22 de junio de 2011

Envoltorios

NOS esperan, al despertar, las historias de su viaje nocturno por el lejano Oriente. Unos días, ayer, trajo consigo G. este puente de un lugar tan remoto como su nombre, el puente Chengyand del Viento y de la Lluvia sobre el río universal de Heráclito. Le recordaba, nos dijo, al de Bassano. Esos huertos dibujados de la ribera nos recuerdan también a Ramón Gaya, murciano universal, que los pintó mil veces en su tierra como homenaje a los pintores japoneses.
Hace unos meses también G. nos relató la historia de Hiroshige. Occidente descubrió sus estampas y las de otros artistas japoneses en los papeles que los comerciantes holandeses de la Compañía de Indias utilizaban, a modo de borra de embalaje,  para envolver y proteger las piezas de loza y porcelana que venían en los barcos hasta Europa. La hermana del cura de Benllera, León, ponía en el fondo de las cajas y jaulas de madera, donde luego dejaba las manzanas reinetas de su huerta,  hojas arrancadas de viejos cantorales góticos a modo de cuna. Se las compraba, le cuento a mi vez a G., el abuelo para su tienda de ultramarinos. En uno de los poemas de El mismo libro,  "Las manzanas"se alude a ello, la ténebre música gregoriana envolviendo el dionisiaco y áspero perfume de la fruta.
A veces piensa uno que todo su afán, cuando acude con fe ciega a los rastros del mundo, lo pone no en el tesoro improbable, sino en aquello en lo que viene envuelto, en la piedad de la vida envolviéndolo. Acaso toda su obra, y lo piensa con un dejo de humor, de humor alegre, nada melancólico, porque a estas alturas esa obra daría para envolver muchas soperas, tazas y platos, viaja adónde envolviendo qué. Estas mismas palabras, por ejemplo, ¿qué envolverán? ¿La sombra sutil entre planetas? ¿La derrota de la luz entre nosotros y el satélite? ¿Tu despertar, G.? ¿Estos minutos, lector, allí donde te encuentres, como hace años envolvía la hoja de un periódico viejo el bocadillo del almuerzo del obrero a pie de obra? ¿Mi propia ilusión, mi fe?
No te preocupe si así fuera: envolviendo estás salvo.
(Estampa de Guillermo Trapiello)

6 comentarios:

  1. Maravilloso despertar

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  2. Realmente es un bonito despertar, que nos recuerda los huertos de Ramón Gaya, artista universal, a la búsqueda del arte natural, no artístico, en el momento único del presente, alejado de modas y de estéticas imperantes. Por eso busca esta naturalidad del arte, entre otros sitios, en China y en Japón. Por eso no le importa repetir sucesivas veces el mismo tema, porque la realidad de la vida nunca se repite, no sólo cambia la luz, sino la mirada del artista.
    Un saludo.

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  3. Viendo su blog, el de G., ya se ve que le interesa lo sublime del paisaje, ha recogido fotografías muy sugerentes de ese asombroso Google Earth, seguiremos su trabajo creativo...

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  4. ¡Cuidado con los envoltorios! Mirad lo que les pasó a Hansel y Gretel, popularizado aquí como la casita de chocolate; hoy sería el Guggenheim.

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  5. Manuel Cañedo Gago22 de junio de 2011, 18:00

    Unos se sentirán a salvo envolviendo; otros, sin embargo, nos sentimos a gusto envueltos por la maravillosa prosa poética de su blog.

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  6. Te sigo desde EEUU...
    difícil encontrar un envoltorio que no sea de plástico...
    alguno encerrará un tesoro.
    Fernando

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