24 de julio de 2011

Superser


"SÓLO vemos lo que nos mira”, leíamos en la cita de Franz Hessel que encabezó un tiempo este almanaque. Confirmación de ella la tenemos a diario en mil pequeños detalles. Hace años pasaron en esta casa de Las Viñas unos días el filósofo X y su mujer. A la hora del desayuno, que tenía lugar en la cocina, medio dormido aún, el lacónico X reparó en algo en lo que, aun teniéndolo delante desde hacía tantos años, ninguno de nosotros había reparado nunca, ni siquiera M., estudiante a la sazón de filosofía, a la que le había llevado precisamente su entusiasmo por Nietzsche. Como de costumbre, X parecía atender a la conversación que estaba teniendo lugar en ese momento, cuando lo cierto es que su silencio respondía, como otras veces, a sus propias lucubraciones y ensoñaciones. Pero cuando le oímos musitar, con esa seriedad equina que popularizó Buster Keaton, la palabra “superser”, no sospechamos que buscaba arrancarnos una sonrisa, su contribución nieztcheana esa mañana al desayuno y a la vida. Nadie, claro, entendió en un primer momento a qué se refería ni qué pintaba el superser en nuestra conversación, hasta que con un golpe de pestañas llevó nuestra mirada al ángulo superior del viejo hornillo de gas. ¡Oh tiempos en los que hasta los fabricantes de electrodomésticos admiraban la filosofía! Aclarado el enigma, nos dio licencia para continuar nuestra cháchara mientras él volvía a abismarse en la suya propia con su ser a secas, ese desde el que, a menudo, la mayoría de nosotros hemos de habérnoslas con acontecimientos propios sólo de superseres, aquellos justamente que viven ya en la total despreocupación e inatención.

4 comentarios:

  1. Cuando vi la foro pensé que la entrada iría de nostalgia, pues al ver la foto recordé que esa marca de electrodomésticos había estado presente en mi niñez, y luego desapareció.

    Pero nunca me había parado a pensar que superser fuese también eso, superente, supercosa, superhombre, y luego ese ser arrogante odesentendido al que tú apuntas.
    Gracias por afinar esas puntas y por abrirnos los ojos.

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  2. Al meditar sobre ella me lleva a otra sin remedio "vacuidad" el tercer paso de todo practicante budista.

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  3. ¡Y convivía el Superser con el infiernillo, aquella espiral concéntrica al rojo vivo que, como el fuego, hechizaba!

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