9 de noviembre de 2011

Yo pecador

El día que nos llegaba la tristísima noticia de la muerte de Tomás Segovia, uno de cuyos libros últimos se titula Digo Yo, nos enviaba Carmen Hernández-Pinzón, siempre generosa y atenta a todo lo de Juan Ramón, este precioso escrito suyo, prólogo a su libro Yo pecador.  Aunque de lo que habla JR es muy serio, se diría que ambos títulos estuvieran eslabonados por una sutil ironía, ese humor finísimo que de ambos hacía unos poetas excepcionales dentro de la lírica española, tan cenicienta y cariacontecida por lo general. 
Del escrito de JRJ nos dice Carmen que, que ella sepa, es inédito, aunque, añade, "tener certeza de esto con JR es imposible". 
Trata de algo de lo que habló muchas veces y que resumió en este aforismo vagamente melancólico, "Diera la mitad de mi obra por no haber escrito la otra mitad", propio de quien tenía demasiado caudal para un mundo que suele desconfiar de la sobreabundancia.
   
    PRÓLOGO A MI LIBRO "YO PECADOR"
"La verdad es que, hoy por hoy, yo preferiría no haber escrito nada, o casi nada de lo que he escrito. O, mejor, preferiría no haberlo publicado, o haberlo publicado anónimamente. Hubiera querido no ser poeta público ni hombre público, pero, claro, uno no es dueño, durante su vida, corta o larga, de sus ideas últimas. No es dueño de su idea ni de su voluntad últimas, por desgracia.
Ahora bien, resignado a publicarlo, puesto que ya he publicado tanto y no puedo despublicarlo, creo que debo publicarlo todo, absolutamente todo; que debo tener el valor de sufrir la vergüenza pública de cuanto he escrito, corrijiéndolo en aquello en que yo pueda mejorarlo. Uno debe responder ante el otro posible o imposible del trabajo de su existencia. "A lo hecho pecho", dice el español. Pecho: responsabilidad. El pecador que se confiesa arrepentido debe confesar hasta lo más mínimo, quedar completamente limpio de sí mismo. Como el poeta.
Creo que en mi obra escrita hay para todos los gustos. Uno pasa desde niño por tanta cosa y tanta fase. que puede compararse con toda la humanidad. Hay para el difícil, para el exijente, para el contentadizo, para el corriente (niño, maduro o viejo). Tal vez no haya nada para el bruto, para el perverso ni para el inverso. Tampoco quizás para dar gusto a nadie espresamente, sobre todo a la crítica.
Dije antes "responder del trabajo de su vida". Mi vida ha sido, casi toda vida poética, trabajo poético, creación o recreación. Se ha escrito que yo soy intermitente en mi trabajo. Sería mejor decir en la publicación de mi trabajo o en su ordenación y corrección. Y esto es verdad pero no por mi gusto. Siempre me he comparado al árbol que tanto amo; tengo las fases y las crisis anuales del árbol, las padezco yo anualmente. En el otoño una triste crisis mística empieza a libertarme del esfuerzo esterior y a intensificar la vida interna; todos mis recuerdos interiores se ajitan y se anulan para la acción. El invierno es época mía de letargo: sueños ricos me llenan todo del todo. Por fuera lo gris liso. Los primeros brotes ya me encuentran despierto; oigo los pájaros desde el alba y no necesito casi sueño. Los proyectos se me acumulan, acometo mil cosas a la vez. Esta fase dura hasta lo penúltimo del verano; entonces un día, en plena canícula, empieza a parecerme imposible todo mi trabajo; es como si una gran pared de bruma maciza se interpusiera entre mí y mi dios. Ceso en todo versos, cartas, lecturas, colaboración. Sólo vida externa, naturaleza libre, música, conversación.
Lo curioso es que esto se ha repetido cada año desde hace muchos sin que yo hubiese creído nunca durante la plenitud que pudiera repetirse [durante] la decadencia.
Y cuando viene la primavera y empiezo de nuevo (y esta sí que es mi trajedia si se quiere) tengo que empezarlo todo otra vez por el principio y jeneralmente lo cambio todo en muchos detalles esenciales. Por eso tengo tanto papel acumulado y por eso he dado menos libros cada vez. Nunca he podido casar la creación con la publicación".



3 comentarios:

  1. excelente el texto, "tal vez nada para el bruto, para el perverso ni para el inverso", il trovatore siempre del verso.

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  2. Palabras de consuelo, para los que esperamos la primavera.

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  3. El día a día, nostálgico día a día cuando se nos acerca la perspectiva, pero en realidad, solo pecador día a día sin más penitencia que la vida vivida.

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