29 de enero de 2014

Nada sin sombra (1)

SE recordaron ayer aquí algunas leyendas de relojes de sol. De todos los relojes, los de sol tienen algo especial.
Los mecánicos hechos de giros, con su tic tac implacable y un tanto asmático, parecen recordarnos no una suma de instantes, sino la resta de ellos. No sé, ese tic tac tiene mucho del toc toc de los pasos de la solitaria muerte que llega.
Los de arena... los de arena son aún más terribles, con toda esa arena formando en la ampolla el túmulo funerario. No sé si esta imagen procede del libro de Jünger o de una greguería de Gómez de la Serna. Al no haber ningún reloj de arena tan grande que dure más allá de unos minutos, ni el estar dándole la vuelta cada poco es cosa práctica, se diría que los relojes de arena fueron pensados sólo para medir lo que se acaba o ha de acabarse de forma irremediable. El de arena es el reloj de los verdugos.
No he visto nunca una clepsidra, seguramente serán bonitas, el agua que corre lo es, pero... demasiado frías: agua, ahogados.
Los digitales tienen todos algo de antipáticos cronómetros, pensados para un mundo en el que nos han lanzado a una loca carrera que te obligan a correr como los 100 metros siendo una maratón.
Sólo los relojes de sol parecen recordarnos el instante apacible, el infinito juego de la vida entre la luz y su sombra. Sólo ellos parecen decirnos: tú eres la medida de tu tiempo.
                                                                                         
                                                                                             (Continuará mañana)

Reloj de sol de la Villa delle Ginestre, en Torre del Greco, donde vivió Leopardi. 26 de septiembre de 2010

22 comentarios:

  1. Del Nido vende reloj de cuco. Si le pongo una sombrilla al reloj de sol, se acabó el tiempo. El reloj de sol es el jornalero de los relojes, trabaja de sol a sol.

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    1. Muy buenas (sus ocurrencias). Otras tres mucho peores:

      EL RELOJERO DEL SOL: en Grecia resiste esta relojería.

      El tiempo es muy malo: ponle un paraguas al reloj de sol.

      Pensó que si se comía el cuco de su reloj nunca se moriría.

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    2. Un cuco sin reloj es como el Angelus sin las doce. El reloj de sol usa pilas solares. El reloj de arena me da una de cal y otra de arena.

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    3. El reloj de arena prefiere los huevos fritos.

      La clepsidra no se conforma con robarnos solo el agua.

      Un reloj de arena con huevos pasados por agua en lugar de granos. Bellissima instalazione!

      (Las suyas siguen siendo mejores. Me rindo).

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    4. El reloj de sol no se rinde nunca. La clepsidra es la gota malaya del tiempo. La clep sidra tiene muy buen culín.

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    5. (Si él no se rinde…)

      ―SI quieres entender la teoría de la relatividad, llena de sidra tu clepsidra y contempla su trabajo un buen rato.

      NI el mismo Hércules pudo cortarle el chorro a la clepshidra.

      ―GRACIAS, pero yo ya tengo uno más bonito ―ingrata la luna rechazando el reloj que le ofrecía el sol.

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  2. La última gota que en la clepsidra tiembla no la veremos caer, dice el poeta. ¿Y el vértigo del inmediato no ser, ese increíble agujero negro? No temas, ahora dicen que no los hay, te ahorrarás muchas horas de paro y tendrás una mañana pura en vez de un trabajo malo. (Con perdón de don Antonio).

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  3. Una pregunta que me hago es si el reloj, el que sea, mide el tiempo o el paso del tiempo. Una curiosidad mas que una preocupación existencial.

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  4. Muy bonita la entrada, Yo tampoco he visto uan clepsidra en mi vida y me pregunto si el agua no se evapora con el tiempo.
    En todo caso la entrada de hoy me ha recordado una campaña francesa contra el sida que utilizaba el mismo concepto del reloj de arena pero con cuerpos humanos. Aqui esta el enlace, abstenerse sensibles http://www.youtube.com/watch?v=_FvGAuPWKss

    saludos

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  5. "se diría que los relojes de arena fueron pensados sólo para medir lo que se acaba o ha de acabarse de forma irremediable."

    Los relojes de arena son muy útiles para los teófilos. Yo tengo varios para medir el tiempo de infusión de cada té.

    "No he visto nunca una clepsidra".
    Hace 15-20 años había una muy bella en una de las galerías comerciales de l'Avenue des Champs-Elysées. Ahora hay una mucho más fea en la galerie Claridge de la mima avenida.

    http://www.justacote.com/photos_entreprises/galerie-claridge-paris-1327901796.jpg

    Su autor, Bernard Gitton, ha hecho otra dos, en Dinamarca y en Berlín:

    http://www.youtube.com/watch?v=efPJB4uKbfU

    http://www.youtube.com/watch?v=2WHrCxUT_Dg

    Cadrans solaires (entre los cuales dos con las inscripciones: "Siempre es hora de no hacer nada" y "Temez la última"):

    http://recherche.aol.fr/aol/image?q=cadran+solaire&s_cs=-5587674046134074614&page=1&v_t=na&s_it=top_grelsearch&imgtype=default&oreq=846a3737397a4c49b5a3eafdf1a6cd61

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    1. No hubiese dicho podían ser así. Esas clepsidras parecen tener más que ver con una uvi o un laboratorio de análisis clínicos o un arma secreta que con lo que yo imaginaba que sería una clepsidra para los romanos. Gracias también.

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    2. "Siempre es hora de no hacer nada".

      Buena declaración de principios del Lucero del alba, el ángel rebelde de los relojes.

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  6. A propósito de relojes de sol, dos greguerías de Ramón G. de la S.:

    "Sólo el poeta tiene reloj de luna".

    "En los relojes de sol están las greguerías abuelas: "Mientras las cuentas, pasan". "Para tantas horas no hay más que un sol".

    Y otras dos sobre relojes:

    "El reloj es una bomba de tiempo, de más o menos tiempo."

    "El 8 es el reloj de arena de los números."

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  7. Se dice que una prueba evidente de que no se puede viajar en el tiempo (al menos hacia atrás) es que no viene a visitarnos nadie del futuro. Claro que también puede ser que no se les haya perdido nada aquí. En este último caso les comprendo.

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  8. Medir el tiempo podría ser el primer hecho de computación del ser humano , estos relojes dieron lugar a los Astrolabios . Saber la edad y calcular lo que te puede quedar de vida tuvo que ser un gran anhelo y conocer las estrellas es nuestra faceta divina y un reto para la esperanza . Medir los tiempos sigue siendo el problema.

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  9. Los relojes se han hecho para que el testimonio más hermoso de la vida se lea en el paso del tiempo , el reloj que lleva una persona puede decir mucho de quien es y que piensa . Para un poeta un reloj ideal podría ser el Jaquet Droz " Bird Repeater " con su complicación de ornitología y autómatas .

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  10. No tiene nada que ver con la entrada... simplemente quería decirle que acabo de terminar la lectura de Troppo vero y quería agradecerle los maravillosos momentos que he pasado con su lectura. Ha sido una lectura entrañable, acogedora, envolvente... Muchísimas gracias !!!

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  11. Medir el tiempo, querámoslo o no, es matarlo sin remedio; de esas pequeñas muertes nos ocupamos, con tesón y constancia, ayudados por todo un complejo instrumental de medida... No imitemos a la muerte, que siempre anda matando el tiempo.

    «(…) Junto a las osamentas más o menos horripilantes, el reloj de arena aparece en una losa barroca, más alta que un hombre, como las que vemos en los muros de las iglesias. La ampolleta debió de estar de moda entonces y siempre en relación con un sentido especial de la vida y de la muerte que prestaba mayor esplendor a las flores y un tono más oscuro a la tierra. En el Himno de la alegría de Hölty, se lee:

    Oh, maravillosa es la tierra de Dios y digna
    De todo recreo y complacencia;
    Por ello, hasta que me haya convertido en ceniza
    Me recrearé con esta hermosa tierra.

    Gran cantidad de canciones sobre la muerte y la sepultura adoptan este tono:

    Bajo tierra será nuestro cuerpo
    Devorado por los gusanos,
    Pero tras ser despierto
    Por Cristo y transfigurado,
    Como los soles brillará
    Y vivirá sin escaseces
    En el goce y la dicha celestial:
    ¿Por qué he de temer a la muerte?

    En mi colección de grabados de relojes de arena tengo ‘un dibujo sombreado de carácter indefinido’ que representa a la muerte ante una tumba abierta. Se apoya en una guadaña y a sus pies hay una pala y, por añadidura, una calavera, seguramente la del anterior ocupante del foso. En la mano derecha sostiene con imperioso gesto la ampolleta vacía. El grabado se atribuye al siglo XV y podría ser aún más viejo o tratarse de una copia. Es la representación más antigua que recuerdo del reloj de arena, aunque esto quiere decir muy poco si tenemos en cuenta la enorme cantidad de dibujos que dormitan en gabinetes y bibliotecas.»

    E. Jünger, “El libro del reloj de arena”.

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    1. Jünger, además de los insectos, coleccionaba los relojes de arena.

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    2. Y a propósito de "sabliers", uno en un bello soneto de Baudelaire dedicado a su amigo Félix Nadar:

      Le rêve d'un curieux

      Connais-tu, comme moi, la douleur savoureuse,
      Et de toi fais-tu dire : " Oh ! l'homme singulier ! "
      - J'allais mourir. C'était dans mon âme amoureuse,
      Désir mêlé d'horreur, un mal particulier ;

      Angoisse et vif espoir, sans humeur factieuse.
      Plus allait se vidant le fatal sablier,
      Plus ma torture était âpre et délicieuse ;
      Tout mon coeur s'arrachait au monde familier.

      J'étais comme l'enfant avide du spectacle,
      Haïssant le rideau comme on hait un obstacle...
      Enfin la vérité froide se révéla :

      J'étais mort sans surprise, et la terrible aurore
      M'enveloppait. - Eh quoi ! n'est-ce donc que cela ?
      La toile était levée et j'attendais encore.

      Y el de Borges:

      El reloj de arena

      Está bien que se mida con la dura
      Sombra que una columna en el estío
      Arroja o con el agua de aquel río
      En que Heráclito vio nuestra locura

      El tiempo, ya que al tiempo y al destino
      Se parecen los dos: la imponderable
      Sombra diurna y el curso irrevocable
      Del agua que prosigue su camino.

      Está bien, pero el tiempo en los desiertos
      Otra substancia halló, suave y pesada,
      Que parece haber sido imaginada
      Para medir el tiempo de los muertos.

      Surge así el alegórico instrumento
      De los grabados de los diccionarios,
      La pieza que los grises anticuarios
      Relegarán al mundo ceniciento

      Del alfil desparejo, de la espada
      Inerme, del borroso telescopio,
      Del sándalo mordido por el opio
      Del polvo, del azar y de la nada.

      ¿Quién no se ha demorado ante el severo
      Y tétrico instrumento que acompaña
      En la diestra del dios a la guadaña
      Y cuyas líneas repitió Durero?

      Por el ápice abierto el cono inverso
      Deja caer la cautelosa arena,
      Oro gradual que se desprende y llena
      El cóncavo cristal de su universo.

      Hay un agrado en observar la arcana
      Arena que resbala y que declina
      Y, a punto de caer, se arremolina
      Con una prisa que es del todo humana.

      La arena de los ciclos es la misma
      E infinita es la historia de la arena;
      Así, bajo tus dichas o tu pena,
      La invulnerable eternidad se abisma.

      No se detiene nunca la caída
      Yo me desangro, no el cristal. El rito
      De decantar la arena es infinito
      Y con la arena se nos va la vida.

      En los minutos de la arena creo
      Sentir el tiempo cósmico: la historia
      Que encierra en sus espejos la memoria
      O que ha disuelto el mágico Leteo.

      El pilar de humo y el pilar de fuego,
      Cartago y Roma y su apretada guerra,
      Simón Mago, los siete pies de tierra
      Que el rey sajón ofrece al rey noruego,

      Todo lo arrastra y pierde este incansable
      Hilo sutil de arena numerosa.
      No he de salvarme yo, fortuita cosa
      De tiempo, que es materia deleznable.

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  12. En el monasterio del Paular existe un reloj de luna.
    Ángel.

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  13. Habla Jünger en “El reloj de arena”, de un curioso libro de contabilidad de un ciudadano parisién que debe datar de 1393 y que fue editado en 1846 bajo el título “Le Ménagier de Paris”:

    « El autor se casó siendo ya un anciano, con una muchacha de quince años quien, sintiéndose insegura en lo relativo a la economía doméstica, pidió a su marido que no mencionara su inexperiencia cuando tenían invitados. La respuesta de él consistió en este libro, la primera parte del cual enumera los deberes de la esposa para con su marido, mientras la segunda contiene una larga serie de consejos domésticos, entre ellos la manera de preparar la arena del reloj: se coge serrín de mármol negro y, tras hervirlo nueve veces en vino y espumarlo otras nueve veces, se pone a secar al sol durante nueve días consecutivos.»

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