pero es uno entre muchísimos, prohibidos o mutilados. Si el tema te interesa, aquí mismo en internet puedes ver miles (literalmente) de entradas alusivas al tema, y en alguna de ellas bibliografía detallada de libros, artículos y demás acerca de la censura franquista.

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  7. Y en esa complejidad, propia de la teoría de las catástrofes y del principio de indeterminación einsteniana y juanrramoniana, redunda, creo, el hecho de que buena parte de los "cracks" del boom latinoamericano vinieran a afincarse en la franquista Barcelona, se supone que en acto libre de su voluntad, a "crear" bajo el viciado aire de una indudable dictadura, de entre cuyos tácitos mantenedores saldrían más tarde quizás sus más ácidos debeladores.

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  8. Por cierto, y para no hablar sólo de citas de libros o estudios, sino también de cosas que conozco personalmente, cuento el caso de un notable poeta ya fallecido a quien su mujer, cuando todavía eran novios, quiso regalar la edición publicada en México de las obras de Oscar Wilde, aquí prohibida entonces. Pudo conseguirla mediante un librero amigo de ésos que importaban bajo mano (arriesgándose a graves multas, cuando no directamente al cierre del negocio). Pero, católica convencida, y dado que era autor también prohibido por la Iglesia, confesó esa "transgresión" a un sacerdote, lo que tuvo como resultado que le fuese negada la absolución mientras el libro vitando no fuera destruido. Afortunadamente, tenía antigua amistad con otro cura católico, quien, viéndola seriamente preocupada (no era para menos) le preguntó qué le ocurría. La cosa acabó en una oferta para que se confesara con él, lo que hizo, obteniendo entonces la absolución de su "terrible sacrilegio". Conozco la historia por su hija; la protagonista también ha muerto ya. A esos extremos podían llegar las cosas.

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