28 de mayo de 2012

Arreglando el mundo

EL más nonagenario que octogenario director de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, Antonio Bonet Correa, acaba de publicar Los cafés históricos, un libro lleno de ilustraciones y datos en el que se habla de cafés literarios de medio mundo, incluidos los españoles, naturalmente. ¿Por qué han desaparecido los cafés; por qué los escritores no  tienen en ellos sus tertulias como las tenían hasta los años setenta  del siglo pasado; hay algo comparable hoy a todo aquello? Estas más o menos fueron las preguntas de una encuesta que se le hizo llegar a unos cuantos escritores a raíz de este interesante libro.

No es un tema de actualidad, lo comprendo, el mundo se está viniendo a pique y aquí seguimos usted y yo de cháchara,  hablando tranquilamente de esto, de aquello y de lo que se tercie, como se hacía en los cafés. Quizá la gracia de todo sea precisamente esa, que uno puede ser testigo de cómo se viene el mundo abajo sentado en un café. Recapitulemos, no obstante. Antes los hombres se citaban en los cafés y las señoras se quedaban recibiendo en sus salones, eso siempre y cuando no le hubiese tocado a uno ser un paria, en cuyo caso no había ni barruntos de cafés ni de salones. De los cafés románticos y de los de la Restauración, en los que los hombres salvaban la patria, se pasó a los cafés de la vanguardia, como el Pombo de Gómez de la Serna, en el que perder el tiempo llegó a ser considerado una de las bellas artes. Al tiempo, los varones aprovechaban para huir de sus casas gélidas y de sus seres queridos por unas horas, haciendo bueno el dicho: “Como fuera de casa en ningún sitio”. Cierto que el invento tenía algunos defectos: el humazo de los cigarros, el ruido, la orquesta y, principalmente, el que a partir de cierta hora no hubiese en ellos más que alguna mujer de la vida, por lo general tísica y hambrienta como una loba (lupa, en latín, y de ahí lupanar, por donde había que pasar, por cortesía, antes de volver a casa).

¿Cómo pudo desaparecer una institución como el café que llevaba funcionando casi doscientos años? La gente tuvo que tomarse en serio lo de trabajar, se legalizó el divorcio y en las casas empezó a haber calefacción. Y por si faltaba algo, la puntilla: internet hizo lo que habría sido inimaginable unos pocos años antes, se podía volver a discutir, bravuconear, arreglar el mundo, murmurar, calumniar, despreciar, insultar, fingir o proclamar a los cuatro vientos agravios e injusticias, y todo, al fin, sin pisar la calle, gratis y en muchos casos, el de los cobardes, con anonimato garantizado. Acaba de inventarse, pues, el verdadero Café Universal. Y sin embargo, perdiéndose ahora uno en este minucioso libro de Bonet Correa, hemos sentido la punzada de la nostalgia menos llevadera, esa que nos habla no del pasado, sino de los futuros irrealizables: hoy, el de la resurrección imposible de un Café Ideal sin humo, sin ruido y sin misoginia. Pero sobre todo, la nostalgia de tener toda una tarde para nosotros sin hacer nada, o sea arreglando el mundo con buenos amigos allí presentes, sin murmuraciones y sin muchas ilusiones, quiero decir, todavía con alguna esperanza.
      [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 27 de mayo de 2012]

8 comentarios:

  1. Cuando se arreglaba el mundo en los bares se hacían amigos , en cambio en internet no es así, no estoy de acuerdo que la red cobije el anonimato , todos los ordenadores están controlados y si alguien delinque la policía halla el paradero del ordenador y hay que decir quien lo usa, lo del anonimato es una leyenda y el que alguien ponga una foto y un Nick de Google tampoco te asegura la verdad del personaje , la mentira está a la orden del día pero todos bailamos al son que nos tocan . La nostalgia yo la achaco a que caen las décadas más que al cambio de costumbres y elementos .
    Chao

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  2. No sólo desaparecieron los cafés. También los casinos a la antigua usanza: esos sitios donde los caballeros iban a leer el periódico, jugar a las cartas o al dominó, charlar... y quitarse de enmedio, es decir, alejarse de la señora y los niños.

    ¿Es esto malo? No necesariamente.

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  3. La mujer en casa y con la "pata quebrá" y si no hacía caso del refrán y se dedicaba a ser reportera de guerra, escribir lo que le daba la gana y al amor libre de ataduras religiosas obligatorias en aquella época, como Carmen de Burgos, entonces los historiadores de la literatura la menosprecian poniendola de "Puta parriba" y niñatos sebosos que se empalman viendo sobacos peludos y van a misa a confesar sus pecados y acomplejados y retorcidos, reducen su biografía en sus noveluchas tregicocómicas a "chupapollas" del gran greguero de La Serna. !Pero no en España, nadie es machista, ni los escritores,ni los críticos ni los académicos, pa machistas los moros de fuera, el moro que llevamos dentro es mero recurso literario!!

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  4. Sí, Anónimo (último). No debemos dejarnos confundir por la nostalgia. En esto, como en casi todo, cualquiera tiempo pasado fue peor.

    AITOR SUÁREZ (de
    zumo-de-poesia.blogspot.com

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  5. Los hijos de obreros conocíamos los bares (chigres). Algo así como un sustituto del hogar. Allí te olvidabas de los problemas o te consolabas con los de los demás."Vete a buscar a tu padre al bar, es la hora de la cena". En uno de sus diarios se refiere al café Dindurra como uno de los más bonaerenses del norte de España.

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  6. el éxito de los cafés, de las tertulias, del twitter y tal es que permite, creo, dar rienda suelta a una de las más declaradas pasiones nacionales -y esto incluye, mal q les pese a vascos,catalanes,gallegos,navarros, aragoneses,andaluces,canarios,astures... y lo que reste de españoles-: el inacabable chicharreo.
    saludos

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  7. Excepto por lo del humazo de los cigarros contando como defecto.
    Un saludo.

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