23 de noviembre de 2011

Para dorsianos

En Madrid a las seis (o las siete, o las siete y media) o das una conferencia o te la dan. La frase, de d'Ors, es una más de las suyas que hizo fortuna. Circulan otras de manera anónima. La famosa "todo lo que no es tradición es plagio" no se sabe muy bien qué quiere decir. Yo desde luego no lo sé, pero más o menos se intuye que es preferible estar del lado de la tradición que del lado del plagio, aunque en el manual de instrucciones de esa frase no se diga nada del plagio de la tradición, tan frecuente como la tradición del plagio. Ayer presentamos en el museo de Abc Historias lúcidas de d'Ors, editadas y prologadas minuciosamente por Xavier Pla para la Obra Fundamental de la Fundación del Banco de Santander. Se agrupan en el volumen las glosas estivales de su autor, a las que trató de dotar de un vago argumento: Sijé (una especie de novela renancentista moderna, con instantáneas de Génova y Venecia de mundinovi vanguardista), Oceanografía del tedio (magnífico título para una obra sutil, azoriniana, ramoniana, en la que d'Ors puede hablar de la bombilla eléctrica o del pie dormido), Magín (la más divertida, de humor enteramente dorsiano: citando "un famoso tratado de cocina, firmado por una eximia escritora [Doña Emilia Pardo Bazán]", recuerda cómo esta da "cierta fórmula para un guisado de puerco, que se iniciaba con el siguiente escabrosísimo primer paso de técnica: "Se echa mano de un cerdo, y se le castra"), El sueño es vida (de amable filosofía montada), Historias de Esparragueras (bucólicas, es un decir, dejémoslas en agropecuarias) y Aldeamediana (abiertamente doctrinaria, dedicado con cuánto candor al mariscal Petain y señora en 1942: "Hacer la contrarrevolución no es hacer la revolución contraria; es hacer lo contrario de la revolución"). No son, ciertamente, las obras que prefiere uno de su autor, aunque la Oceanografía valga lo que un tratado de un pequeño filósofo, pero en ellas está el espíritu de la época (gimnástico y wagneriano al mismo tiempo, entre Poussin y Stravinsky), y las claves por las cuales d'Ors es un escritor fuera de tiempo y de lugar. No por su extravagante actuación en la guerra civil (eso contribuyó lo suyo), sino porque pasado el primer golpe de su glosari, d'Ors se convirtió en un escritor sin lectores, él, que los tuvo sin tasa, en catalán y en español. Hoy no es un escritor ni siquiera para escritores, ni para filósofos, ni para prosistas. Tampoco para falangistas, si es que de estos queda alguno. D'Ors es un escritor para dorsianos, y tiene esa suerte, porque siempre estará entre amigos que pueden ir por sus libros, como excursionistas, acampando ora en la anécdota ora en la categoría, o quedarse en la chaise longue dilucidando si el hombre viene a este mundo siendo clásico o romántico.









Eugenio d'Ors, en un capítulo memorable de la Oceanografía del tedio, "Adiós a los oficios", lamenta la degradación de un mundo que no sabe conservar sus tradiciones y oficios. ¿Qué queda entonces?, se pregunta. Nada, se responde. Al final "todo el mundo, si no es chauffeur, lo parece".

4 comentarios:

  1. Es verdad,hay escritores que al final o desde el principio construyen un colectivo selectivo,si se me permite la expresión.
    "Dorsianos" de éste o aquel los habrá siempre,amigos excursionistas que dice Trapiello.
    Como paseante del Salón de pasos perdidos ¿soy,"Trapiellista" o "Trapiellano"?

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  2. "d'Ors, escritor fuera de tiempo y de lugar", de acuerdo, permítaseme la broma fácil: d'Ors en orsay futbolero y en el museístico también. Y al fondo, al fondo, el San-tan-der, la música del capitalismo sahumando la cultura: penalty, tarjeta roja y expulsión (indignada, claro)

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  3. "Se coge un cerdo y se le capa" es, según he leído por alguna parte, el inicio de una receta publicada por Dª Emilia Pardo Bazán.

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  4. Gracias. Ya me extrañaba a mí que Carmen de Burgos fuese tan sutil. Lo pongo ya sin interrogaciones.

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