25 de enero de 2014

La niña del caracol

HACE unos meses encontró uno este no muy lucido ejemplar de La niña del caracol (1933), el primer libro de Agustín de Foxá, libro del que podría decirse, con todo, que es inencontrable (no había visto hasta entonces ningún otro a la venta). Lo editó, supongo que a expensas del autor, Manuel Altolaguirre, quien dejó en él una piadosa procesión de erratas y faltas de ortografía, por las que sentía debilidad.
Es una colección de romances que llevan la impronta de los de Lorca (a quien dedicó, por cierto, un ejemplar de El toro, la muerte y el agua días antes de que el poeta granadino dejara Madrid para reunirse con el toro, la muerte y la sangre, en Julio de 1936; y en Julio de 1936 está dedicado también el ejemplar que tengo de El toro, la muerte y el agua, en este caso al escritor asturiano Casimiro Cifuentes).
Nos hemos ido un poco lejos. Los romances de La niña del caracol están en su mayor parte dedicados a amigos, parientes, maestros. Las dedicatorias desaparecieron en la edición que hizo el propio Foxá de sus poemas en 1948, pero volvieron en la edición póstuma que se hizo de sus obras. 
Entre esas dedicatorias (a Juan Ramón Jiménez, a Ramón Gómez de la Serna o a Gutiérrez-Solana, a este un romance muy solanesco y funéreo), llama la atención la que figura en el romance de Alfonso XII a... María Zambrano. Lo que pudo haber debajo de esa dedicatoria (ironía, simple amistad, complicidad acaso en un momento en que la República había mandado al romancear a Alfonso XIII y la propia Zambrano mantenía lazos de amistad con monárquicos, falangistas y futuros sublevados, lazos que llevaron a José Bergamín a aconsejarla en los primeros meses de la guerra a marchar a Chile una temporada mientras en Madrid los memoriosos dejaban de acosarla por su pasado político), lo que pudo haber debajo de esa dedicatoria, decía, sería una más de las historias que nos ayudarían a comprender mejor lo que ocurrió entonces en España. 
Y claro, habría que poner junto a ella lo que diría Foxá de María Zambrano en Madrid de Corte a cheka, cuando ya nada tenía remedio.




4 comentarios:

  1. La librería Alcaná tiene un ejemplar a 520€.

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    1. Cierto en la Librería Alcaná de Marqués de Viana tienen un ejemplar, también con la portada deslucida por ese tinte rosa como el libro de AT.

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  2. http://www.jotdown.es/2013/08/foxa-conde-de-lo-mismo-el-espanol-que-salia-en-las-novelas-de-malaparte/

    Bien contado por Cristóbal Villalobos, el curriculum de don Agustín. Desde la foto de don Agustín de Foxá saludando a Manolete (sonriente el conde y casi oyéndosele la broma; con sus gafas de sol de siempre y también sonriente esta vez Manolete, más la manola y el sombrero, bigotito o cigarro, ay, de aquellos aficionados), desde la foto, hasta la coda filipina y poética que aquí se facilita (sin Dios que le cante ya bajo la frente, él solo hacia el abismo).

    FOXÁ, CONDE DE LO MISMO: EL ESPAÑOL QUE SALÍA EN LAS NOVELAS DE MALAPARTE

    Publicado por Cristóbal Villalobos

    “ (…) Tras la Segunda Guerra Mundial seguiría su periplo por diferentes países en tareas diplomáticas hasta enfermar gravemente en Filipinas, su último destino. La enfermedad no le restó ni el humor ni el talento. Cuando le subían en camilla al avión que le llevaría a morir en España susurró: «Soy el último de Filipinas».

    Foxá, como diría Umbral, era un dandi cínico que escribía mejor que nadie y que se burlaba, más o menos, de todo el mundo. Tuvo incluso el atrevimiento y el ingenio de condenar el régimen franquista, comparándolo con una tribu que pone moldes en los cráneos de sus miembros para que todos tengan la cabeza igual de cuadrada. El artículo, Los cráneos deformados, le valió el premio Mariano de Cavia, solo que todos pensaron que se refería a la Rusia comunista y no a nuestro país.

    No mucho antes de fallecer, escribiría estos versos con los que, al igual que él terminó su vida, nosotros concluimos nuestro artículo. Un enorme poeta tras una máscara de cínico.

    MELANCOLÍA DEL DESAPARECER

    Y pensar que, de después que yo me muera,
    aún surgirán mañanas luminosas,
    que bajo un cielo azul, la primavera
    indiferente a mi mansión postrera
    encarnará en la seda de las rosas.
    Y pensar que, desnuda, azul, lasciva,
    sobre mis huesos danzará la vida,
    y que habrá nuevos cielos de escarlata,
    bañados por la luz del sol poniente
    y noches llenas de esa luz de plata,
    que inundaban mi vieja serenata
    cuando aún cantaba Dios bajo mi frente.
    Y pensar que no puedo en mi egoísmo
    llevarme al sol ni al cielo ni en mi mortaja;
    que he de marchar, yo solo hacia el abismo,
    y que la luna brillará lo mismo
    y ya no la veré desde mi caja.

    (Agustín de Foxá)”

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  3. Andrés son muy recomendables las cartas que publicó la Fundación Banco de Santander hace unos años de Agustín de Foxá, tanto las del Madrid cercado donde pasa miedo en la calle Atocha como las que escribe a su madre desde Cuba tras su accidente.

    Aunque no sea de sus favoritos, es uno de los grandes personajes de una época.

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