1 de junio de 2011

A la deriva

El mecanismo de este blog permite conocer en cada momento el número de visitantes que tiene y el lugar desde el que acceden a la página cada uno de ellos, incluida la ciudad o el pueblo. No quiere uno saber cómo pudo la ciencia haber llegado a tanto, porque no está seguro de comprenderlo. Junto a las tablas de arqueos, se muestra también un mapamundi, como los mapas de un Estado Mayor. Está dibujado sobre fondo blanco y en él aparecen coloreados los países donde se encuentran esos lectores. Basta uno solo de ellos para que se tinte de verde claro todo un país, por grande que sea. Tiene este blog un lector en Rusia, y Rusia aparece teñida de verde. Tiene dos en Australia, y Australia aparece igualmente coloreada, y lo mismo sucede con India, donde hay otro. Estos cuatro lectores venían visitando este blog cada mañana desde hace dos meses, cuando el blog salió a navegar. Sentía uno, pues, cada mañana una infinita gratitud por Rusia, por Australia, por India. Algún día iré personalmente hasta esos lugares remotos de la tierra, me decía, y estrecharé la mano de estos lectores. Amig*s de Rusia, de Australia, de India, saludos, exclamaba jubiloso al empezar el día. Desde hace tres días, sin embargo, el vasto territorio que va desde el Mar del Norte hasta Sebastopol, ha aparecido de nuevo en blanco, se ha apagado. Rusia ha caído en la indiferenciación, como ha estado también todo este tiempo el vasto continente africano. África, en cambio, nunca le dijo a uno nada, porque nunca tuvo a nadie allí, siempre estuvo en blanco. Se inquieta uno pensando qué habrá podido ocurrirle a la persona que entraba cada día desde Kiev. Acaso haya caído enferma, me digo con temor, tal vez haya muerto o lo esté pasando mal, tal vez haya partido más lejos aún, dejando todo atrás. Y siente uno su vida hoy más pequeña que nunca, en la misma proporción que internet la había ensanchado tanto. Y me pregunto si acaso no soy yo el que ha caído, el que ha partido más lejos todavía, el que está muerto, y si esto no es, como sabíamos, un mensaje en una botella de náufrago dando tumbos por el espacio, flotando en él como millones más de mensajes y botellas, chocando unas con otras, a la deriva.

4 comentarios:

  1. Somos como los radares de la guardia civil, aunque no nos veas, que sepas que estamos ahí.

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  2. He descubierto este blog recientemente, y ha sido como un regalo...Gracias por tantísimas horas de lectura y compañia a través de tus novelas y diarios que sigo desde hace muchos años.

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  3. Señor Trapiello:

    Somos sus lectores los que hemos de estarle agradecidos a usted por su generosa entrega a la escritura. A mi pequeña morada australiana me llegan además sus diarios y su poesía, después de haber atravesado miles de kilómetros. Por lo que a mí respecta, seguiremos "reverdeciendo" el continente australiano -que falta que le hace- con la lectura de su blog.

    Le envío además un vínculo a un blog de traducción de poesía que publico desde esta antípoda que me cobija:

    http://porfuertesyfronteras.blogspot.com/

    Si desea dejarse caer por allí habrá siempre una vela encendida para usted.

    Saludos

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