2 de noviembre de 2011

Hoy a mí, mañana a ti

Sigue leyendo uno la correspondencia de Van Gogh. Como un vasto país, están llenas esas cartas de rincones asombrosos, muchos ya lejanos en tiempo y espacio, pero aún hospitalarios. Hablando de la muerte de un joven pintor, Gerard Bilders, dice a su hermano Theo: "Bilders es muy espiritual, sabe cómo quejarse de forma divertida, porque desea manilas finos y no tiene con qué comprarlos, o porque no encuentra la forma de poder pagar las facturas del sastre; describe sus problemas económicos con tanta inspiración que no le queda más remedio que reírse, e igualmente sus lectores".
Así que sube uno hoy aquí este dibujo con el que Solana, nuestro van Gogh ibérico, ilustró la contracubierta de su Florencio Cornejo, y que desde hace años no nos quita el hueco del ojo de encima, enseñándonos a reírnos de nuestra propia calavera.
Es reconfortante que Van Gogh encuentre el humor como un rasgo de los temperamentos más espirituales, al contrario de tantos solemnes que lo ven como una debilidad, sin acordarse acaso de que el humor es el fruto de la eterna juventud y que Afrodita era precisamente "la que ama la risa".


5 comentarios:

  1. La solemnidad no tiene ninguna gracia. Saludos cordiales.

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  2. sonrisas y también lágrimas, claro: los propio, en mi opinión, de un gran pintor, de un artista, de un gran intelectual, es segar la hierba bajo nuestros pies y decirnos cuando conviene reir o cuando llorar,o indignarse, como hace el sacerdote en la misa, daos (ahora) fraternalmente la paz, o como decía aquella mítica canción protesta: de qué se ríe señor Ministro, de qué se ríe.

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  3. Pero Van Gogh no tiene absolutamente nada que ver con Solana.

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  4. Van Gogh tiene muchísimo que ver con Solana, pero hace falta alguien con la vista tan amplia de AT para mostrárnoslo. David Fdez.

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  5. Solana es siniestro, negro, costumbrista, carpetovetónico localista aferrado a la realidad. Van Gogh, expresivo, universal, luminoso, místico, metafórico. Ni siquiera la manera de pintar a los mineros ni las oscuras botas ajadas del segundo, posible punto de encuentro entre los dos, tiene nada que ver con el macabro efectismo del segundo. Hay una crasa diferencia de estilos de pintar y de escribir.

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