27 de enero de 2014

Ver pasar

HAY un momento decisivo en la vida del niño, ese día en que  descubre que las ostras están buenas y besar con la lengua no da asco. Al admitir alborozado que no todo son los macarrones ni tirar de las trenzas a las  niñas, ha dejado el mundo de la infancia y se adentra en el de los adultos, cruel, pero espumoso.

En la vida intelectual del adulto hay también un día que señala su mayoría de edad, ese en que descubre que Azorín no es el escritor soporífero que le habían dicho. Así como la mayor parte de lxs humanos llega en algún momento y por sus propios medios a los besos con lengua, a lo de Azorín no llega más que un 0,00001% de la población. Y sin embargo es raro no encontrar algo valioso, quiero decir, algo vivo y cercano en todo lo suyo.

Releyendo El buen Sancho, un librito en el que vienen unas cuantas recreaciones y secuelas cervantinas, nos encontramos con este pasaje: "La finca del Rosalejo, adonde íbamos, se halla a nueve kilómetros de la capital; se emplean en recorrerlos en galera dos horas; cada ocho minutos se anda un kilómetro. ¿Y para qué ansiaremos caminar más deprisa? ¿Y qué haremos cuando, con la prisa, lleguemos antes? La lentitud en el caminar  pone sosiego en los ademanes; el no saber las noticias sino muy tarde, cuando hace ya un mes o dos que ha ocurrido el suceso, impregna de prudencia nuestro espíritu y hace que las pasiones no se encrespen. Si hace tanto tiempo que ha sucedido lo que acabamos de saber, lo que el correo acaba de traernos, ¿para qué vamos a gastar palabras vanas e imprudentes en comentarios?".

Si alguien puede avalar las palabras de Azorín serían los vagabundos y mendigos. Vagabundos y mendigos se parecen mucho de siglo en siglo, de país a país. No tienen ellos acucia, en todas partes les espera la misma ciudad y la certidumbre de que el mundo entero cabe en su corazón. Han aprendido a ser pacientes y eso les hace sabios. Los niños por el contrario quieren conocer el desenlace de las cosas antes de tiempo. “¿Cuándo llegamos?”, es su pregunta predilecta. Incapaces de disfrutar del viaje, antes de salir ya querrían haber llegado. “El concepto de independencia lo veo anticuado y un poco oxidado”, decía Artur Mas a Rafael de Ribot en 2002. Habrá quienes quieran llegar ya a 2015 para saber qué pasó en 2014. Otros preferirán encogerse de hombros para no gastar palabras vanas en comentarios, porque “vivir es ver pasar”, (otra vez Azorín). ¿Hay algo más actual que esto? “¡Las cosas que hemos visto!”, lo resumió también Falstaff, vagabundo famoso del clan de los mendigos.
    {Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 26 de enero de 2014]

14 comentarios:

  1. Qué gran escritor es Azorín! Como usted ha repetido muchas veces, es un escritor de llegada. Poco a poco voy haciéndome con sus obras, que compro los domingos en la plaza Nueva de Bilbao, sobre todo en la colección Austral. Entristece no ver su obra viva en las librerías, recién editada.

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  2. (EL BUEN SANCHO, "El personaje esperado")

    En el camino, como también haría Juan Ramón, Azorín, el invitado, pide al criado que detenga varias veces la galera.

    "Dos o tres veces hice yo que Venancio -al que no pude sacar del cuerpo diez palabras seguidas detuviera la galera; no estaba yo completamente satisfecho ni con la limpidez del cielo, ni con el aire puro, ni con la llanura, ni con las picazas blanquinegras que volaban y se posaban en los majanos. Los majanos son montoncitos de grandes piedras que agrupan los yunteros al labrar. No me satisfacía por completo todo lo dicho, si no tenía en mi mano un pomo de flores silvestres: el cardo con su flor azul, el jaramago con sus corolas de un amarillo claro, la matricaria con su botón de oro orlado de blancos pétalos. El camino no se acababa, y yo temía que se acabase. En la lejanía se columbraban casas de paredes candidísimas: no era ninguna de aquellas la meta de nuestra peregrinación. Y por fin, un destello de viva cal blanquísima, allá en lo remoto, hizo que Venancio exclamara: «¡Ya estamos en el Rozalejo!»

    Naturalmente que tardamos mucho todavía en llegar; las distancias en La Mancha no son las mismas que en otras partes."

    Dentro o fuera de la Mancha, ciertas aves rapidísimas ya nos devoran el alma.

    http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-buen-sancho--0/html/001f585e-82b2-11df-acc7-002185ce6064_2.html#I_0_

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  3. Ese párrafo de la llegada a la finca en la galera ya lo dice todo, "La lentitud en el caminar pone sosiego en los ademanes". Con Azorín la literatura pierde el énfasis y se convierte en vida, va al ritmo de los seres humanos, latiendo con ellos.

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  4. Y a menudo cosas viejísimas vuelven, como si fueran nuevas. Lo de la independencia y el nacionalismo, por ejemplo. Parecía cosa del pasado, de sabinos y pi i margalles, y mira por dónde aparece uno de esos santones que echan la historia para atrás, y ya tenemos otra vez el mismo culebrón.

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    1. Si se está en la Cofradía de Llevar España en el Corazón, se corre el riesgo de decir continuamente (o peor: pensar) vulgaridades. Que uno haya de rendirse a la evidencia, no impide avergonzarse de ella. Vaya Cofradía.
      Pilar.

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  5. "No hay dos puertas iguales: respetadlas todos. Yo siento una profunda veneración por ellas; porque sabed que hay un instante en nuestra vida, un instante único, supremo, en que detrás de una puerta que vamos a abrir está nuestra felicidad o nuestro infortunio". "Las confesiones de un pequeño filósofo" siempre iba en mi maleta. Un placer el del jueves, Andrés. Quién sabe si una puerta, como dice el maestro.

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  6. Me gusta Azorín, Andrés Trapiello y este articulo.

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  7. "Me gusta Azorín, Andrés Trapiello y este articulo."
    Amen!

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  8. "Procuro yo la lisura del estilo; he renunciado a la profusión de vocabulario; por nada del mundo escribiría en el estilo charro en que escriben algunos compañeros; con la mayor pobreza de léxico intento la más exacta expresión."
    (Azorín. Obras escogidas. Vol. III).

    "Se ha dicho que Azorín tiene una prosa asmática, y que sus construcciones estáticas, sin tiempo, son un artificio literario para congelar el movimiento de las cosas. A mi juicio la cosa es previa. Azorín contempla el mundo con ojos deliberadamente primitivos, atento a los infinitos pormenores de cada instante vivido. Azorín detesta el tiempo y, a su manera, es un místico. La suya es una prosa de diario íntimo. Y su «misticismo» es lo que le hace tan «lingüísticamente español»."
    (Salvador Pániker. Cuaderno amarillo)

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  9. "Si está (M), la vida de uno tiene posibilidades de ser una novela de Baroja; se marcha, y todo lo que pasa es Azorín"
    "Las cosas más extrañas" primera edición, diciembre 1.997

    Efectivamente Azorín es un escritor de llegada y cuesta mucho ser de ese 0,00001%
    Fernando

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  10. Al mediodía en las noticias de la cadena SER y desde Santander nos informan:

    "Visualizamos un panorama adverso en la mar".

    ¿Tendría algo que decir el maestro Azorín ante oráculo semejante?

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    1. Diría (a doña Concha): ¡vaya forma de perder el tiempo!

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    2. Sigamos perdiéndolo un poco. En "El buen Sancho" narra Azorín una "escapada a Criptana". Escribe: "Se preguntarán seguramente en Criptana a qué ha venido este caballero que no se ocupa en nada; viajante de comercio no soy, ni industrial, ni comprador de trigos o de alcohol. No hacer nada, para un escritor, es hacer mucho. No hacemos nada en apariencia; pero nuestro subconsciente continúa trabajando".

      Literatura para librarse de la bulla de la historia, como hizo un austríaco del que Elías Canetti anota lo siguiente: “August Pfizmaier, el erudito vienés, sumido en su traducción de Manyoschu, está un año entero sin sospechar nada de la guerra de 1870-71 que estalló entre Francia y Alemania. Se entera por un periódico japonés que llegó a sus manos, en Viena, con gran retraso.”

      Sumido en la traducción del Manyoschu, hizo bien. En japonés e inglés, no en el alemán de Herr Pfizmaier, pueden leerse Manyoschu, o sea, ‘miles y miles de hojas o poemas’ en:

      http://www.temcauley.staff.shef.ac.uk/poems.shtml

      Valgan de muestra dos tankas de Yakamochi, de quien no conocemos el año que nació pero sí el que murió: 785 (!). De su concubina, ni el nombre (el primer poema es un breve planto por su muerte): sin saberlo, en realidad (última, podría decirse), cómo aguantaremos también nosotros por las noches el aire frío del otoño.

      Today, we start our selection from the poems of Ôtomo no Yakamochi (718? - 85)… We begin with a sequence of poems that Yakamochi wrote in mourning for his concubine - whose name is unknown to us… A poem composed by Yakamochi, Lord Ôtomo, in the summer, Sixth Month 11th year [of Tempyô] (739), who had died.

      ima yori pa
      aki kaze samuku
      pukinamu wo
      ika ni kapitori
      nagaki yo wo nemu

      From now on
      Coldly autumn winds
      Will blow:
      How can I bear
      To sleep the long night through?

      A veces, ni el sol glorioso de primavera ni el vuelo de la calandria animaban al lejano Yakamochi:

      uraura ni
      tereru parubi ni
      pibari agari
      kökörö kanasi mo
      pitöri si omopeba

      Gloriously
      Shines the spring sun:
      A skylark soars
      And sad am I,
      Alone with my thoughts.

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    3. Muy buena la ironía, más bien sarcasmo, de meter un ladrillo de este peso y dimensiones. El personal se dará por castigado. No abuse, recomendamos. Gracias.

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