1 de julio de 2011

Sí, pero no (a propósito de L.-F. C.)

LA distancia que media entre un “sí, pero no” y un “no, pero sí” es tan insalvable como la que hay entre un sí y un no.
Y Céline es, en el mejor de los casos, un ”sí, pero no” que acabará en la casilla de la literatura junto al Marqués de Sade, a quien la parte más descreída de la propia literatura denominó El Divino en uno de esos raptos de mixtificación (y mistificación) incomprensible más allá de la patología. Y no es que a Céline ya no se le pueda leer conociendo su beligerancia antisemita, o como si sus libros se hubiesen escrito al margen del nazismo, sino que fueron sus libros los que lo hicieron posible y lo justificaron. De modo que cuando oímos que Céline, “al margen de sus ideas políticas”, es un gran escritor (a los franceses les gusta emparejarlo con Proust para desgracia de este), nos acordamos del abogado de Eichmann presentándole como un funcionario ejemplar y un amante padre de sus hijos. Gracias a ello hemos comprendido ahora que a la banalización del mal, de la que habló Arendt, se corresponde la banalización de la literatura. ¿Hubiera debido Céline acabar delante de un pelotón, como Brasillach, o  en la horca, como Eichmann? Le salvó de ella acaso el que tardaran más de cuatro años en descubrirle, detenerle y juzgarle y volvió a debatirse en su día ante lo benigno de la sentencia de aquel megalómano orgulloso de que "toda Francia" se ocupara de él. De lo que no tiene uno la menor duda es de que ninguno de sus famosos tres puntos suspensivos valen el revuelo que ha levantado el cincuentenario de su muerte.
Y las razones por las que suele ser cierta izquierda (la derecha antisemita se limita a observar cómo le hacen el caldo gordo) y los franceses en bloque, y sólo o principalmente los franceses, los que más lo defienden, son de otra índole y exceden el propósito de estas líneas. Recordar, como curiosidad, que su Viaje al fin de la noche fue uno de los libros preferidos de Stalin.
(PS. Y terminadas estas, llega este correo de X: "Sabes igualmente que pienso que De Gaulle hizo muy bien en no conmutarle la pena de muerte a Brasillach, que en Je suis partout escribió aquello de que “también” había que "separarse" de los niños judíos. Su frase textual (vete a ese enlace) fue: ll faut se séparer des juifs en bloc et ne pas garder de petits”. Y, sí, escalofría la forma mercantil, industrial, en la que se expresa el terror entre las gentes civilizadas: “Apartarse de los judíos en bloque y no quedarse ni siquiera con los niños”).

1 comentario:

  1. ¿Deben adquirir las bibliotecas públicas libros de Celine, o no? Por supuesto no es lo mismo que un homenaje nacional, pero quizás es más importante. Yo creo que sí. Al menos "Viaje al fin de la noche". Lo leí en la adolescencia, y ahí se quedó. Lo recuerdo como si vomitara las frases más que silbarlas o ponerlas o contar. Me asombra que se le compare a Proust. Qué locura.
    Y hablando de locos, que hacemos con nuestro amigo Pound.

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