21 de junio de 2011

Una rosa (trabajar para estar lejos)

Y cuanto más lejano se encuentra el jardín de donde fue apartada, es más la misma rosa,  “pura contradicción, voluptuosidad de no ser el sueño de nadie bajo tantos párpados”.
Al contrario de lo que podría pensarse, la distancia de las cosas, de las personas, de determinadas vivencias, nos las acerca aún más, como nos acerca esa rosa al jardín del que fue separada, y nos consuela de su separación, que es la nuestra. Y cuanto más lejos nos vamos, más se diría que nos acercamos a ellas, y no parece que conozcamos su verdadera, íntima, esencial naturaleza hasta que la vida no nos aleja de algún modo. Pero alejarse no es perderlas. No, no se canta lo que se pierde, como se ha repetido, se canta para tenerlo, se canta como único modo de alcanzarlo verdaderamente. Y hasta que no se canta, no se tiene. Ya no se trata, pues, de traer a nosotros una lejanía, la rosa inmemorial, sino vivir en ella, hacernos nosotros lejanía misma, trabajar para estar lejos, hacernos rosa sin dejar nuestra naturaleza humana, como la rosa ha logrado ser humana sin dejar de ser rosa.
Hemos visto abrirse en su vaso día a día esa rosa, alcanzar su plenitud de forma, de perfume, de color, lograrse, y eso ¡lejos de su jardín, cortada ya, en su vaso solitario!, y al lograrse irse también a su propia lejanía, un pétalo primero, luego otro, sobre la mesa, y otro, y al final las semillas duras, negras, como arena de un reloj, como sombra finísima del tiempo. Donde la rosa vaya, vivirá con plenitud la rosa que fue. Nos llevó durante estos días al lejano jardín de donde vino y al ser ella ahora la que se va, se queda para siempre con nosotros. Ese siempre que necesita hacerse a cada instante, tan fugaz, tan inasible, tan frágil como su forma, su color y su perfume, de nadie y de tantos, para todos, para ninguno.

7 comentarios:

  1. Sueña, alma, sueña; y consuélanos con tus sueños.

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  2. No es muerte, es quedarse en el aire. No es calavera sobre la mesa, sino pétalos adormecidos en la memoria. Sobre ellos se vuelve el recuerdo, en soledad degustados. Y las semillas... siéntelas en las llemas de los dedos, juega con ellas en las palmas de las manos convertidas en reloj de arena. Todo es movimiento, todo es vida. Por eso sobra la calavera junto al vaso.

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  3. En mi humilde opinión, dentro de la misma contradicción de que nos hablas, se podría decir "trabajar para estar cerca", pues esta rosa nos acerca al jardín del que fue cortada de la misma manera que el poema nos acerca al poeta. Es cierto que poseemos las cosas cuando las cantamos (o incluso cuando las nombramos), pero, al mismo tiempo, pasamos a ser poseídos por ellas a través del mismo canto, pues entramos a formar parte del mismo universo.
    Un saludo afectuoso.

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  4. Se canta para salvarlo en su nombre. En el nombre de la rosa se salva la rosa.

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  5. Es muy cierto, cantamos, pintamos, escribimos para recuperar o apresar la esencia de algo que estuvo y que de alguna manera se encuentra ya lejano en el tiempo y en el espacio. La literatura, la pintura nos devuelven fragmentos de la vida, muchas veces lo mejor de ella si el artista saber sentir y sabe expresar, con el valor añadido de la re-creación, su poética y su expresión propias. Nos devuelven la mirada que una vez se posó sobre algo en forma de creación. Gracias hoy por esta rosa.

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  6. Vale, retoquémosla entonces sólo un poca más, es decir, re-creémosla. Voilá: la rosa de los vientos. Porque la Tierra pertenece sólo, y es clamoroso, a la Rosa, qué carallo.

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  7. "El mundo se hace sueño, el sueño mundo".

    Novalis

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