25 de junio de 2011

Arbotectura

SI tanta fascinación despiertan en nosotros las casas levantadas sobre árboles (y así parecen recordárnoslo hoy las acopiadas aquí), es desde luego porque logran llevarnos de nuevo a la infancia y a sueños nacidos de ella, pero también a un deseo propio únicamente del adulto, a saber, que allí donde hagamos la vida íntima (y eso es, sobre todo, una casa: la construcción de una intimidad), sea algo vivo también, algo que crece de modo natural y armónico a la par que esa misma intimidad, a lo hondo, como las raíces, y a lo alto como las ramas y el canto de los pájaros.

4 comentarios:

  1. Así considero tu blog: algo vivo que crece, echando raíces y creando ramas nuevas. Felicidades por este lugar de encuentro.
    Un saludo.

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  2. Como decía Heidegger, éste, el construir, tiene a aquél, el habitar, como meta. De hecho el verbo ser-estar en aleman deriba del verbo habitar Bauen, Ich bin, yo soy, yo habito. Habitar es la nesesidad más primitiva del ser humano y la casa en el árbol nos despierta en la infancia, algo que transciende al mero juego, algo ancestral, definimos nuestro espacio en el mundo y habitamos por vez primera.
    Gracias padre

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  3. Quizás por eso canturreamos que aun cuando llueve y se moja como las demás, el patio de mi casa es pero que muy particular.

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  4. Qué recuerdos de los días de cabañas de la infancia... "La casa alberga el ensueño, protege al soñador, la casa nos permite soñar en paz..." (Gaston Bachelard, "La Poética del Espacio")

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