31 de enero de 2012

El asunto Ruano, el enigma Ruano (1)

ASÍ es como se le llama en estos papeles: "El asunto González Ruano". La paliza que le dieron es lo de menos.
Todo lo que se haya dicho de Ruano es poco, cuanto se diga acaso no será nunca suficiente, y "el asunto Ruano" apenas es nada comparado con "el enigma Ruano". Por supuesto que podremos decir de él lo más ignominioso. Por decir que no quede. Los candorosos, o sólo los oportunistas, hacen con él de vez en cuando moralina de salón y se lucen a su costa con lo que hizo y dicen que hizo en el París de la ocupación (y qué poco se supo de todo aquello, nos dijo Llop, y qué poco se sabe, habladurías aparte, su leyenda maldita!: apenas una carta del propio Ruano a Mary, su mujer, hablando desde la cárcel de Cherche-Midi de "esos policías tan atentos de la Gestapo"). Y con lo poco que sabemos, basta. Pero pocos escritores españoles tuvieron como él la llave de su tiempo, ni su talento. A la diabla, echado a perder, pourri, si se quiere, dandismo con los puños de la camisa sucios, pero con algo genuino y fascinante.

Hace unas semanas María Sintes Olivar, lectora de este almanaque, me envió, primero por correo electrónico y luego ordinario, esta "Nota sobre el asunto González Ruano".
   "Si tiene que citar a alguien, cite a mi padre, Francisco Sintes Obrador, que tiene más entidad que yo (...) No es que tuviera un cargo importante en la administración franquista, pero estuvo involucrado en todo lo que hizo Ruiz Jiménez..."
   De los archivos de Sintes Obrador proceden estos papeles.
   Aun teniendo delante el original, un montón de folios mecanografiados  y varias copias del servicio de microfilmes de la Hemeroteca de Madrid, todo ello en un estado de avanzada descomposición micótica, es difícil determinar con exactitud el propósito con el que fueron escritos y la fecha, aunque no el motivo. ¿Denuncia judicial, libelo, informe de la policía, obra de maniacos? Acaso todo a un tiempo.
   El documento fue redactado alrededor de 1950, poco después de la publicación del libro de Ruano Siluetas de escritores contemporáneos, aunque "la afrenta", tal como se la califica, pudo ser anterior, cuando los capítulos de ese libro se publicaron en el diario El Alcázar. Y que tiene que ver con dos de los retratos aparecidos en él esta fuera de dudas.

"César González Ruano, gravemente ofende en libros y periódicos, con carácter continuado de verdadera campaña, la memoria de figuras simbólicas de los Ideales que hoy España mantiene", comienza, y sigue: "Es de sobra conocida la conducta de escándalo y abyección de esa persona, lo que hace que unánimemente se la señale por doquier como prototipo de degradación y delincuencia; así como sus antecedentes, tanto de incendiario de conventos como de difamador en la Prensa y en el Libro de las más altas esencias, con grave escarnio para la Iglesia, el Ejército y la Tradición.
   "Expulsado, por inconfesables motivos, de las empresas privadas en que ejerció antes su profesión periodística, este hombre goza hoy del encumbramiento y del favor de los órganos estatales de Prensa, Radio y Propaganda. Y esos respetabilísimos instrumentos oficiales son dóciles en sus manos para que denigre e insulte la memoria y significación de dos figuras que son tenidas como representación del Pensamiento español: Ramiro de Maeztu y Ricardo León".
 (...) 
    "Como reacción lógica a insultos dirigidos contra su padre desde El Alcázar, los hijos de Ricardo León le propinaron una paliza. El juez del Juzgado nº 7 en los Considerandos de la sentencia dice textualmente sobre el asunto:
    “… No cabe desconocer, para graduar la pena, las circunstancias que han dado origen a tales hechos, pues si siempre es censurable la ingratitud de un hombre que se ha arrastrado ante su protector, en este caso el ilustre académico Don Ricardo León, modelo de caballeros, resulta menos digna la actitud despectiva con que el Sr. González le trata en sus artículos si se tiene en cuenta que quien lo hace no ha recibido más que beneficios del ofendido, cosa que realmente no puede extrañar en un escritor que maneja su pluma ofendiendo a los caidos, cuando ya no pueden defenderse por sí mismos…” Esta es la opinión de un juez sobre González Ruano.
    "Este individuo, que desgraciadamente goza de las simpatías que en ciertos sectores despiertan todos los truhanes y hombres de vida picaresca, se encuentra actualmente tan apoyado, que esta misma persona  que declara que los conventos los quemaron los propios frailes, cuando los incendios, con fines propagandísticos, (Heraldo de Madrid, 13-V-31) que ha llevado a cabo una campaña contra el Ejército, (Heraldo de Madrid, varias fechas) que ha escrito a propósito de la Dictadura del General Primo de Rivera: “Con la fusta africana se cruza la cara al pueblo español” (Heraldo de Madrid, 25-IV-31) que ha sido expulsado de Alemania por la policía por delitos comunes, que en Francia sus andanzas son harto conocidas, que constantemente se ha valido de medios de vida ilícitos y escandalosos, que su mujer ha tenido que separarse de él, que el debido respeto impide exponer detalles de su vida sexual, etc. etc.; puede actualmente afirmar impunemente en un libro que las ideas de Ramiro de Maeztu son tan absurdas que hacen reír (Siluetas de escritores contemporáneos, Editora Nacional) e intenta rebajar su talla en las Memorias que publica en El Alcázar".

Los informantes, en un país que vive bajo el terror de las delaciones, quieren y saben cómo hacerle daño. El pasado. El pasado es elocuente, si habla con sombras, entre brumas. Buscan los delatores una depuración, aniquilarlo. Aportan pruebas concluyentes, artículos del periodista anteriores a la guerra. ¿Qué dice en ellos Ruano? Incluso para ser de Ruano resultan asombrosos.
          (Continuará mañana)

Documento original Asunto Ruano. Archivo Sintes Obrador.

30 de enero de 2012

Nene, caca

EL título de este artículo, de Álvaro de Laiglesia, podría haber sido también el de alguno de los libros del recordado y siempre asombroso Chumy Chúmez. Según cuentan las personas que saben de las cosas regias, no siempre reales, esas han sido las palabras (“nene, no toques eso, caca”) que le habría dicho en más de una ocasión el Rey a su yerno,  a quien se juzgará en breve como ciudadano por las cosas que hizo como duque en relación a ciertos negocios feos que acaso acaben siendo, además, sucios, puesto que parecen haberle manchado a él las manos y de paso la fama a la institución que representa.

Es previsible también que el juicio contra Urdangarín y la posterior sentencia acarreen a esta Corona y a la institución monárquica algún descrédito, del que en principio se beneficiará el republicanismo, hoy defendido con pujante ardor por la extrema izquierda y por la extrema derecha, empeñadas ambas desde hace años en menoscabar una y otra. 

Probablemente al Rey tales vindicaciones republicanas no le preocuparán en exceso, después de saber que incluso en estas circunstancias poco favorables para la Corona, él y su hijo gozan en las encuestas de un elevadísimo número de partidarios, más del setenta por ciento de los encuestados. Tal cortejo no lo ha tenido en España ninguna otra figura histórica, aunque por otro lado es más que probable que tampoco el Rey y el Príncipe hayan olvidado que ese pueblo que tanto les quiere hoy, mañana puede mandarlos de nuevo al exilio, porque si algo le ha apasionado al pueblo en este país es largar a sus reyes y reinas al exilio, desde Fernando VII hasta Alfonso XIII y don Juan, pasando por la casticísima Isabel II.

Dios, origen de la ficción que es toda Monarquía y autoficción acaso él mismo, no lo quiera, porque la idea de entrar ahora en la vorágine de una República Federal, con regiones enteras amotinadas pugnando por su independencia, resultaría pavorosa. Decía Lenin que el izquierdismo era la enfermedad infantil del comunismo sovietario, pero el nacionalismo, que ha sido la enfermedad infantil de nuestra democracia autonomista, podría llevar a este país a eso que el republicano Bergamín llamó, tan festivo como irresponsable, el “disparadero español”.

Coinciden en afirmar los que lo han tratado alguna vez que el Rey es alguien principalmente simpático y campechano. Estas cualidades, irrelevantes si habláramos de un científico o de un artista, son en un rey con tan limitada capacidad gubernativa como la suya, vitales, suficientes. Diríamos incluso que a un rey como él no hay muchas cosas que puedan pedírsele que haga, sino que no haga: hace treinta años, por ejemplo, que no se le viera demasiado por los cuartos de banderas y ahora, que no deje nunca, como la esposa del César, de parecer honrado. España ha dejado demasiadas veces ya de ser monárquica de la noche a la mañana y que eso pudiera volver a suceder, tras el periodo más largo de prosperidad y democracia de su historia, es algo que preocupa incluso a los miles de republicanos moderados que desean que esta ficción dure al menos otros treinta y cinco años.
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 29 de enero de 2012]

Gota de leche ducal o gota ducal de leche, como se diga.

29 de enero de 2012

De rastros y encantes

ASÍ se titula el último libro de José Carlos Cataño (Universidad de Sevilla, 2011). 
Trata de eso, de sus paseos por los rastros de algunas ciudades del mundo y los encantes de la suya, Barcelona, buscando, es un decir, libros viejos. 
Si se tratase de libros, viejos o nuevos, no valdría la pena leer este libro ni ninguno. Tragedia del alma dijo Unamuno que les sucedió a las palabras del armador aquel de casas rústicas, cayendo en libro, haciéndose sagradas, o sea, intocables. Mientras estaban en el aire, qué bendición, qué bienaventuranza. Todo en ellas era tacto, caricia, céfiro. Cataño quiere que las suyas queden también flotando en el ambiente. Este es un libro de ambientes, de costumbres, o sea, un libro moral, palabra que viene como todo el mundo sabe de costumbre. Va, vuelve, mira, está entre las cosas viejas, las que acaban en el arroyo sin redención. Un  domingo y otro, y entre semana, en invierno, en verano, a cualquier hora. Es un libro largo que se hace corto porque va, vuelve, siempre con sus consideraciones de pequeño filósofo azoriniano. Los libros son lo de menos. No son grandes libros, sino aves menudas de vuelo corto, las que le ocupan, libros-gorriones, libros-jilgueros, libros-tordos. Lo agradecemos. A estas alturas de la vida, desencuadernados, no estamos ya para muchas princeps.
Confiesa Cataño en la primera línea que él no es un flâneur: "Yo siempre que salgo por la puerta voy a un destino definido. Me refiero a la calle, porque en lo que se refiere a la vida, ni entro ni salgo en ningún sitio". El lector le va siguiendo, y agradece verle en sus afanes y porfías, tanto más simpáticos cuanto más pequeños. Nos gusta mucho ese mundo, lo sabe él, de aljabibes, regatones y zarrracatines, el mundo de los despojos, el desordenado mundo de las postrimerías que se van de este mundo y vuelven a venirse a él entre alboroques.
Se engañará quien crea que este libro lo es de libros viejos, de cinegética bibliar. Este libro son sólo las confesiones de un hombre que se busca a sí mismo, y que, como todos, encuentra en el desorden del mundo un modo de ordenar su propio mundo, de traer el desorden a una intimidad. El cambiar de sitio el desorden, ya es un orden. Este libro, digámoslo al fin, trata también de una intimidad. ¿Qué es la intimidad? El único rincón del hombre, el más profundo de él, donde todo está ordenado. Y es feliz sólo aquel que no teme quedarse a solas en su propia intimidad, sala de espera. Si tiene a mano este libro, mejor; habla de lo que hablan los libros de verdad, de todo menos de libros.

Barcelona, Encantes; fotos de J.C. Cataño incluidas con otras en De rastros y encantes, al cuidado tipográfico (y aquí estas dos palabras tienen pleno sentido) de Alfonso Meléndez.

28 de enero de 2012

De libros inencontrables (en suposición de tocar)

LOS "Juan Palomo" de El Cultural, como el propio El Cultural, son fuente inagotable de regocijo, y no defraudan. La semana pasada hacían a Neruda director de Cruz y Raya (sin enmendarlo más tarde, por supuesto, para no menear más el columpio). Y esta, esto: hablando de la biblioteca de un crítico, rechazada al parecer como donación por no sé cuántas instituciones (al contrario de lo que ha sucedido con la de Juan Goytisolo), ponen el palomo en el cielo: "A pesar de contener entre 5.000 y 7.000 primeras ediciones, sobre todo de los años cincuenta, con libros inencontrables, como la primera edición de Volverás a Región de Benet, que jamás vio la luz por culpa de la censura".
Se publicó ese libro "de los años cincuenta" en 1967 en la editorial Destino, y si tuvo problemas con la censura no lo sabemos, aunque en tal caso habría que darle un premio al censor, no como censor, claro, sino por haber logrado desencriptar la prosa de su autor y rastrear en ella desadhesiones inquebrantables al Movimiento. Por lo demás, el que tenga la fantasía de una primera edición de ese libro inencontrable, encontrará unas cuantas en Iberlibro a precios, por cierto, ridículos.
Así que alguien debería volver a recordar a este propósito, si le gusta hablar de libros viejos y primeras ediciones, el axioma crotalógico del Padre Fernández de Rojas, citado por Francisco A. Barbieri y recordado a su vez por Ferlosio: "En suposición de tocar [las castañuelas], mejor es tocar bien que mal".


Castañuela perlífera, 27 de enero de 2012.

27 de enero de 2012

Al acecho (y 2)

BIEN sabe uno que hay que variar y florear el mundo, y más en un almanaque como este. Pero también que hay asuntos que darían no ya para un asiento, sino para toda una sillería de coro. Así Unamuno, genuino como ninguno. Su Cancionero, decíamos ayer. Y en él la sensación de que nuestro poeta, tan bilbaíno, podía seguir el cante hondo con los ojos cerrados:

Soñé que me moría y me dormí,
soñé que renacía y desperté,
soñé que me soñaba y ¡ay de mí!
perdióse en sueños el que me soñé.

 ... y hasta las coplas (y qué lejos estaba cuando escribió esta, en 1929, de imaginar que en España los copleros de oficio suplantarían a los poetas):

Es revolver la canción,
poeta, tu sacrificio:
deja al coplero de oficio
cantar la revolución.

Y esta otra habría valido como lema del periódico Factual:

Ponte bien al acecho
–caza es la ciencia–
que va a pasar un hecho,
y ten paciencia.

En cuanto a esta, en la que parece resonar el romanticismo de Zorrilla, ¿qué, sino que fue lema del propio Unamuno?

Es el vivir quietamente
venero de la inquietud;
es al descansar la mente
cuando pierde la salud.

Mientras vivas en la tierra
nunca de paz gustarás;
o contigo mismo guerra,
o guerra con los demás.

Es, sí, el Cancionero, vivar vivísimo no sólo de la lengua, tuétano del alma, sino vasto paisaje ante el que podemos quedar o pasar, sin irnos nunca.

De las fotografías que se le hicieron a Unamuno, sin la menor duda el escritor más retratado en  su tiempo (si hemos de creer a Ruano, que le hizo un retrato tan malvado como perspicaz, no exento de admiración, fue una persona convencida de su superioridad, más que vanidosa, soberbia), estas dos son mis preferidas. La primera es un original, con el sello en el reverso del fotógrafo salmantino Ansede (se la hizo en casa de Unamuno, en Salamanca; y desmiente a Ruano, que aseguraba que Unamuno no usaba puños con gemelos, sino redondos con botones, que, dijo, él puso de moda), y la otra, muy conocida también, de su amigo José Suárez, a quien prologó  5O fotos de Salamanca, frente al Tormes, en tierras castellanas (aquí en forma de trajeta postal, a tanto llegó su celebridad). En una se le ve leyendo sueños, y en la otra soñándolos.

26 de enero de 2012

En el yermo de la historia (1)

HOY tiene uno previsto un breve encuentro en Málaga, en el Centro de la Generación del 27, con los amantes de la poesía de Unamuno, a propósito de su Cancionero o Diario poético. No serán muchos, me temo, con ser ese libro desmedido y desmangado uno de los trajes más originales que ha vestido la poesía en nuestra lengua. En él, enterradas en sus mil setecientas cincuenta y cinco composiciones, figura la que a juicio de JRJ era una de las cinco cumbres de la poesía lírica castellana de todos los tiempos, el armador aquel de casas rústicas, del que alguna vez se ha hablado ya aquí, y el romance que contiene uno de los versos más bellos de nuestro idioma, lígrimos, lánguidos íntimosdonde la reciedumbre castellana buscó acunarse en el exámetro latino de Adriano animula vagula blandula Hospes comesque corporis...
Se ha dicho a menudo que fue Unamuno capaz de lo peor y de lo mejor, escribiendo versos. Pero ¿no les ha sucedido eso mismo a tantos grandes, abundantes como JRJ o Quevedo, o de obra breve como Leopardi o San Juan? 
Maravilloso libro, sí, ese Cancionero, diario poético, del que nos dio, como para un laberinto que unas veces está hecho de espejos cóncavos, otras convexos y tantas veces sólo de aire, el mismo aire de las Meninas:

Leer, leer, leer; vivir la vida
que otros soñaron;
leer, leer, leer; el alma olvida
las cosas que pasaron;
se queda en las que quedan, las ficciones,
las flores de la pluma,
las solas, las humanas creaciones,
el poso de la espuma,
Leer, leer, leer; ¿seré lectura
mañana también yo?
¿Seré mi creador, mi criatura?
¿Seré lo que pasó?

Compuso este poema el 9 de marzo del año 29, y el mismo día, tal era su fecundidad, este otro, no menos lírico:

EL POETA
Dijo cantando el decir,
hizo cantando el hacer,
quiso cantando el querer,
murió cantando el morir.

¿Y no habríamos de poner al frente de esta hemeroflexia, almanaque o colección de días, los versos de un tan gran heteroflexo y cocotólogo como fue él?

De Niño coleccionabas

sellos, santos o botones,
cuescos, canicas o tabas;
colecciona hoy tus canciones.

Date prisa, date prisa,

se te va la Creación,
su Señor mismo te avisa,
haz con ella colección.

De estos dos retratos originales, el de la izquierda resulta tan... obvio, que parece conocido, y me lo envió una lectora anónima, recogido por ella del suelo en el patio de una institución pública hace años un día de lluvia (y de ahí su lamentable estado, con huellas de zapatos por haz y envés). El otro, supongo que inédito, fue hecho en la playa de Hendaya, en el tiempo en el que escribió los poemas que aquí se reproducen.






25 de enero de 2012

Binza, tastana, fárfara.

NO deja de ser una extravagancia haber puesto esas pipas entre llaves, tijeras, badilas, tenazas, zoquetes y otros útiles de hierro, pero nadie dejará de reconocer el gesto poético de haber colocado, como parte de un universo común, unas junto a otras, esquilas y castañuelas. Ha acabado mimetizándose tanto el óxido de sus idiomas, que se las ve indistintas.
* * *
INOCENCIA, inociencia.
* * *
BONITAS las bibliotecas grandes e importantes, pero cómo añora uno aquellos años en los que todos sus libros cabían en media maleta, y esta le seguía como perro fiel a dondequiera le llevaba su vida errante.
* * *
POESÍA de los cendales: binza (de la cebolla o bizna en la nuez); tastana (de la granada); fárfara (del huevo).

Rastro, 22 de enero de 2012

24 de enero de 2012

Ajos, marsopas, voces de gesta

EN las minimemorias de Luis G. Candamo (remitidas por JMB, qué sería de nosotros sin sus pesquisas. "Eres genial, jamás me habría fijado en esos dos detalles", escribió luego. En realidad, querido JM, a cada cual le esperan sus propios hallazgos, que ningún otro verá, y eso no tiene ningún mérito, como también sucede con las erratas, que cada cual ve unas distintas de las que ve otro, destinadas a cada uno de nosotros desde el origen de los tiempos para que sólo cada uno de nosotros distingamos las nuestras), en esas memorias del hijo del ilustre bibliotecario, decía, estos dos detalles:

1. Que en los años treinta Unamuno llevaba en el bolsillo de su chaqueta ajos pelados para comerlos crudos a lo largo del día, sin recatarse de emplear en público ese remedio que le habían indicado pastores salmantinos para combatir la artrosis.

y 2. Que en el Madrid sitiado de la guerra, donde tantos alimentos empezaban a escasear y racionarse, empezó a venderse carne de marsopa.

Los ajos nos hacen aún más simpático a don Miguel, pero alguien, entre los muchos y eruditos lectores de este almanaque, podrá decirnos, primero, si por marsopas hemos de entender lo que dice el diccionario, y en segundo lugar, si fuere así, qué diablos habían venido a hacer a Madrid, tan lejos de su hábitat natural. ¿Traídas acaso del Mar del Norte o del Negro por los rusos?
* * *
Y para que el asiento de hoy sea enteramente el de un almanaque en el que entra todo, esta dedicatoria autógrafa de Valle-Inclán en mi ejemplar de Voces de gesta, encontrado quién puede decir dónde ni hace cuánto tiempo. No habrían podido quedar expresados en menos palabras el genio y la malicia bradominesca de su autor: "Este ejemplar de Voces de Gesta para Juanita, magnífico ejemplar".
* * *
Esta es la clase de historias que nunca suelen aparecer en los ensayos serios sobre escritores, pero lo cierto es que en ellas hallamos a veces más del carácter y la personalidad de un autor que en muchos de sus escritos. Al fin y al cabo saber que a Cervantes le gustaban los juegos de cartas es infinitamente más importante que conocer dónde nació, asunto este sobre el que corrieron ríos de tinta durante dos siglos. 
Entrada, salida (Parqueadero de la calle Castelló), 15 de enero, 2012










23 de enero de 2012

Ni tuyo ni mío

SIEMPRE le hizo a uno muchísima gracia el modo en que el padre de mi tío Vitalino, marido de Estilita, hermana a su vez de Porfirio y Presvinda, le explicaba a su mujer, Basilisa  (en León nos las gastamos así con los nombres propios), lo que iba a significar la República, que acababa de ser proclamada en 1931: “Será algo muy bueno: entre lo que tenemos y lo que nos toque del reparto, estaremos mucho mejor”. El hombre consideraba que lo suyo era suyo, y lo de los demás, de todos.

Es más o menos lo que piensan de la llamada propiedad intelectual algunas gentes, negándola sin rebozo después de vestirla con una palabra que suena enteramente altruista: el procomún . Sus argumentos, si no los ha comprendido uno mal, son los siguientes: hay bienes que son de todos: el agua, el aire, el conocimiento científico, el software y, también, las obras culturales. En el caso de los creadores, como ellos no crean de la nada, sino que son parte de una cadena de cientos, de miles de años, deben devolver su obra a los demás, en lo que han denominado retorno social. Leo en un periódico a uno de los defensores del procomún: “Para que a alguien creativo se le ocurra algo, ha tenido antes que leer un montón de cosas (...) y ha necesitado una infraestructura, bibliotecas, transportes, canales de acceso... Hay una dimensión en la creación que es procomunal: por eso es un absurdo que a alguien al que se le ocurre algo le den la propiedad en exclusiva por ni se sabe cuántos años”. Sí se saben los años, ochenta. Muchos o pocos, según se mire. Pocos, por ejemplo, mientras al palacio de Liria, que es también una creación cultural, con todas las colecciones de arte que contiene, no se le aplique el concepto de retorno social, al igual que a todas las patentes de objetos en los que intervenga la rueda, que viene, como se sabe, de atrás, y sin la cual no habrían sido posibles.

Jamás ha ocultado uno, al contrario, lo ha difundido desde hace años, este raro convencimiento, compartido, me consta, por otros creadores: la sensación de que los logros propios nos son ajenos, como si tal o cual página, tal o cual poema, nos lo hubiera dictado alguien mucho mejor que nosotros, en tanto que fracasos o errores los reconocemos de inmediato como propios. Por tanto, algo de lo que sostienen los defensores del procomún es cierto. Todo lo sabemos entre todos, decía Giner de los Ríos, quien lo había oído de un pastor soriano. Por eso no le importará a uno renunciar a sus derechos en favor del común: el día en que dejen entrar en el palacio de Liria a todo el mundo como en su propia casa, o llevarse de la tienda de Apple, sin pagar, naturalmente, el ipad con el que van a descargarse bienes del procomún, o engancharse gratuitamente a la red telefónica o, invocando al inventor de la rueda, hacer uso del primer coche que tenga a mano. Lucha uno por algo así desde que era joven, desde que pensó que el mundo sería mejor si lo compartíamos todo con todos, si seguíamos el principio clásico: trabajar cada cual según sus facultades y recibir según sus necesidades. A eso se le llama comunismo, pero se teme uno que nos lo están explicando como a la tía Basilisa. Ahora bien, si llega la cosa, ese día lo mío es de todos, y lo de todos, mío. O mejor aún: ni tuyo ni mío.
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 22 de enero de 2012]

22 de enero de 2012

Una derrota

"«Se canta lo que se pierde», según Machado. ¡Qué difícil es cantar victoria!", decía nuestro amigo Carlos Pujol.
Es prerrogativa de los vencedores, parte de su botín, apropiarse del relato de los hechos, que harán a su conveniencia. Tropezarse con la celebración de una derrota no deja de ser, por tanto, un hecho relevante. Nos sucedió en el Rastro el domingo pasado con este cuadro, cruce de Grosz y Ricardo Baroja, en el que alguien había comprendido que en ocasiones, más relevante que la victoria que la ocasionó, es importantísima la derrota, como sucedió con Waterloo, donde la gloria de los vencedores no fue en absoluto superior a la de Bonaparte. Y que el autor del cuadro quería dejar claro que el tema no era una batalla o una victoria, viene manifiesto en el hecho de que escribió en el ángulo superior, bien visible, esta leyenda: "Una derrota".
Le gustó a uno tanto la idea, que hizo de él con el móvil esta pobrísima instantánea (la fe en la pintura no llegaba a tanto como para comprarlo, disuadido por esa figura central que más que derrotarse parece bailar el can-can), pensando en el día en que le ponga a uno de sus libros ese mismo título, Una derrota, tanto en lo que significa en su primera acepción, ""camino, vereda, senda, y rumbo o dirección que llevan en su navegación las embarcaciones", como en la segunda: "revés, combate desgraciado, y confusión  y desorden que siguen a una batalla perdida".

Rastro, 13 de enero de 2012

21 de enero de 2012

Lázaro

¿CUÁNTAS imágenes, escenas, paisajes, rostros, sonrisas, antes de la irrupción de estos curiosos y soñadores móviles nuestros, nacieron y se perdieron como copos de nieve sobre el agua, habiendo merecido permanecer, cuajar como nevada? ¿Qué ocurrirá en el planeta, en internet, el día en que, no pudiendo contenerse más, allá donde se encuentren, nube o sima, se desborden como la leche hervida? 
Antes había papel. Y el papel, tan frágil, lograba resistir como la muralla china. ¿Pero ahora? ¿Qué sucederá si todas esas imágenes se evaporan, si una peste informática asola todos nuestros ordenadores y las borra de la faz de la tierra? Ese día habrá nacido de nuevo la leyenda: volverá la memoria a hermosear lo perdido. A recordar cómo fueron las cosas. La memoria viste el pasado, como visten a este maniquí, prendido al paso, en unas rebajas. Luego la memoria calzará al pasado, y le dirá, como a Lázaro: levántate, y anda. Y el pasado empezará a caminar. Pero llevar zapatos no conseguirá hacerle olvidar que podría volver a caminar descalzo en cuanto quiera, privilegio de solitarios, poetas y mendigos.

Rebajas del Corte Inglés, 9 de enero de 2012

20 de enero de 2012

El mundo al revés (vodevil y coda)

PUBLICABA la semana pasada El Cultural tres cartas cruzadas, dos de Luis Rosales y otra de Pablo Neruda, quien, por cierto, no fue director de Cruz y Raya, como afirmaba esa revista. La correspondencia, de febrero de 1973, trata de la edición que se preparaba en España por entonces con poemas del chileno. El granadino escribe al chileno. No puede creer que el director de la Editora Nacional asegure que "por deseo expreso de Neruda se eliminará toda poesía que tenga un carácter definitivamente político", y le dice al chileno,  en beauté, que él no puede preparar una antología suya sin aclararlo antes con él. El chileno le contesta condescendiente desde el Olimpo del Comité Central y el premio Nobel: así es, amigo Luis; si para publicar en la España de Franco y sortear la censura hay que suprimir los versitos políticos que hacen referencia a Franco y a España, nada, se suprimen, y a otra cosa. "No tengo gran amor propio", confiesa el que ha vivido, y le pide acto seguido discreción, que esa carta quede entre los dos, una especie de 'tú ya me entiendes'. El granadino le responde a vuelta de correo. 'Uf, me quitas un peso de encima', leemos entre líneas, aunque en ese punto no quiere parecer pusilánime y asegura obsequioso que "desde luego, creo, como tú, que eliminar de una selección muy completa de tu obra los poemas políticos, carecería de sentido". ¿En qué quedamos? ¿Carece de sentido, pero vamos a hacer los dos un pequeño enjuague, aparcándolos por el momento? Eran los poemas en los que Neruda llamaba a "los Dámasos, Gerardos, los hijos de perra, silenciosos cómplices del verdugo..." En fin, los amigos de Rosales. Supongo que los poemas se eliminarían. Pelillos a la mar. Con ello la libertad se resentía, pero su gran mala poesía salía ganando. Todo ocurría, por cierto, en unos años en los que los estalinistas como Neruda, tras una pasajera autocrítica plegable, parecían pensar "que nos quiten lo matado", ante los pobres rosales a los que, viendo lo bien que les había tratado la vida literaria a los del otro bando, nostalgiosos de él, les devoraba una abrumadora melancolía.

(PD. Aunque para vodevil el que nos han regalado estos dos días Vargas Llosa, el Rey y el Gobierno, a propósito del Instituto Cervantes. Este cancaneo al menos no ha sido sangriento, sino que ha quedado en carnavales con serpentinas)

19 de enero de 2012

Las saturnales

ACABA de publicarse, en edición tan sobria como exquisita, un libro, librito más bien, de Joseph Kessel, autor del célebre Belle de jour que inspiró a Buñuel, con fotografías de Jean Moral: La guerra está aquí al lado (editorial Ken). 
1938. Kessel y Moral han venido a España. Como tantos reporteros se asoman a una guerra que hace vender en el extranjero miles de periódicos. No tienen mucho tiempo. Unas pocas semanas apenas, dos o tres. Pasan por Barcelona, Valencia, Madrid. El texto de Kessel, un hombre ponderado, recuerda a otros: cuenta lo que ve, pero no lo ve todo o no ha querido contarlo. Las fotos de Moral recuerdan igualmente a las que se hacían en la retaguardia, excepto esta, extraordinaria (y debería figurar, si la hubiere, en una próxima edición de Las armas y las letras). Se tomó en un salón de baile madrileño y hace pendant con aquella de la iglesia del Carmen que ha estudiado Carlos García-Alix, delirio de la revolución alrededor de unas momias recién profanadas. Se diría que ninguno de los que salen en ella es consciente de lo que se le viene encima, de lo que entre todos  parecen auspiciar. Recuerda a algunas de las descripciones que nos dejaron Foxá o Baroja. Podría titularse incluso, como un relato barojiano, Las saturnales (bacanal sangrienta). Bailan, como en un carnaval solanesco, hombres con mujeres, hombres con hombres, tronados solos. El rostro de la muerte asoma, más que en sus risas, en esas gorras militares caídas a un lado o hacia atrás indisciplinadas, con descuido. Si la foto del Carmen hizo un daño inmenso a la República, esta ya no podía hacerle ninguno: la República ya había muerto. Sólo faltaba este pavoroso entierro de la sardina.

18 de enero de 2012

Todo ha salido bien

ESCRIBO estas palabras pensando que las está leyendo. En cierto modo no hay una sola página que haya escrito uno en los últimos treinta y tantos años que no la haya escrito pensando en él, y que él no haya leído, comentado, corregido. Y no han sido precisamente pocas. Esta, sin embargo, es la más difícil de todas. Y que la está leyendo será para él algo fuera de duda. Era un hombre creyente, discreta, profundamente creyente. Su último libro, de poemas bellísimos, acaso los más hondos y verdaderos de cuantos escribió, lleva este título: El corazón de Dios. Para mí, para muchos, la obra de Carlos Pujol, tan secreta a veces, es ejemplo de finura suprema, milagrosamente sin desmayos, y de inteligencia siempre atinada en la elección de sus maestros, Saint-Simon, Balzac, Proust, Henry James o Emily Dickinson, a los que tradujo y estudió como nadie, y en la arquitectura de su propio mundo como novelista, poeta y ensayista: sencillez, humor, poesía y naturalidad. Su labor literaria, extensísima, titánica y silenciosa, fue siempre una celebración y una cita con la levedad y la gracia. Pero hay algo que la vuelve, a mi modo de ver, aún más extraordinaria. Como sin duda saben los que viven en y del mundo editorial español, Carlos Pujol vivió en y de él durante más de cincuenta años, sin contaminarse ni un átomo de nuestro pobre y desquiciado medio literario: “Hacer carrera, hacer la carrera”, decía con sutil delicadeza y una media sonrisa, apartándose a un lado. Y pese a ello no dejó nunca de ser una persona asequible, afable, educadísima, con porte de sabio oxoniense, al que nadie habrá oído jamás levantar la voz, ni tampoco hurtarla. Como su confidente Emily Dickinson decía “toda la verdad, pero sesgada”. Sólo había que saber escucharle tales susurros. Era una especie de ángel, lo ha sido hasta el último día, entre los hombres, en su oficina de Planeta, la bondad absoluta. Solía decir que la vida literaria, en realidad no es vida, sino sólo una imitación hecha con humo. Su Cuadernos de escritura, suma de aforismos sobre el oficio de escribir, es una obra maestra del género, a la que vuelve uno a menudo buscando compañía. En él leemos: ““El que escribe es otro”, decía Proust, y es una gran verdad, pero el que redacta es uno mismo; de la armoniosa colaboración de ambos depende que todo salga bien”. De pocos contemporáneos, al menos de los que uno ha conocido, podrá asegurarse que le haya salido mejor.
Amigo, has entrado en otro tiempo, el del silencio, el de lo inexplicable, el único que para ti valía la pena vivirse desde este mundo nuestro, no menos inexplicable, pero mucho más inconvincente. Así lo dijiste: “Sólo tiene verdadero interés lo inexplicable, lo que puede explicarse en seguida resulta banal”.
Por eso sé que, mientras las escribía, ha estado leyendo por encima de mi hombro estas palabras que yo querría ahora que fuesen, sólo por él, mucho mejores.
     [Publicado hoy en El País]

Ahora, esta noche

DE su último libro, El Corazón de Dios, el último poema:

MUCHAS veces el tiempo 
extravía las cosas de la vida, 
las ideas más sólidas 
que uno siempre ha tenido de sí mismo: 
igual que si olvidáramos 
incomprensiblemente 
la luz de la mañana. 
¿Miras hacia otro lado, que se apañen, 
durmiendo se te olvida lo que somos? 
¿Es eso? Deja al menos que lo diga 
sin que nadie nos oiga una vez más. 
Por ponernos pesados que no quede. 
Claro que un día resucitaremos, 
pero ahora, esta noche, ¿no es posible?

17 de enero de 2012

Aviones submarinos y otros

TRABAJO ahora en aviones submarinos. Serían un gran invento; si les fallaran los motores en pleno vuelo, se estrellarían como una pluma, hasta posarse en el fondo con la suavidad de los pecios.
* * * 
CALIDOSCOPIO: pariroflexia de luz.
* * *
AL lujo siempre le sobra algo.
* * *
INVERSIÓN del platonismo: "El capitán del Costa Concordia, hundido frente a la isla de Giglio, abandonó el barco antes que la tripulación y parte del pasaje" (los periódicos).
* * *
QUISO Miriam compartirlo conmigo porque sabía que yo lo compartiría con otros, de modo que lo escribió y lo dejó aquí para que fuese lo primero que leyera esta mañana, como a veces pone al lado un vaso con flores. Yo lo he dejado para lo último, a sabiendas de que desde Canán es uso reservar los dones para el final: "Sin la belleza, es decir sin esa gloria radiante en que se manifiesta la inmortalidad potencial en el mundo humano, toda la vida humana sería fútil y la grandeza no podría perdurar". Lo escribió Hannah Arendt en Entre el pasado y el futuro pensando acaso en quienes temen que la belleza puede ser proscrita.

(Pd) Y el amigo Enrique MF dejó en su fb, y al hilo de lo que aquí se decía de Leopardi, lo que este compartió con él sin temor a que nadie pudiera llamarle presuntuoso: 
"Puede afirmarse sin duda alguna que el hombre de talento grande y cultivado que además tuviese capacidad de decisión, haría y obtendría grandes cosas en el mundo, y que desde luego no podría permanecer desconocido, cualquiera que fuese la condición en que la fortuna lo hubiera hecho nacer. Pero el hábito de la prudencia al deliberar excluye por lo general la facilidad y rapidez en la decisión, así como la firmeza en la acción. Por eso los hombres de talento grande y ejercitado suelen ser incluso casi siempre prisioneros, por así decirlo, de la indecisión, incapaces de adoptar decisiones, tímidos, inseguros, delicados, débiles en la acción. Si no, dominarían el mundo, puesto que éste –ya que la decisión misma siempre puede más que la mera prudencia– ha estado, está y estará siempre en manos de los hombres mediocres". Zibaldone di pensieri (anotación del 26 de julio de 1823).
Naufragio del Costa Concordia frente a la isla de Giglio.

16 de enero de 2012

La estampida

HACE unas semanas, mirando en You Tube cierta entrevista con la admiradísima Hannah Arendt, realizada en 1974, le oímos expresar sobre el feminismo y el papel de las mujeres en las sociedades modernas opiniones que difícilmente habría sostenido hoy. A lo largo de su vida, nos dice, prefirió ocupar un lugar secundario, dejando que fuesen los hombres quienes tomaran las decisiones y ejercieran el poder político, económico, social: le había resultado más cómodo. Oírselo decir a una mujer inteligente no es  lo menos relevante. La lista de hombres abiertamente misóginos es, por lo demás, tan larga, desde Platón hasta hoy, y las cosas increíbles y cómicas que ellos hayan podido decir de las mujeres tan numerosas, que más que pesar producen asombro: ¿cómo, nos preguntamos, varones tan preclaros llegaron a pensar y a creer firmemente tales tonterías?

En otro orden de cosas cualquiera que haya leído a Cervantes sabe que las opiniones de este a propósito de “la morisma” son abiertamente hostiles y despectivas, las de Baroja sobre los judíos racistas  y las de nuestro querido JRJ sobre “los maricas” de una intransigencia sin par en él.  Cuando leemos a ciertos autores antiguos, sensibles a todo lo concerniente al dolor humano, nos anonada comprobar que trataban a sus esclavos con menos consideración que a sus caballos, por no hablar de la idea que tenían de los niños y su educación algunos de los padres de la Ilustración.

Lo que hace complejo el mundo es que a pesar de que tales o cuales opiniones nos parezcan inadmisibles en la actualidad, los libros en los que vienen expresadas pueden resultarnos a menudo hondos y valiosos por otros conceptos, y comprendemos que tales opiniones no fueron en realidad sino eco de las que compartían con muchos de sus contemporáneos. Lo que pensaba Arendt de las mujeres lo pensaban la mayor parte de las mujeres de su siglo, y de los hombres, claro; la idea que tenía Cervantes de los moros, la tenían todos los cristianos; la opinión de don Pío de los judíos la compartía con miles de antisemitas de medio mundo, y lo que pensaba de los homosexuales JRJ era lo que pensaba la inmensa mayoría. Ninguna de esas opiniones injustificables fue discordante en su contexto y circunstancias, sino parte del coro de su tiempo. 

Cada época ha hecho el ridículo con algo. En este momento, usted y yo tenemos de tal o cual asunto una opinión que será considerada dentro de un siglo, con toda probabilidad, grotesca, patética, despiadada, pese a que a nosotros nos pareció  razonable. ¿Y cómo evitarlo, si no sabemos cuál es? ¿No hay un modo de obrar que nos ponga a salvo de nuestra propia estupidez? Seguramente no. En un tiempo como el nuestro, en el que todo está cambiando a una velocidad de vértigo, menos aún. Permanecer junto a los débiles nos aseguraría una causa noble, ¿pero quién quiere quedarse orillado, en un mundo en el que todo va tan rápido,  entre acelerones y estampidas provocadas? Claro que nuestras prisas podrían ser no sólo nuestro talón de Aquiles, por donde se eche a perder la humanidad, sino precisamente las que nos hagan parecer en el futuro completamente idiotas, si acaso no unos locos temerarios. 
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 15 de enero de 2012]

15 de enero de 2012

Tipografía moderna

SI ayer tratamos de un impreso realizado únicamente con un solo tipo bodoniano (de la fundición Foudriat de Bruselas), este de hoy, del año 1967, es exactamente todo lo contrario, se cuentan aquí lo menos doce tipos distintos, aunque ambos tienen algo en común: fueron compuestos a mano. Lo encontró uno el mismo día que el otro y acaso por eso esté bien mostrarlos juntos. 
Como salta a la vista, se trata de una cuartilla propagandística de asunto menor, a diferencia de Le nain jaune réfugié, que auspiciaba un hecho, la vuelta de Buonaparte, que habría cambiado tal vez, más aún de lo que ya lo había hecho, el destino de Europa.
Le gustan a uno mucho esta clase de papeles salidos de lo que ha llamado "imprentas de pueblo", como siente debilidad igualmente por la que hemos llamado "filosofía del pobre". A muchos les parecerá un impreso deleznable, pero cualquiera que conozca el oficio sabrá que detrás de este hay un tipógrafo que ha ido picoteando al azar en todas y cada una de las celdillas de todas y cada una de las cajas de sus chibaletes para dar vistosidad a la composición (por no hablar de la sublime Ingrid Garbo que goza aún del privilegio supremo de la ficción: su nombre, pareciendo apócrifo, es irresistiblemente auténtico), trabajo en el que habrá empleado con toda probabilidad una mañana. Para entendernos: este pasquín es al arte gráfico lo que el botijo a una porcelana de Sèvres, pero muy útil a su manera.
Contiene tanta información que bastaría para ensayar con él un relato novelesco, algo a lo Chejov, incluso a lo Ignacio Aldecoa. Así se lo propondría uno a los alumnos de una Escuela de Letras, si conociera a alguno, si creyera en Escuelas de Letras. Pero en esta hojilla volandera nos enfrentamos a demasiadas vidas tangibles como para dejarlo pasar. Vidas que parecen estar esperando la ficción como última oportunidad de ser reales. 

14 de enero de 2012

El enano amarillo

TANTO como el libro o el objeto encontrado en el Rastro, al margen de su valor real o simbólico, perseguimos acaso sentirnos sorprendidos y admirados por tal o cual hallazgo, hecho este que irrumpe siempre con el sombro, puerta de la felicidad: "¿cómo habrá llegado hasta aquí?". Pues sabemos, tratándose de papel, por ejemplo, de su enorme fragilidad y de cómo lo normal habría sido sucumbir al fuego, al agua o sirviendo en menesteres auxiliares. Más cuando, como en este caso, ha errado por el mundo doscientos años, atravesando fronteras y en ropa de vagabundo. Y no decimos eso por su aspecto, milagrosamente bien conservado, sino por haber sobrevivido sin que nadie lo valorase tanto como para querer quedárselo. El valor preserva, pero ¿sobrevivir en la insignificancia no es milagro? Un euro es lo que le damos a un mendigo y un euro es lo que le dimos al amigo chamarilero,  el domingo pasado. 
A diferencia de lo que ocurre otras veces, ni siquiera sabíamos si era o no valioso, o raro, por no saber ni siquiera sabíamos de qué trataba. Lo que conoce uno de él y de su autor ahora es lo que pregona wikipedia: un periódico de 1815-1816 hecho en Bruselas por y para los bonapartistas exiliados. Y, claro, lo que salta a la vista: un impreso entera y admirablemente compuesto en caracteres bodonianos, que es toda una lección de tipografía (en especial airosa la contra con la efigie de la alada figura y su leyenda: "La Fama tiene siempre dos trompetas"), precedente claro de aquellos libros amarillos de Mercure de France en los que cursó su educación poética y tipográfica sentimental un jovencísimo JRJ.
Cuando ya en casa la curiosidad le lleva a uno a leer en sus páginas, no puede dejar de sucumbir a la sugestión de que acaso este mismo ejemplar pasara por las manos de aquel Henry Beyle que amó a su Emperador de un modo tan hermoso como violento. 
En las últimas páginas satíricas, las tituladas con muy fino humor "Periódico General de Rumores Absurdos", se nos da esta gaceta firmada en Filadelfia, América, el primero de abril: "La corbeta La Fama nos informa de que Buonaparte se ha evadido de Santa Elena, que ha desembarcado en el cabo de Buena Esperanza, que ya ha alistado a más de 500.000 hotentotes y requisado más de 20.000 cañones. Pero nada ha trascendido aún de estos colosales preparativos". Sabemos que se trataba sólo de una broma, pues Napoleón moriría en Santa Elena, pero no nos resulta difícil imaginar y compartir la melancolía de aquellos exiliados y bonapartistas errantes como Stendhal que soñaron inútilmente con el regreso de su Emperador como soñó Pessoa el regreso del rey don Sebastián, agravando su misantropía.

El título del periódico, El enano amarillo, (empezó a editarse en París; en Bruselas añadió el Refugiado) lo debe a un popular juego de cartas, pero acaso también a su formato en cuarto menor.  


13 de enero de 2012

Leopardi

POCAS personas tan apropiadas para hablarnos de Leopardi, de su vida, de su obra y del influjo de esta en España. Sucedió ayer, en la Fundación March. José Muñoz hizo un recorrido por la desdichadísima vida de Leopardi. El próximo martes lo hará por la obra de quien apuró hasta las heces el cáliz de la infelicidad sin abandonarse nunca a la desesperación, por más que el dolor le asomara a menudo al abismo del tedio y la disolución. 
Como sucede con los viajes tan esperados que exigen de nosotros una preparación, y las conferencias de nuestro amigo son siempre un viaje hacia un lugar maravilloso, volvió uno a los libros del poeta italiano buscando en ellos, como siempre, el temblor de su vida, que es el temblor de la vida. Hace ya años nos maravilló aquel pasaje de sus Zibaldone que encierra toda su verdad. En él Leopardi, hablando de otros, hablaba de sí mismo: 
"Esto tienen de propio las obras de genio, que incluso cuando representan a lo vivo la nulidad de las cosas, incluso cuando demuestran de manera evidente y hacen sentir la inevitable infelicidad de la vida, incluso cuando expresan la más terrible desesperación, aunque sea un alma grande que se encuentra incluso en un estado de extremo abatimiento, desengaño, aniquilación, tedio y desesperación de la vida, o en las más acerbas y mortíferas desgracias (bien a causa de altas y graves pasiones, bien por cualquier otra cosa); incluso así, sirven siempre de consuelo, despiertan el entusiasmo y no tratando ni representando otra cosa que la muerte, restituyen, al menos momentáneamente, esa vida que tenía perdida".
Pero también encontró uno este otro fragmento, el reverso de la medalla. Lo escribió en 1828. Tenía treinta años y estaba en Pisa, hospedado en una casa en la que la hija de los propietarios, Teresa Lucignani, despertó todo su interés. Ésta Lolita, avant la lettre y malgré elle, fue, según los estudiosos, quien le inspiró un amor secreto y uno de los fragmentos más hermosos de sus Zibaldone:
"Una mujer de 20, 25, 30 años tiene quizá más attraits, más ilicitud, y es más capaz de inspirar, y mucho más mantener, una pasión. Así al menos me ha parecido siempre a mí, incluso en la primerísima juventud: de la misma manera que a otros que entienden de esto (M.Merle). Pero, verdaderamente, una joven de los 16 a los 18 años tiene en su rostro, en sus movimientos, en sus voces, saltos, etc. un no sé qué de divino, que nada puede equipararlo. Cualquiera que sea su carácter, su gusto; alegre o melancólica, caprichosa o seria, vivaz o modesta; esa flor purísima, intacta, fresquísima de su juventud, esa esperanza virgen, incólume, que se le lee en la cara y en los actos, o que vosotros, al mirarla, concebís, en ella y por ella; ese aire de inocencia, de ignorancia absoluta del mal, de las desgracias, de los sufrimientos; esa flor, en definitiva, esa primerísima flor de la vida; todas esas cosas, incluso sin enamoraros, incluso sin interesaros, causan en vosotros una impresión tan viva, tan profunda, tan inefable, que no os saciáis de mirar ese rostro, y yo no conozco nada que pueda elevarnos el alma más que esto, transportaros a otro mundo, darnos una idea de los ángeles, de paraíso, de divinidad, de felicidad".
De todo ello habló nuestro leopardiano amigo, de esto hablará el martes, de esto seguiremos  hablando muchos años con quien conoce como pocos el misterioso fulgor de luna llena que no mengua.

Villa delle Ginestre, Torre del Greco, Nápoles. Reloj de sol e interior. Septiembre, 2010.



12 de enero de 2012

Afable, cuidadoso, atento

“SE hacen abstractos para parecer profundos” (Joubert). Consuela saber que alguien hablaba para nadie hace dos siglos, pensando en nosotros.
* * *
LO más parecido a Velázquez en literatura es Azorín. Cervantes es Murillo; Quevedo, Carreño de Miranda; Galdós, acaso, Goya; JRJ, Rosales; Pío Baroja, Ricardo Baroja; José Gutiérrez-Solana, Solana; Unamuno, Zurbarán; Valle-Inclán, Romero de Torres; Ramón, Maruja Mallo; Pérez de Ayala y Ortega y Gasset, Zuloaga; Blasco Ibáñez, Sorolla. Sólo Azorín se acerca a las atmósferas velazqueñas, tanto en los interiores como al aire libre.
* * *
AFABLE, cuidadoso, atento. Atentos, si vivimos; cuidadosos, si hemos muerto; afables, si nos dejan. Y todo eso junto, si podemos.
***
COSA extraña y triste: narcismo sin belleza, sin gracia ni encanto.

Palace, Patio, Barcelona, 7 de enero de 2012