14 de noviembre de 2011

La duquesa sale a escena

No puede uno tropezarse a la señora duquesa sin abrumarse un poco y desasosegarse. Sufrimos incluso cuando habla, y no ya por las cosas que dice, que son como las que dice la mayor parte de la gente común, sino porque apenas puede articularlas y porque tememos ser testigos en directo de algún quebranto serio de su salud. Ocurrió cuando nos la mostraron bailando después de la ceremonia de su tercera boda.  El flamante marido se colocó detrás de la novia poniendo las manos por si se le caía al suelo y se le rompía, mientras ella aspeaba sus brazos y trataba de imprimir en ellos algo del vuelo que tuvieron en otros tiempos. Es cierto que había mucha gente alrededor que la jaleaba y la alentaba con piropos, “guapa, guapa y guapa”, los mismos que le gritan a la Macarena en la famosa “Madrugá”, pero al verla bailar aquellas sevillanas nos invadió nuevamente la angustia y deseamos que acabara cuanto antes una escena que hacía recordar un poco el casticismo de Valle-Inclán...

Es posible que en otras épocas, cuando la duquesa era joven y tenía brío, y hacía y deshacía a su antojo los asuntos de su casa y de su linaje, poniéndose por montera muchas convenciones sociales, hubiese gente que envidiara su suerte, sus palacios, su fortuna, pero no creo que en el cariño que parece rodear sus apariciones públicas actuales haya nada interesado ni concupiscente. Al contrario, se diría que muchos se sienten atraídos por la vitalidad de alguien que se resiste a abandonar esta vida como hace la mayoría, y que para ello no duda en vestirse sedas crujientes y adornarse el pelo, peinado de modo exuberante, con lazos y perifollos. Es más: aunque fuese poco probable que Mefistófeles encontrara quienes quisieran cambiarse por ella tentándoles con sus palacios, fincas, títulos y propiedades, cada día son más numerosos los que acuden por verla y obsequiarla con sus jaleos. Así que alguien curioso como yo se pregunta qué ven  de  alegre tantos otros en lo que uno apenas percibe ya algo más que una fosca postrimería. 

El interés que suscitan sus andanzas es, desde luego, de la misma naturaleza que el que despertaba en Hesíodo la vida de los dioses o en Proust la de sus aristócratas.  El cotilleo está en la base de muchas novelas: queremos saber. ¿Qué hubiese sido Galdós o el propio Proust sin cotilleos? Pero aquí tiene que haber algo más. Y no es sencillo dilucidarlo. Por eso, cuando no acaba uno de ver las cosas claras sobre un hecho concreto de la actualidad, se pregunta cómo habría contado ese mismo hecho alguien como Cervantes, desde qué ángulo lo habría visto él. En este caso es fácil imaginar  cómo lo hubiesen contado Quevedo, o su albacea Valle-Inclán, pero lo difícil es siempre contar las cosas como las contaba Cervantes. La duquesa sale a escena. A su alrededor una representación nutrida del pueblo llano  vitorea y toca las palmas a placer. Gusta de ver a sus señores en esa zambra. Y uno, que trata de contar como Larra lo que ve, no logra hacerlo de un modo claro. Al final, lo tacha todo. Quiere sentir lo que sienten tantos, pero pierde el sosiego cada vez que la duquesa sale a escena, y él mismo se cae sobre su propia página como un borrón.
    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 13 de noviembre de 2011]


12 comentarios:

  1. Magistral, sobre todo en la imaginación de cómo lo hubiese visto y relatado Miguel de Cervantes (pero léanse su Gitanilla, su Rinconete y Cortadillo).

    ResponderEliminar
  2. A mi personalmente me encantó un articulo que escribió Ramón Perez-Maura sobre su boda.
    http://www.abc.es/blogs/perez-maura/public/post/casar-libertad-y-duquesa-10080.asp

    Yo personalmente me quedo con la figura de Jimmy su padre.

    ResponderEliminar
  3. La misma duquesa contra la que se plantaban los aparceros en el vallado de su finca, viuda de un cultísimo exjesuita amadísimo, de nuevo como no iba a exhibir su donaire, como en una ocasión su hijo D. Cayetano hizo llevado por los requiebros con la ex-modelo M. en un festejo privado, con los pasos de ese baile tan popular de su tierra, como tantas otras veces en la Feria, etc ... rodeada de un vulgo que la jalea, que la vejez no agrava, pues ella doblemente puede regocijarse, que dos veces niña diría Sócrates.

    ResponderEliminar
  4. lo que asombra en ella, a las mismas puertas de la muerte, es su noble y furiosa reivindicación del amor puro, contra Todo y contra todos, en estos tiempos del instinto duro,pues no tiene fuego ya ella que sofocar,y osar el celebrar esponsales públicos con un gris funcionario, eso es revolucionario en sí,y fé y celebración de la vida, como si, en efecto, no el Quevedo mordaz, sino el mejor Quevedo, el del amor constante la impulsara de verdad.

    ResponderEliminar
  5. Si usted no encuentra el prisma es que debe ser muy difícil. Una ocurrencia: el pueblo llano como quijotes con los sesos reblandecidos (a ratos),la duquesa como Dulcinea y el escritor como un Sancho que le eche un poco de sandunga.

    ResponderEliminar
  6. La España de charanga y pandereta,
    cerrado y sacristía,
    devota de Frascuelo y de María,
    de espíritu burlón y de alma quieta,
    ha de tener su mármol y su día,
    su infalible mañana y su poeta.

    Antonio Machado.

    ResponderEliminar
  7. ...devota de Frascuelo y de María...
    ni burlón ni quieto,
    adormecida en el mármol adormecido.

    Así abrió portadas de diarios y cerró telediarios. Blogs que le brindaron sus palabras y columnistas que nos entretuvieron. Cuanto echa de menos uno a los quevedos, cervantes, vallinclanes... incluso a las charangas de Cádiz

    ResponderEliminar
  8. Esta relación parece fruto de un flechazo, es encomiable que este señor alargue el ciclo vital de la condesa, con la edad las personas como los objetos nos hacemos quebradizos, a esta señora se la ve alegría de vivir y yo siento admiración por ella, está hecha de madera de heroínas y es un ejemplo a seguir. Saludos de Manuel Eugenio

    ResponderEliminar
  9. Los ancianos son como los clientes cuando compran, siempre tienen razón. Y si no la tienen acabarán por tenerla.


    Uno de la Judería

    ResponderEliminar
  10. Andrés,el problema de obligarse a escribir post con regularidad lleva a esto... Pocos pero buenos...gracias.

    ResponderEliminar
  11. Su texto logra expresar lo que muchos sentimos al toparnos con lo esperpéntico. Por mucho que lo intentemos no podemos mirar para otro lado. Quizá no podemos eludir un malestar que nos hiela la sonrisa.

    Contra los prejuicios de algunos yo diría que que sean pocos no garantiza que sean buenos. El milagro es tener al alcance lo mucho y bueno, como en este almanaque.

    ResponderEliminar