6 de abril de 2012

Un crepúsculo

TIENE gran prestigio la conversación frente a una chimenea, pero no es menos misteriosa y sugestiva la hora solitaria junto al fuego, oyendo el crepitar de las llamas y, a veces, como una recompensa, el inesperado sonido de los tizones al desprenderse del tronco que arde. Quien haya estado cerca del fuego muchas horas solo sabrá que ese sonido es semejante al de unos cristales muy finos y tallados, de lámparas que lloraran o de copas que brindaran con nosotros por el silencio.

Las Viñas, 5 de abril de 2012

6 comentarios:

  1. Magnífica foto, don Andrés. A ver si ahora va a resultar que es usted también un buen fotógrafo. Si es así, ya nada más que le faltaría a su polifacetismo escribir una obra de teatro y montar en globo. Felicidades.

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  2. más la encarnada aureola de insospechado lirismo de que dota hasta al más zote el dorado resplandor de las llamas.
    saludos

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  3. Frente al fuego, no existe la soledad. Uno se sienta ante las llamas acompañado de todos sus fantasmas y cae seducido por la enigmática calidez del hogar. Ahora, es tiempo de chimeneas, solo o en compañía. Son días para detenerse y poner en marcha el recuerdo. Saludos, don Andrés.

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  4. así es, exactamente así...

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  5. Es un elemento creativo y evolutivo, un antídoto para la velocidad con que vivimos

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