29 de noviembre de 2011

A vista de las aguas descendía

DECÍA Ramón Gómez de la Serna que el Rastro era el lugar en el que aparecían los libros que no se pueden leer. El tiempo, que todo lo enmienda y que lo mejora casi todo, cambió algo las cosas y medio siglo después de que Ramón dijera aquello, el Rastro se convirtió en el único lugar, con las librerías de viejo, en el que podíamos hallar los libros del propio Ramón. De la pintura que aparece en el Rastro se podría seguir diciendo, no obstante, algo parecido a lo que decía de los libros. Cuánta pintura delirante puede verse en el Rastro, pero también qué alegría cuando de los pliegues de esa pesadilla, emergen las aguafuertes ibéricas de Solana y Baroja, las acuarelas de Bonafé, los guaches y dibujos de Eduardo Vicente, las pinturas de este y del otro, como esta, de clima tan poético, tan sugerente, firmada por alguien al que no le hemos podido descifrar la firma (se admiten hipótesis y pistas: la firma parece decir algo así como Lafita Portonosequé), o anónimas a menudo, como los romances, tan expresivas como ellos. Aparte de lo que esta pintura nos diga en la lengua vernácula de la pintura, habla de una España en la que el pueblo no había sido devorado aún por el público y que conseguía ser lírica con casi nada, como sucede siempre con todo lo importante, que está hecho de casi nada.

7 comentarios:

  1. habla también, creo, de una España sin nada, sin Estado del Bienestar, ¿sin libertades entonces?,en la que son las casas, modestas, las que nos miran,mientras el burro y su dueño, erguidos, prefieren escapar a nuestra escrutadora mirada.

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  2. Cuando puse nombre a mi último poemario, tenía claro que sólo las pequeñas cosas me mantienen en el camino. Lo bauticé como "Vísperas de casi nada" y tus palabras -estimado Andrés- acaban de regalarle cierta importancia. Saludos

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  3. No creo que sea Lafita Blanco, ni él ni sus hijos, los Lafita Díaz, porque cuando murió el último de ellos aún no se estilaba en los pueblos españoles ni el revoco a la tirolesa ni el asfalto en las calzadas, y a este cuadro, jumento aparte, sólo le faltan las antenas de televisión. Salud.

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  4. En el siglo IXX los Ringlins aprovechaban la gira circense por Europa para adquirir obras de arte, siempre me intrigó como se hicieron con la mayor colección de Rubens y con obras de Velazquez, Murillo, Van Dyck o Tintoretto entre cientos de obras de arte. Supongo que alguna comprarían en algún rastro ,el poderío de su ojo artístico y de su museo de Sarasota fue tal que su inversión artística les evitó sucumbir al crack de 1929. De alguna manera todos los cuadros aunque sea de artistas desconocidos tienen un valor mayor al precio de compra , las obras pictóricas son mágicas, como lo era el circo de Ringlin. saludos. Manuel Eugenio

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  5. Parece un Hopper castellano rural.

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  6. qué curioso cuadro. La carretera parece un cuadro, pero la casa de la derecha parece un cuadro dentro del cuadro, un trampantojo dentro del cuadro.

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