4 de julio de 2011

Autómatas curiosos

En un opúsculo de cierto Julio Cavestany, marqués de Moret, titulado precisamente así, “Autómatas curiosos”, se nos habla del Papa-Moscas de la catedral de Burgos, de los maragatos de Astorga y de otros muchos.

¿Qué ha fascinado tanto de esos muñecos a tantas gentes sin distinción de género ni condición y en todas las épocas, a niños, artistas (Leonardo), poetas (Poe), sabios (Benjamin)? ¿Su puntualidad? ¿Su audacia, el que imiten, a veces con maestría, los movimientos humanos que a los humanos no siempre les es posible ejecutar?

Citando a don Antonio Ponz, autor de un Viaje legendario, nos habla Cavestany de uno de los autómatas más prodigiosos de que se tenga noticia. Su autor fue el relojero de Carlos V, el cremonense Juanelo Turriano, famoso por sus ingenios, como aquel que industrió para subir hasta el alcázar de Toledo el agua cristalina del Tajo en el que se bañaban las ninfas que allí descubrió Garcilaso. El muñeco de Juanelo fue pronto muy popular en toda la ciudad, que le apodó con el nombre de “El hombre de palo”. Se decía que el autómata iba cada mañana desde la casa de Juanelo hasta la del Arzobispo, que vivía enfrente, y allí tomaba de un azafate o canastilla de mimbre  su ración de pan y carne, “haciendo cortesías al ir y al venir”. Juanelo lo hacía volar de casa a casa mediante una industria de poleas, ruedas y jarcias que lo sacaban de un balcón y lo metían en el de enfrente, para admiración de los vecinos, que acudían a diario a ver aquel vuelo no menos asombroso que el del famoso y también toledano licenciado Torralba, presente en el famoso saqueo de Roma sin haber salido de su casa toledana.

Uno, como tantas gentes, se ha quedado maravillado por toda esa clase de muñecos de resorte, sin importarle la complejidad de la mecánica que los hace moverse, sea el que fabricó Wolfgang von Kempelen, en 1769, capaz de ganar al ajedrez a los mejores maestros, o el más elemental cuco que deja su casita para anunciar la hora. Creo que en todos los casos hay en esa fascinación algo más que la que nos causa su industria. Al contrario de lo que decía el Basilio del Quijote (“No milagro, milagro, sino industria, industria”), uno parece esperar siempre de un autómata algo más: el milagro. No sé, que dejarán la torre de la catedral  en la que parecen estar cautivos, que se enamorarán de la hija del rey para el que fueron construidos o que, en el caso del cuco, un día, tras dar la hora, en vez de volver a meterse, se echará a volar.

Hace unas semanas hemos visto que se han cambiado en muchos lugares unos políticos por otros, pero muchas gentes aseguran que les parecen, unos u otros, “los mismos”, sin duda porque los ven  como autómatas, a las órdenes de sus respectivos relojeros, haciendo siempre las mismas cosas, previsibles, entrando, saliendo, levantando la mano con movimientos sincopados, esquemáticos. Y sin embargo, no podemos apartar de ellos la vista, esperamos sus apariciones con romántica expectación, deseando sin duda que un día conquisten al fin su libertad.

(Foto: Jindrich Styrsky, de la serie Muž s klapkami na o D- ích, 1934. En Constelaciones de W.B.)

4 comentarios:

  1. Una de las mejores apariciones de muñecos automáticos, fue la de la Sr. de Cospedal en la procesión del Corpus de Toledo. Tiempo hacía que no veíamos algo así, como llegado del pasado. Collar de perlas y mantillla y gesto impecable, sin complejos y sin rebozo. Y los alcaldes de San Sebastián...el saliente y el entrante que rivalizaban en ridiculez. Y el de la diputación de Vizcaya, e "tutti quanti".
    Es una buena opción, esa de verlos como meros robotillos, con movimientos cómicos. Mejor incluso, sería que estuviera en nuestra mano, en la de los sufridos ciudadano-televidentes, poder darles cuerda a voluntad. O sea, poder pararlos cuando dejen de hacernos gracia, y ponerlos en movimiento cuando no tengamos nada mejor a mano para divertirnos, poque los jodidos parece que han cobrado auténtca y legítima vida propia y no hay forma de pararlos.
    Gracias por la idea de los autómatas, es buenísima.

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  2. Manuel Cañedo Gago4 de julio de 2011, 22:35

    En Madrid, en la Plaza de las Cortes, un reloj con carillón señala las horas acompañado de un singular espectáculo. Cinco figuras de Mingote salen al balcón del reloj todos los días a las 12 y 20 horas. Las imágenes representan a Carlos III, la duquesa de Alba, Goya, una Maja y el torero Pedro Romero. Durante unos breves minutos, avanzan desde el fondo del balcón en un grupo compacto, se saludan y brindan a la concurrencia girando sus cuerpos lentamente sobre la balaustrada del balcón. Agrupándose de nuevo se retiran con el mismo recorrido con el que comenzaron su andadura. En el momento del brindis, algo hace pensar que van a bajar reptando por la fachada y a recorrer las calles en un desfile al estilo de la majeza madrileña de siglos pasados.

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  3. Excelente entrada justo hasta que introduce la comparación con la política. Me ha dejado cortado, ya no me apetece hablar de autómatas y mire que me gustan. Si, tiene razón en lo que dice pero es demasiado fácil y no viene a cuento. Bah!

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  4. ¡Qué bonita la palabra azafate!(En mi tierra no es sinónimo de canastilla,era una fuente de cinc)

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