21 de noviembre de 2011

Ya no somos marionetas

Ya no resulta fácil saber quién mueve los hilos. Hasta hace poco imaginábamos que lo hacían hombres poderosos en la sombra a los que impulsaba la codicia, la concupiscencia política, los delirios de grandeza. Las marionetas, resignadas a un sino tan triste, decían: ¿y nosotras qué podemos hacer, si nos tienen trabadas? Internet, sin embargo, ha venido a hacer algo más complejas las cosas. No es que haya cortado tales hilos, pero los ha alargado tanto, que ahora se diría que las marionetas anduvieran sueltas, enredando lo suyo, ya que como lo único  de lo que verdaderamente entiende una marioneta es de hilos, se dedican a ponérselos a todo lo que ven y a moverlos por su cuenta. Incluso mueven los suyos propios sin advertir que son los suyos, convencidas de haber  alcanzado la libertad sólo porque tales hilos son muy largos.

Hasta antesdeayer si uno pretendía saber algo más de la película que quería ver o del libro que quería leer o cualesquiera otra indagación, buscaba en los periódicos las reseñas o noticias correspondientes. Cada periódico trataba de tener en plantilla especialistas solventes y probos, y los lectores agradecían sus orientaciones, contrastadas por la experiencia. Incluso a la contra también servía, porque bastaba que tal o cual crítico hablaran mal de un libro o de una película, para que supiéramos que era una garantía infalible de que el libro o la película en cuestión eran buenos. Esto, con internet,  se está acabando. 

Ciertos lectores, espectadores, hotelistas, consumidores de lo que sea ya no miran los periódicos, consultan  internet, entran en foros, inquieren a las redes sociales, sopesan. A esos no les interesa la opinión del especialista, no se fían, sospechan en él connivencias con la industria del libro, del cine, de los viajes, de los hoteles, de las diferentes cosas... Ya sólo le dan su crédito a la gente común, a la buena gente común, a las pobres marionetas que al fin campan a sus anchas, como ellos mismos, por internet, sólo se fían de los libertos. Pero no sospechan que... las editoriales, la industria del cine, de los coches, de los viajes, de los hoteles han infiltrado a sus agentes en blogs, facebooks y twitters correspondientes. Son activos, sistemáticos. Se presentan con perfiles comunes, humanos, incluso con las cadenas rotas y los hilos cortados, y propalan sus mensajes con la misma suavidad del sirimiri, también llamado calabobos. Han de parecer, desde luego, desinteresados: “He empezado a leer tal libro. No había oído hablar nunca de su autor. De momento me está gustando. Ya contaré”. Naturalmente contará tres días después: “Acabo de terminarlo, y estoy arrebatada”. Y, claro, también a la contra: “Soy un entusiasta seguidor de Fulano y hasta ahora me han gustado todas sus obras, pero la última me ha parecido decepcionante, tirar el dinero”. ¿Cómo no creer a un seguidor decepcionado, cómo no ponernos al lado de su dinero perdido? ¿Cómo no atender al arrebato de un espartaquista? En fin, lo que siempre se llamó cotarro (animar el), hacer ambiente. En la sombra, quienes antes movían los hilos, se han vestido de marionetas y desfilan al frente de todas las demás con su pancarta: ya no somos marionetas. 
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 20 de noviembre de 2011]

1 comentario:

  1. muchos críticos, por un lado, se han imbricado, previo unte, a la perfección en la cadena de superventas de la Industria, es decir, han dimitido de su obligación, y por otra parte esa astuta infiltración bajo máscara de gente normal en las redes sociales que con coraje denuncia usted debe ser desde luego denunciada y... desenmascarada, se ha halagado tanto el instinto primario del hombre de la calle, en el fondo esa infiltración es la continuación de los reallitys por otros medios.

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