11 de noviembre de 2011

Los vagamundos

ACABABAN de recibirlo hace dos días en la librería. Lo vio en la mesa de novedades por primera vez. Al encontrarlo allí se hizo la ilusión por un momento de que pudiera haberlo escrito otro, otro mejor. Lo compró, pagó por él con su propio dinero. Extraña sensación de libertad la de pagar por uno mismo en el mercado de esclavos. Los esclavos felices podríamos decir de los escritores que buscan hacer el trabajo gustoso. Fue leyendo por la calle la contracubierta, que reproduce el breve prólogo. No recordó cuándo lo había escrito, tampoco lo que decía en él. Eso también hizo que le pareciera un libro nuevo. Le entró curiosidad, ¿cómo sería el resto? ¿Habría envejecido? Hay ensayos en él, pensó, de hace diez, de hace doce años. La mayor parte de los libros son de hoja caduca. ¿Lo será este?, se dijo más con curiosidad que con temor. Sabe que acaso no podrá saberlo, porque no tendrá tiempo para volver a leerlo: ha de seguir escribiendo los nuevos, su camino, el trabajo gustoso. Pero le hace ilusión que alguien lo haga por él, como si fuese otro.

   PRÓLOGO BREVE
Se publicaron estos trabajos en los últimos diez o doce años aquí y allá, en periódicos y revistas o como prólogos. Me asombra, es un decir, que la mayoría traten de los mismos escritores que aparecían ya en entregas anteriores de esta misma serie de Clásicos de traje gris, alguna de hace veinticinco años. Quiere decir que uno se ha movido poco respecto de estos escritores, pero también que ellos se han movido igual de poco respecto de uno. Me gustaría pensar que estas páginas son como esos cuadros que algunos impresionistas pintaban una y otra vez sobre el mismo asunto, naturaleza muerta o paisaje, para no referirnos a aquellos que como Rembrandt o Van Gogh pintaron a lo largo de su vida incansablemente su propio rostro, con curiosidad y modestia, dando a entender con ello que a menudo no tenían nada mejor a mano. 
No va a entrar uno ahora a dilucidar lo que haya o no de autorretratato en estas páginas, porque el arranque de todas y cada una de ellas fue lo opuesto, tratar de contagiar algo del entusiasmo que le produjeron a uno la lectura de tales o cuales obras o el recuerdo de tal o cual escritor, a pesar de que para ello el lector de este libro haya de pasar a través de mis palabras. Que yo diga ahora que me habría gustado que fuesen mejores, no serviría de nada, y me daría por satisfecho si después de leer este libro te apresuras a leer aquellos otros de los que se habla aquí, por los que yo guardo profunda gratitud, habiendo hecho que me olvidara, sobre todo, de mí mismo. ¿Podría decirse algo mejor de ningún libro? Desde luego. Que tú, lector, leyéndolo, llegaras a olvidarte también de mí. Hablando de clásicos de traje gris, querrá decir que salimos ganando todos.


Andrés Trapiello, Los vagamundos. Barril & Barral Barcelona, 2011

5 comentarios:

  1. Leyendo cada ensayo como comen los conejos las berzas frescas, que le hincan el diente por una esquina y hasta el final, sin respirar.
    O como un amigable encuentro donde están los que quieres y se habla de lo de siempre,es decir, de lo que importa.
    Y más libros para leer, empezando por el de Solís o los diarios de Zenobia (aunque ya supiéramos)
    Contagiar el entusiasmo, de sobra; que me olvide de usted, no tanto; es un guía que aún necesito, me ayuda y no me distrae.
    Pero me he olvidado de mí, que no es poco

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  2. Habrá que vagar por esas páginas para descubrir ese mundo que esperamos sea el de siempre.
    Como los niños que esperan que les contemos el mismo cuento sin cambiar ni un pasaje.
    Es una maravilla que disfrutemos de esa manera con el cuento de nunca acabar.

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  3. Este fin de semana tendré los periódicos atiborrados de campañas, crisis, egos e indecencias; pero además tendré los "Vagamundos" que continúan a pesar de lo anterior. Cuan importantes deben ser-creerse algunos para preferir los periódicos...

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  4. me imagino al cajero contando el dinero, mirando el libro, mirando al Autor, de nuevo al libro, de nuevo al Autor, suspirando para sus adentros... desde luego que hay gente pa tó.
    (gratitud a los cásicos, claro, y a quien nos los hace ver mejor)

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  5. ¡Qué hermosa foto de JRJ!

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