14 de junio de 2011

Gloria (tipografía galdosiana)

Extremadamente raras, originales y felices las cubiertas y contras de Gloria, 1877. Valle, tan alborotado, decoraría su Opera omnia con modernismos abigarrados y castizos. Galdós, tan silencioso, se adelantaba con esta cubierta y su contra (¡esos 8 reales!)  cuarenta años a las tipografías dadaístas y a la gran modernidad tipográfica europea. Ya la que había ideado para los Episodios un año antes, 1876, con la bandera de España a toda página, es, sin la menor duda, la primera gran cubierta de la tipografía española moderna. Como esta de Gloria, probablemente la dibujó él mismo: era un minucioso coleccionista de dibujos y un pintor apreciable que se diseñó sus propios muebles, la crestería de San Quintín y muchos ornamentos de su casa. Extremadamente raras: no las había visto uno antes, y se conservan en un ejemplar de la segunda edición, del mismo año de la primera, subastado hace un mes en Madrid (dos tomos, ambos con sus cubiertas y contras restauradas, encuadernados recientemente por alguien sensible a estas cuestiones, porque de lo contrario las cubiertas habrían desaparecido en el encuadernador, como ha sido práctica común en España desde los tiempos de Galdós: de ahí su rareza; y gracias a la mención de segunda edición, y pese a que con cubiertas es más valiosa que todas las primeras sin ellas, se quedaron sin puja, en un precio irrisorio de salida).  Extremadamente originales: no conoce uno una cubierta parecida de fecha tan temprana. Y extremadamente felices: podrían haber sido diseñadas en 1924, en 1950, en 2011. De Gloria, por cierto, era la cita que encabezaba Locuras sin fundamento, el segundo volumen del Salón de Pasos perdidos: “Es una locura –decía– esto que tengo. Es una locura pensar en lo que no existe y desvanecerme y afanarme por lo que sólo es imaginario… fuera, fuera tonterías, ilusiones vanas, diálogos mudos”. Y en eso seguimos.
Y como va esto de cubiertas y de ochos y se ha hablado del Salón, agradecer al amigo que nos advirtió aquí el otro día, y a propósito de la foto de Català Roca que figura en Siete moderno, que en la primera edición él ha contado ocho pompas y no siete. Así es, pero Alfonso Meléndez y yo le borramos una, eso es cosa probada, pero no nos explicamos qué haya podido suceder, apareciendo en todos y cada uno de los ejemplares de la edición la foto de las ocho originales, cuando podemos asegurar que se publicó en su día la de siete. Claro que quizá en el último momento advirtiéramos que la mayor modernidad del siete fuese aparecer como ocho, y se nos hubiera olvidado el cambio. Aunque bien hubiera podido ser todo cosa de meigas, por ejemplo de Valle.

2 comentarios:

  1. Volviendo a lo del siete moderno; comprobaré mi ejemplar cuando llegue a casa. ¿No hubiese sido mejor avisar al lector de que la foto estaba manipulada?

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  2. Tienes razón. Es un juego de cubierta-contracubierta muy bonito. Casi te sugiere a un Galdós adelantado del futurismo ruso –con esa diagonal de mayúsculas casi cirílica–, que llama a la gloria, su gloria, con un megáfono.

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